¡Viva el Centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre!

¡Viva el Centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre!

La gran Revolución Rusa dirigida por el Partido Bolchevique y Lenin como su jefe político sucedió en octubre de 1917, el cambio del calendario moderno nos ha colocado en la fecha del 7 de noviembre, aunque sigue siendo conocida como la Revolución de Octubre. Más allá de este detalle, la Revolución Socialista es de gran trascendencia para el proletariado, los pueblos y los comunistas en el mundo.

Fue una revolución de carácter socialista, lo que significó que fue la primera revolución que apuntó radicalmente a acabar con las relaciones de explotación de clase y marchó en el proceso de acabar con las clases mismas. No fue el cambio de una clase explotadora por otra, la revolución bolchevique luchó férreamente por destruir los privilegios de clase, fue un proceso complejo y violento, no podía ser de otra manera, porque las viejas clases dominantes se resistieron a aceptar su nueva condición, se resistieron a perder su poder y privilegios y reaccionaron violentamente, en esta situación, la Revolución ejerció la dictadura del proletariado, es decir, el ejercicio del poder proletario y de las clases explotadas, sobre la burguesía y los terratenientes que eran las clases explotadoras antes de la revolución.

Fue la primera vez que el proletariado y los explotados tomaron el poder de todo un país, significó que la revolución era posible ya no solo como la toma temporal del poder por un determinado tiempo como lo fue la Comuna de París, sino la derrota total de viejo Estado en un país y el establecimiento de la dictadura del proletariado, en contra de la dictadura de la burguesía, para construir la nueva sociedad. La Revolución fue hecha con violencia revolucionaria, una gran lección para los revolucionarios del mundo que sigue vigente hasta la actualidad y que combate las ideas revisionistas y reformistas que hoy pregonan el “camino electoral” que sólo sirve para distraer al proletariado de su auténtica misión de tomar el  poder para construir la nueva sociedad socialista.

La Revolución estableció la dictadura del proletariado, es decir, la nueva sociedad que ejerce su dictadura en favor de la gran mayoría de la población. El marxismo nos ha enseñado que todas las sociedades son la expresión de una dictadura, la que vivimos actualmente, en la época del capitalismo e imperialismo, es la dictadura burguesa, una dictadura que sirve al imperialismo, a la gran burguesía y en muchos países oprimidos, a los terratenientes. Ese poder se ejerce sobre la gran mayoría del pueblo a través del aparato estatal, pero se enmascara de “democrático” otorgando cada cierto tiempo el “derecho” a elegir a la población, ese “derecho” del que Marx señalaba que se ha otorgado al pueblo para que cada cinco años elija a qué representantes de la clase dominante los va a representar y oprimir en el parlamento. La dictadura del proletariado también es ciertamente una dictadura, pero es una dictadura de la gran mayoría del pueblo sobre las viejas clases dominantes derrotadas, dictadura necesaria para construir la nueva sociedad y acabar, parte por parte, con las clases sociales y con el aparato estatal.

La Revolución socialista construyó nuevas relaciones sociales, hizo enormes transformaciones a ritmo acelerado en toda la sociedad rusa, combatió las viejas relaciones feudales que oprimían al campesinado y rompió las relaciones de explotación que ataban a la clase obrera. Consiguió grandes desarrollos en la ciencia y la técnica, en las diferentes ramas de la industria, en la educación, en los deportes, en la organización de la sociedad. Esto se produjo durante todo el periodo de construcción socialista, no solo con el triunfo de la revolución y las primeras bases de la sociedad socialista con Lenin, sino con la aplicación de los planes quinquenales que dirigió el camarada Stalin como continuador de Lenin y constructor de la nueva sociedad. La revolución despertó en las masas populares y en la juventud grandes movimientos de emulación y efervescencia por la construcción de la nueva sociedad.

Todo este proceso no dio en calma, todo lo contrario, vivió un sinnúmero de luchas y contradicciones, como lo ha atravesado toda sociedad en su historia, sin embargo al ser la sociedad socialista una que pretende acabar con el poder de las clases explotadas y las clases al fin y al cabo, el encono de la lucha fue mayor, tanto a nivel interno como externo. Los dirigentes de la Unión Soviética tuvieron que derrotar las posiciones erróneas de dirigentes como Bujarin, Kamenev, Zinoviev y Trotsky, tuvieron que enfrentar los planes reaccionarios de las clases dominantes de destruir la nueva sociedad y reestablecer el viejo orden. El nuevo poder soviético enfrentó atentados terroristas, sabotajes y planes a favor del enemigo externo. También la naciente república soviética enfrentó y derrotó la intervención imperialista que quiso matar la revolución en su cuna, además de los planes constantes de asesinar a los líderes de la revolución a través de agentes infiltrados y enemigos internos de la patria socialista.

En ese contexto hubo grandes aciertos y con seguridad errores, los problemas se presentaron en un contexto de muchas dificultades y de asedio permanente de los imperialistas, como parte de una experiencia totalmente nueva de construcción de una sociedad socialista sobre la cual no habían experiencias previas y en un momento en que una guerra de rapiña imperialista amenazaba la existencia del nuevo Estado.

La construcción del socialismo en la Unión Soviética está entre lo más avanzado que consiguió la humanidad, el camino por donde avanzar en el desarrollo social, ese es el balance nuestro sobre este punto, y rechazamos rotundamente las posiciones reaccionarias y las acusaciones de los pseudo analistas imperialistas auténticos mercenarios académicos que por décadas han intentado torcer los logros de la Unión Soviética, papel en el que han estado de lado los revisionistas, los reformistas y toda una tropa de sentimentales pequeño burgueses adocenados que se espantan ante las duras decisiones que tomó el poder soviético para alcanzar la victoria sobre sus enemigos, como si la historia de la humanidad no tuviera innumerables ejemplos de estas dificultades, sin embargo, la diferencia entre las decisiones tomadas en la construcción de la sociedad socialista con otro tipo de sociedades fue que éstas se dieron en función de servir a los intereses del proletariado y el pueblo en general.

Además de esto, el poder soviético enfrentó y derrotó la invasión nazi, en un contexto en el que los países imperialistas; EEUU, Inglaterra y Francia, soñaban con que Hitler acabara con el poder soviético. Los reaccionarios imperialistas y los plumíferos gastan enormes cantidades de tinta para señalar el pacto de la Unión Soviética con la Alemania como un elemento de comparación entre Stalin y Hitler, lo que no dicen es que Stalin ofreció previamente a esas potencias firmar pactos para prevenir la agresión nazi pero jamás obtuvo respuesta, por lo que el pacto con Alemania fue una táctica para ganar tiempo y prepararse mejor para la inevitable guerra como se demostró posteriormente con la invasión nazi sobre suelo soviético y con la inmensa heroicidad demostrada por el pueblo soviético, la preparación del Ejército Rojo, el desarrollo de la industria militar rusa y la dirección estratégica de la guerra acertada del camarada Stalin.

La Revolución Socialista desarrolló el marxismo a una nueva etapa, el marxismo-leninismo, este desarrollo de la ideología permitió a los pueblos del mundo avanzar en sus procesos de liberación y transformación consiguiendo grandes hitos como la Revolución China y la Gran Revolución Cultural Proletaria donde se han desarrollado grandes contiendas entre el proletariado y la burguesía, entre los seguidores del camino socialista y el capitalista y nos ha dado grandes lecciones que hoy son el tesoro del Movimiento Comunista Internacional.

Todo este proceso nos ha dado un mayor desarrollo de la ideología del proletariado; el marxismo-leninismo-maoísmo, y muchos desarrollos de pensadores revolucionarios contemporáneos entre los que destacan los aportes de validez universal del pensamiento Gonzalo desarrollados durante la guerra popular en el Perú.

Nuestro planeta vive momentos muy complejos, de una gran crisis general y un gran proceso de luchas populares, nacionales y proletarias. Los pueblos del mundo están peleando por cambiar su situación y requieren una dirección revolucionaria y la formación de organizaciones revolucionarias, la Gran Revolución de Octubre nos enseñó que se necesita un Partido Comunista de nuevo tipo para hacer la revolución y el Presidente Mao Tsetung dijo que sin un Partido Comunista el pueblo no tendrá nada.

Las guerras populares son la punta de lanza del movimiento revolucionario mundial, el Partido Comunista de la India (maoísta) está a la vanguardia de estas luchas y tiene la responsabilidad de encabezar la unidad de la línea roja en el Movimiento Comunista Internacional. Las guerras populares tienen frente a sí grandes desafíos, luchan contra el imperialismo, la gran burguesía y los terratenientes en sus países, luchan también contra el revisionismo y el oportunismo que se ha desarrollado en el Movimiento Comunista Internacional como el prachandismo en Nepal y el avakianismo en EEUU. En el Perú, luego del golpe reaccionario a la guerra popular se desarrolló una Línea Oportunista de Derecha (LOD) que promovió, con altos ex dirigentes del Partido, “el acuerdo de paz” y “solución política” que en el fondo promueven la conciliación de clases, hoy esa expresión política tiene su propia organización partidaria autodenominada Partido Comunista del Perú y su movimiento de frente conocido como Movadef, ya no podemos hablar propiamente de una Línea Oportunista, es una estructura fuera del movimiento revolucionario desarrollada por los ex dirigentes de la revolución peruana que hoy defienden públicamente esa línea. De igual forma apareció otra línea contraria desde el grupo que en un momento se denominó Proseguir (y cuyo líder, Feliciano, devino en traidor comprobado) llamada Línea Oportunista de Izquierda (LOI), que ha propuesto posiciones eclécticas y negado ampliamente el desarrollo del pensamiento Gonzalo durante el periodo 1980-1992 calificando de terrorismo todo ese periodo, es un grupo errante guiado por el militarismo que ha perdido toda perspectiva política revolucionaria y realiza acciones militares defensivas cuando se topa con las fuerzas militares reaccionarias. Este grupo también organizó un denominado Partido Comunista del Perú marxista leninista maoísta (PCPmlm) con su dirección “José” y se trata de una estructura distinta del histórico Partido Comunista del Perú por lo que ha dejado de ser una línea al interior de la organización revolucionaria. Los revolucionarios peruanos tienen ante sí la enorme tarea de realizar un balance científico, diagnosticar los problemas a fondo y retomar la tarea inacabada de desarrollar la guerra popular hasta tomar el poder.

A pesar de todas las dificultades los revolucionarios comunistas en el mundo están trabajando duramente para organizar sus partidos comunistas y prepararse para la revolución, si bien es cierto que hay muchas regiones y continentes altamente convulsionados, como el sudeste asiático y el Medio Oriente ampliado, nuestro subcontinente, América Latina, está también altamente convulsionado y grandes luchas prometen la apertura de mayores niveles de lucha del proletariado. El movimiento revolucionario está bregando duramente para desenmascarar la nefasta influencia del oportunismo y el revisionismo que implantaron los gobiernos autodenominados progresistas que han sido en esencia gobiernos social fascistas, que han profundizado el reaccionario capitalismo burocrático y han propugnado programas de conciliación con las clases dominantes y el imperialismo para continuar el saqueo imperialista en “mejores condiciones” según sus razonamientos. Estos gobiernos han logrado paralizar momentáneamente y en algunos lugares al movimiento popular, pero hoy se encuentran altamente desprestigiados por sus políticas reaccionarias y por estar sumidos profundamente en escándalos de corrupción y narcotráfico.

La celebración del centenario de la revolución socialista no puede ser otra que la reafirmación en el camino de la construcción del socialismo, revolución que en el caso de los países como el nuestro es la Revolución de Nueva Democracia, para lo que se necesita de los tres elementos fundamentales: Partido, Ejército y Frente revolucionario. Estamos en una coyuntura favorable donde una gran ola revolucionaria se nos avecina, saludemos el centenario de la revolución anunciando nuevos frentes revolucionarios en el mundo y comprometiéndonos a desarrollar el nuestro.

 

¡Viva el Centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre!

¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo!

¡Honor y gloria a los héroes que entregaron sus vidas por la revolución y el socialismo!

¡Muerte al imperialismo, la reacción y el revisionismo!

Frente Revolucionario del Pueblo de Bolivia
marxista-leninista-maoísta
Noviembre de 2017

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¡SALVO EL PODER TODO ES ILUSIÓN!

¡Proletarios de todos los países, uníos!

Declaración conjunta de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninista-Maoístas con motivo del centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre

¡SALVO EL PODER TODO ES ILUSIÓN!

“La Revolución de Octubre no se puede considerar sólo una revolución circunscrita ‘a un marco nacional’. Es, ante todo, una revolución de carácter internacional, de carácter mundial, pues representa un viraje radical en la historia de la humanidad, un viraje del viejo mundo, del mundo capitalista, al mundo nuevo, al mundo socialista.”

Stalin

En esta celebración del centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre los Partidos y Organizaciones marxista-leninista-maoístas debemos elevar nuestro optimismo de clase al tope e impulsar con cada vez más iniciativa y energía las tareas que nos toca en esta Nueva Era que se abrió con el trueno de los cañones de los obreros y campesinos rusos dirigidos por el Partido bolchevique bajo la jefatura del gran Lenin. Nos toca hacer todo, en cada país sin excepción, para desarrollar la revolución, según corresponda al carácter de la misma, democrático o socialista, lo que implica centrar en la guerra popular, ya sea para preparar, iniciar y desarrollarla hasta la Conquista del Poder; lo cual nos plantea como primera demanda, en la gran mayoría de países, la constitución o reconstitución de los Partidos Comunistas.

Los comunistas somos la vanguardia de la clase, somos la expresión de la lucha incesante y creciente del proletariado internacional y de los pueblos del mundo y en toda la Tierra celebramos este gran hito de la revolución proletaria mundial, junto con las masas más hondas y profundas. Nosotros, celebramos juntos con los comunistas y revolucionarios que avanzan en las guerras populares de Perú, India, Turquía y Filipinas por la senda abierta por la Gran Revolución Socialista de Octubre; guerras populares que son la demostración palmaria ante el mundo de cómo, en el nuevo Poder, basado en la alianza obrero-campesina bajo dirección absoluta del proletariado, a través del Partido Comunista, se aplican las enseñanzas del Poder de los Soviets y, por lo tanto, como en ellas sigue vigorosa y potente pese a las restauraciones capitalistas encabezadas por los revisionistas. Es bueno resaltar en esta ocasión que, en este año, los comunistas también estamos celebrando el 50 Aniversario de la Heroica Rebelión Armada de los Campesinos de Naxalbari, que dio inicio a lo que iba a devenir en la guerra popular en la India.

Esta celebración es una celebración del triunfo del marxismo – hoy el marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente el maoísmo – sobre el revisionismo de todo el tipo. Es una celebración de como Lenin, aplicando en forma creadora el marxismo, aplastó a quienes negaban la necesidad del Partido de nuevo tipo y centraron en formas legalistas y economistas, en el cretinismo parlamentario y que negaban la posibilidad de la revolución “porque las condiciones no eran maduras”. Es una celebración de como Lenin aplastó a los socialimperialistas, socialchovinistas y social-patriotas, quienes se alinearon con “su nación” imperialista para defender su miserable existencia parasitaria. Es una celebración de la defensa del marxismo contra los ataques de todos aquellos que pretendieron haber “superado” el materialismo dialéctico e histórico. Es una celebración de como el camarada Stalin aplastó al trotskismo en medio de una dura lucha de dos líneas y como él definió, contra todos los gritos de los “ortodoxos”, el leninismo como la segunda etapa del marxismo.

Nuestro optimismo revolucionario, nuestra convicción de la verdad y vigencia universal del marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente maoísmo, es una fuerte condena a los miserables como Jrushchov, intrigantes, conspiradores, arribistas y traidores, quienes usurparon el Estado del Proletariado, y restauraron la dictadura burguesa. Cuando celebramos el 100° Aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre, lo hacemos seguros que nadie se va a recordar de Jrushchov, nadie se va a recordar de Brézhnev, Gorbachov y sus congéneres, pero que los nombres de Lenin y Stalin vivarán imperecederamente en la memoria de la nueva humanidad como símbolos de quienes abrieron la Nueva Era que acabó con el imperialismo.

Es una celebración de la violencia revolucionaria y la lucha implacable contra el oportunismo, de la omnipotencia de la violencia revolucionaria y de cómo solamente derrotando toda la rastrera capitulación y el liquidacionismo – no importa que mascara se pongan – se puede llevar a cabo la revolución, conquistar y defender el Poder con guerra popular. Es una celebración de la continuación de la revolución socialista a través de sucesivas revoluciones culturales proletarias, siempre con guerra popular, hasta llegar con toda la humanidad al siempre dorado comunismo.

Esta es una celebración profunda y con un alto nivel de conciencia, de que la forma más alta de democracia, y la forma más alta de libertad para las masas populares en la sociedad de clases, es la Dictadura del Proletariado; de que la forma de producción más alta, más desarrollada y potente que ha visto el mundo, en lo que va la sociedad de clases, es la Socialista.

Al celebrar el Centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre, estamos celebrando la Tercera Internacional, la Internacional Comunista, concebida por el gran Lenin como máquina de combate para la revolución proletaria mundial. Por lo tanto, ésta celebración implica para nosotros reafirmar nuestro compromiso de luchar por la reconstitución de la Internacional, por la reunificación del Movimiento Comunista Internacional sobre la base del marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente el maoísmo, la lucha implacable contra el revisionismo y en servicio de la revolución proletaria mundial. Para ello, tenemos muy presente el mismo proceso de cómo se fundó la Tercera Internacional, el cual no fue resultado de un acuerdo con los viejos partidos amoldados al viejo orden, sino por la lucha de la izquierda firmemente unida bajo la jefatura de Lenin y cerrando filas con el Partido Bolchevique. Luchamos, por lo tanto, por una Conferencia Internacional Maoísta Unificada como un paso inicial para avanzar más decididamente en superar la dispersión de los comunistas.

Celebramos la aplicación del marxismo hecha por el gran Lenin, que significó un gran salto que se concreta en el Leninismo, quien con su gran ejemplo, nos demostró como nadie antes de él, que los comunistas debemos ser creativos, resolver nuevos problemas en base de los principios, rechazando toda la hipocresía y falsedad de los fariseos, principalmente el revisionismo. Por lo tanto corresponde hoy denunciar, combatir y aplastar las lineas oportunistas, el avakianismo, el prachandismo y todas las demás manifestaciones de oportunismo. Nos enseña que para hacer la revolución en una realidad concreta tenemos la necesidad, la obligación, el deber, de establecer las leyes concretas específicas de su proceso, que necesitamos tener la teoría indispensable, que necesitamos un pensamiento guía para poder llevar la revolución al triunfo. Por lo tanto, celebramos a todos los comunistas que se han atrevido de seguir este resplandeciente ejemplo; así como, a los que prosiguen hoy; en consecuencia, es necesario de insistir en la tarea de los comunistas y de todos los revolucionarios del mundo de defender la vida y salud del Presidente Gonzalo, el más grande marxista-leninista-maoísta viviente y continuador del Marx, Lenin y el Presidente Mao Tsetung.

Hoy, también rendimos homenaje a las masas, a los millones de obreros y campesinos que dieron su vida en la larga lucha de la Revolución Rusa, en la Gran Revolución Socialista de Octubre, en la guerra contra la intervención imperialista y por defender la sagrada patria socialista, la Unión Soviética, contra la bestia fascista. Rendimos homenaje a los marineros del Aurora, a los partisanos y a los libertadores de Berlín; a los millones de combatientes rojos que murieron con las palabras “¡Por Lenin!”, “¡Por Stalin!”, “¡Por la patria Socialista!”, en sus labios. Rendimos homenaje a los comunistas Bolcheviques, comunistas de madera especial, comunistas de acero, entre ellos grandes jefes como Sverdlov, Dzerzhinski, Kírov y miles y miles más que entregaron sus vidas por el comunismo sabiendo que nunca lo iban a vivir. Todos están presentes aquí con nosotros, viven en nuestra lucha, que es la misma de ellos.

Hoy, en el momento de la ofensiva estratégica de la revolución proletaria mundial, dentro la época de “los 50 a 100 años” en que el imperialismo y la reacción serán barridos de faz de la Tierra, celebramos la Revolución que dio inicio a la Nueva Era, asumimos el compromiso de enarbolar, defender y aplicar las enseñanzas de Octubre, que se concretizan en luchar denodadamente para poner el maoísmo como único mando y guía de la nueva gran ola de la revolución proletaria mundial, combatiendo implacablemente el imperialismo ya la reacción de forma indesligable del combate al revisionismo y todo oportunismo.

¡Viva el 100° Aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre!
¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente el maoísmo!
¡Defender la vida y salud del Presidente Gonzalo con guerra popular!
¡Viva el 50° Aniversario de la Rebelión de Naxalbari!
¡Guerra Popular hasta el comunismo!

Comité Bandera Roja (RFA)
Comités para la Fundación del Partido Comunista (Maoísta) de Austria
Partido Comunista del Perú
Partido Comunista del Brasil (Fracción Roja)
Fracción Roja del Partido Comunista de Chile
Partido Comunista de Ecuador – Sol Rojo
Frente Revolucionario del Pueblo Marxista-Leninista-Maoísta de Bolivia
Organización Maoísta para la Reconstitución del Partido Comunista de Colombia
Corriente del Pueblo Sol Rojo – México

 

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Brasil: Declaración del Frente Revolucionario en Defensa de los Derechos del Pueblo con motivo del Centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre

¡Proletarios y pueblos oprimidos de todo el mundo, uníos!

¡Viva el Camino Luminoso de Octubre!

Hace 100 años las masas populares explotadas y oprimidas de Rusia protagonizaron un gran acontecimiento histórico. Bajo la intrépida dirección del Partido Bolchevique y la lúcida jefatura del Gran Lenin, la inmensa mayoría de la clase obrera, de los campesinos pobres y de los soldados rusos, unidos por pan, paz y tierra, se alzaron como furioso tifón para barrer el recién establecido gobierno Provisional, poder político de la burguesía imperialista y restos feudales, proclamando la República Socialista Soviética de Rusia. La revolución proletaria socialista triunfaba, por primera vez, representando un giro tal que abriría una Nueva Era para la Humanidad, la Era de su transición a la sociedad sin clases, sin explotación del hombre por el hombre, la de la Emancipación Humana, la sociedad de la eterna armonía, el dorado comunismo.

La Revolución de Octubre cumplía los requisitos y las premisas de la revolución proletaria, previstas y establecidas por los fundadores del socialismo científico, confirmando el carácter científico de éstas: el partido comunista, apoyado en las masas armadas, aplicando la violencia revolucionaria, tomó de asalto el poder de la burguesía, expropió a los capitalistas y latifundistas, abolió la propiedad privada de los medios de producción, socializándolos y nacionalizando la tierra, destruyó la maquinaria burocrático-administrativa-policial-militar y estableció el nuevo poder estatal del proletariado, sobre la base de la alianza obrero- campesina y en la forma innovadora de los consejos de los delegados del pueblo (Soviets), directamente elegidos en las unidades de producción, locales de actividades o vivienda, por los obreros, campesinos y soldados, centralizados en el gobierno de los Comisarios del Pueblo.

Realizaba lo que proclamaba Lenin, doce años antes, en medio de los combates de la primera revolución democrática burguesa de 1905: “Sólo el pueblo armado puede ser un verdadero baluarte de la libertad popular”. [1]

El primer factor, subjetivo, y más decisivo del triunfo de la Revolución Socialista de Octubre residió en la existencia de un partido de nuevo tipo armado con una línea ideológico-política marxista, como Stalin destacaba en su balance: “fuerte no sólo por su experiencia y por una disciplina templada durante años, sino también por lazos infinitos con las masas trabajadoras “. [2]

Esencialmente un partido forjado entre las masas y educado en el combate implacable al oportunismo y en la violencia revolucionaria.

El segundo, también subjetivo, fue la acertada línea de la alianza obrero-campesina, como afirmó Stalin que “La Revolución de Octubre triunfó, porque supo arrebatar a la burguesía sus reservas campesinas, porque supo conquistarlas para el proletariado, y el proletariado era en esta revolución la única fuerza capaz de dirigir las masas de millones y millones de trabajadores de las ciudades y del campo”. [3]

Y el tercero, el factor objetivo, fue la situación concreta y particular que se había creado en Rusia con la guerra interimperialista. El capitalismo en su fase monopolista había conducido la lucha por el reparto del mundo entre las principales potencias imperialistas y el oportunismo como social-chovinismo predominaba en los principales partidos obreros de Europa, a tal punto que la guerra de proporción mundial se había vuelto ineludiblemente en Guerra Mundial. Como nadie, Lenin supo comprender que allí en Rusia, país relativamente atrasado, había convergido todas las contradicciones del imperialismo agudizadas al extremo, haciendo de ella el eslabón más débil de su cadena de dominación mundial. La existencia de un proletariado muy concentrado y con amplia experiencia de luchas y una guerra injusta que armara como ejército a cientos de miles de campesinos miserables, sedientos por tierra, justicia y paz, hastiados de la condición de carne de cañón a que les había obligado el imperio zarista.

Así, la acertada política del Partido Bolchevique condujo no sólo al triunfo la insurrección armada como garantía del establecimiento del Nuevo Poder, los Soviets o el Poder político del proletariado, basado en la alianza obrero-campesina y más avanzada democracia, la Dictadura del Proletariado. Estableció todos los derechos de los trabajadores y pasó el control de las fábricas a los obreros, entregó la tierra a los campesinos pobres a la base de su nacionalización, instituyó la igualdad jurídica y de derechos de la mujer, respondió al problema de las nacionalidades oprimidas basado en el derecho de los pueblos a su autodeterminación, creando la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) ya en los primeros años del Poder Soviético.

La importancia de este grandioso hecho proletario también está en su significado internacional al sacudir el yugo del capital en todo el mundo, haciendo estremecer los cimientos del imperialismo. Al derrotar al imperialismo, la gran burguesía y latifundio dentro de Rusia, la Revolución de Octubre comprobó el partido de nuevo tipo como el partido revolucionario de la clase, forjó la nueva arma de lucha, en el sentido de Stalin, la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general y la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado, en particular. Esto indicó a los pueblos oprimidos de todos los países el camino para el derrocamiento final de la explotación y opresión: la conquista y defensa del Poder por la lucha armada, dirigida de modo absoluto por el Partido Comunista.

Este significado internacional expresó esencialmente su validez universal como Leninismo. Y fue sobre la base de ese extraordinario hecho del proletariado que Lenin fundó la III Internacional, la Internacional Comunista que llevaría el marxismo-leninismo por todo el mundo, potenciando los partidos comunistas existentes e impulsando su creación en los países que aún no existían.

La fuera de la Gran Revolución Socialista de Octubre en Rusia no sólo alentó la lucha del proletariado de Europa y Estados Unidos; ha retumbado hasta las regiones más remotas de la tierra despertando millones y millones de seres humanos explotados y naciones oprimidas para la lucha de liberación. Con el capitalismo monopolista, el imperialismo, como tendencia en toda línea hacia la violencia y la reacción, terminó la época de la revolución burguesa mundial y con la Revolución de Octubre la burguesía, en cuanto clase, pasó por completo a la contrarrevolución.

La época de la Revolución Proletaria Mundial se inauguró con sello de oro. En la condición en que las grandes potencias, controladas por un puñado de financistas y en medio de pugnas y colusión por el reparto y nuevo reparto del mundo, ejercen su dominio sobre pueblos y naciones enteras, la lucha de liberación de éstos se ha convertido en parte integrante de la Revolución Proletaria. Por el contrario, al frente de la revolución en la China semicolonial-semifeudal, el Presidente Mao afirmó categóricamente que “El trueno de los cañones de la Revolución de Octubre trajeron el marxismo-leninismo hacia China. “Entonces la Revolución china ganó una nueva fisonomía.” [4]

Y aun fundamentando que el Poder es la cuestión esencial de la guerra popular pontificó: “Los fusiles de los bolcheviques crearon el socialismo en Rusia”. [5] El triunfo de la Revolución de Octubre elevó el marxismo a una segunda etapa de su desarrollo: el leninismo.

Después de la derrota de la memorable Comuna de París, que Lenin llamó “Ensayo general de la revolución proletaria mundial”, el triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre puso a desarrollar poderosamente la Primera Etapa de la Revolución Proletaria Mundial, la de la Defensa Estratégica.

Sin que hubiera un solo día de paz, con agresiones y sabotajes perpetrados por la contrarrevolución interna y el imperialismo y la reacción mundial, la dictadura del Proletariado por primera vez, realizó las hazañas humanas jamás vistas sobre la faz de la tierra. Todo realizado por el Poder soviético apoyado en las masas organizadas teniendo por médula al Ejército Rojo, dirigidos por el Partido Comunista.

En los primeros días, desde que el territorio de la URSS fue agredido por ejércitos de catorce países, siempre en medio de las más duras luchas y triunfos contra el oportunismo de “izquierda” y principalmente contra la derecha revisionista (bujarinista, trotzkista, zinovievista, etc.) y contrarrevolucionaria al interior  del Partido, en el Ejército Rojo y en el Estado Soviético, hasta la derrota de la dictadura del proletariado por el nuevo revisionismo kruschovista, treinta y nueve años después del Gran Octubre. Durante treinta y nueve años desbravando el terreno inhóspito del camino de la construcción del socialismo en un solo país, frente a la derrota temporal de la revolución proletaria en Europa, teniendo que luchar contra los ataques de los dogmáticos y todo el pesimismo, sin dejar de apoyar un solo día la lucha revolucionaria y de liberación de los pueblos en el resto del mundo. Bajo el intenso y sistemático fuego de los enemigos enfrentó la guerra civil, realizó la electrificación e industrialización, la cooperativización del campo y soportó la devastación indescriptible y los genocidios practicados por las hordas hitlerianas. Al costo de la vida de más de 25 millones de compatriotas la URSS, bajo la guía del Partido y de Stalin, se llevó al triunfo a la Gran Guerra Patria aplastando a la bestia nazi en su territorio, liberó junto con las fuerzas de la resistencia local a los pueblos del Este de Europa y marchó sobre Alemania hasta el búnker de Hitler, plantando la bandera roja con la hoz y el martillo en la cúpula del Reichstag, en Berlín. Reconstruyó una vez más el país y saltó al frente de las naciones capitalistas más desarrolladas, en muchas áreas en el campo de la ciencia y la técnica. Fue movilizando, politizando, organizando y armando millones de masas trabajadoras, potenciando su pensamiento y acción creadora que llevó la construcción del socialismo y la experiencia de la Dictadura del Proletariado a grandes alturas.  ¡Honor y gloria eternas a los comunistas y las masas heroicas soviéticas, al Partido Bolchevique, a su magistral jefe, el Gran Lenin y a su genial conductor el Gran Stalin!

La gigantesca victoria del Poder Soviético, de las masas trabajadores y revolucionarias de la Unión Soviética y del heroico y glorioso Ejército Rojo, todo bajo la dirección del Partido Comunista y del Gran Stalin en la II Guerra Mundial, la liberación de los países del Este Europeo y Corea en Asia, conformando en ellos las democracias populares, ampliaron formalmente el campo socialista mundial.

Con el triunfo de la Gran Revolución China, cuatro años después, la relación de fuerzas entre proletariado y burguesía, entre socialismo e imperialismo, se había equilibrado. La Revolución Proletaria Mundial pasó a su Segunda Etapa, la del Equilibrio Estratégico.

Para el imperialismo, ya hegemonizado por EUA, se planteó concretamente el problema de su aplastamiento como dominación mundial y para la burguesía su derrocamiento como clase dominante. En este sentido, los yanquis lanzaron su estrategia de “guerra fría”, teniendo como centro la amenaza de golpear a la URSS con armas atómicas. Sin embargo, todos los avances logrados en la lucha revolucionaria y en la aplicación de las tareas de construcción socialista, el desarrollo de las fuerzas productivas y la creciente satisfacción de las necesidades de las personas- resultaron insuficientes para asegurar el desarrollo continuado de la revolución y conjurar el peligro de la restauración capitalista. La dirección bolchevique no logró a tiempo la necesaria comprensión de cómo proseguir la revolución en las condiciones del socialismo y de la Dictadura del Proletariado, en que la lucha de clases seguía y se volvió más encarnizada y más compleja. En esta cuestión el camarada Stalin reveló dificultades en el manejo de las contradicciones, concluyó ya a finales de los años de 1930 que en la URSS no había más clases antagónicas, sino que sólo elementos contrarrevolucionarios y antisociales, agentes del imperialismo, subestimando así la necesidad imperiosa de la movilización constante de las movilizaciones constantes de masas en el combate a la ideología burguesa y a sus defensores abiertos y disimulados en el Partido, en el Ejército y en el Estado, así como la batalla sin cuartel contra las ideas reaccionarias incrustadas en las costumbres y tradiciones, apostando por una lucha a través del aparato de seguridad interna. Sin embargo, como demuestran los hechos históricos, fue sólo después de la muerte del camarada Stalin, gran marxista, como lo definió el Presidente Mao, e intransitable obstáculo que era ante los sueños e intentos de la contrarrevolución, que ésta se vio alentada y se levantó bajo el manto del nuevo revisionismo para restaurar el capitalismo. Después de la muerte del camarada Stalin, en las condiciones internacionales de vigencia del chantaje nuclear yanqui, y de traición revisionista por los partidos comunistas en Europa y EUA al final y después de la II Guerra, encabezados por Kruschov, de forma abierta y astuta los restauracioncitas falsificaron el marxismo-leninismo y subvirtieron el sistema socialista; propagaron el populismo burgués, erigieron una línea negra en oposición a la lucha de clases, a la violencia revolucionaria y a la Dictadura del Proletariado y condujeron a la URSS a la restauración capitalista (1956).

Se sirvieron del gigantesco prestigio de la URSS construido por el hercúleo y heroico trabajo, estudio y lucha del pueblo soviético, bajo la magistral conducción del gran Lenin y de su sagaz discípulo Stalin, subrepticiamente pintado como vulgar criminal por Kruschov, quién arrastró detrás de sí para el pantano de la contrarrevolución a la gran mayoría de los países del campo socialista y la inmensa mayoría de los partidos comunistas en el resto del mundo.

Pero no sin tener que afrontar con la más tenaz batalla ideológica jamás vista (el Gran Debate) en defensa del marxismo -leninismo y de implacable combate y desenmascaramiento del nuevo revisionismo. El Presidente Mao identificó en el XX Congreso del PCUS, detrás de los cobardes ataques al camarada Stalin y de las “novísimas” tesis de Kruschov, la aparición y sistematización de un nuevo revisionismo, demoliendo su teoría podrida de la “Coexistencia” y de los “Dos” todos”. E investigando las causas que condujeron a la restauración capitalista en la URSS, en medio del más tormentoso combate contra el camino capitalista en China y sus defensores en la dirección del Partido Comunista de China, en el Ejército Popular de Liberación y en el Estado Socialista, lanzó la gran Campaña de “Educación Socialista y el Gran Salto Hacia Adelante”. Luego, sosteniendo la tesis marxista-leninista de que en el socialismo “existen clases y luchas de clases”, advirtió “No olvidar jamás la lucha de clases” y se desencadenó la Gran Revolución Cultural Proletaria. “Movilizando cientos de millones en la defensa del Poder del proletariado y por el ejercicio de su dictadura de forma omnímoda sobre la burguesía, combatiendo la revisionista “teoría de las fuerzas productivas” proclamó: ¡Empeñarse en la revolución y promover la producción!, “Primero rojos y luego especialistas” y poner la “política al mando”, movilizando la inmensa mayoría de las masas por su transformación ideológica constante, impidió por diez años la misma restauración en China.

Bajo la bandera del marxismo-leninismo y del Gran Octubre, la Gran Revolución Cultural Proletaria dirigida personalmente por el Presidente Mao, elevó su pensamiento como el marxismo-leninismo de la época y consagró a la Guerra Popular como la profundización del Camino Luminoso de Octubre, sistematización y síntesis que realizó el Presidente Mao de la experiencia histórica de la lucha revolucionaria de las masas oprimidas, especialmente del proletariado para la conquista y defensa de su Poder. Desaprendidos, pero astutos, los revisionistas modernos, avasallados por el socialimperialismo de la URSS y PCUS kruchovistas-breznevistas, desde entonces, bajo la línea general de la “transición pacífica”, tergiversaron sobre el Camino Luminoso de Octubre y defendieron la participación en el parlamento burgués como el nuevo camino para el socialismo, como última “aplicación creadora” y “desarrollo ulterior” del marxismo- leninismo. Arrastraron por tierra el Camino Luminoso de Octubre y patearon sobre él actuando como fuerzas auxiliares de la burguesía imperialista y de sus lacayos en los países dominados o como meros peones en el tablero de la pugna y colusión de ese entonces entre la superpotencia yanqui y la superpotencia social-imperialista que representaba entonces ya la URSS, provocando la confusión entre las masas para dividirlas y desviarlas del camino revolucionario, así como para dividir y domesticar al Movimiento Comunista Internacional.

Contra toda esta traición revisionista se levantó el PCCh desencadenando abiertamente en 1963 la tempestad contra el nuevo revisionismo y en defensa del marxismo-leninismo, con la “Proposiciones acerca de la Línea General para el Movimiento Comunista Internacional” y los “Nueve Comentarios” que la siguieron.

Al mismo tiempo teniendo que dar luchas contra los disimulados defensores del camino capitalista capitaneados por el Kruschov chino, Liu Shao-chi, el Presidente Mao llamó a los verdaderos marxistas-leninistas de todo el mundo a mantenerse inquebrantables en la defensa del Camino Luminoso de Octubre para hacer la revolución de nueva democracia ininterrumpida al socialismo en los países oprimidos por el imperialismo y la revolución socialista en los países imperialistas. Convocó al proletariado de todos los países y las naciones y pueblos oprimidos de todo el mundo a unirse y atreverse a luchar y derrotar al imperialismo yanqui, enemigo común de todos los pueblos del mundo, sancionando que el imperialismo y los reaccionarios son tigres de papel.

En el caso de la dictadura del proletariado, desencadenó la gran revolución cultural proletaria para barrer con los defensores del camino capitalista, llevar la lucha de clases en las condiciones del socialismo y combatir el peligro de la restauración burguesa. Así lo advirtió a los comunistas de lo que había dicho Lenin la burguesía derribada del poder no desaparecía y que al contrario, derrotada ella centuplicaba su fuerza contra el nacimiento y aún frágil sistema socialista. La burguesía trata, sin embargo, de valerse de las viejas ideas, cultura, hábitos y costumbres de las clases explotadoras para corromper las masas y conquistar la revolución cultural de la gente en su esfuerzo por restaurar su Poder. El proletariado debe hacer exactamente lo contrario: debe dar golpes despiadados y frontales a todos los desafíos de la burguesía en el dominio ideológico y cambiar la fisonomía espiritual de toda la sociedad utilizando sus propias nuevas ideas, cultura, hábitos y costumbres. Nuestro objetivo actual es aplastar, mediante la lucha, a los que ocupan puestos dirigentes y siguen el camino capitalista, criticar y repudiar las ‘autoridades’ reaccionarias burguesas en el campo académico, criticar y repudiar la ideología de la burguesía y demás clases exploradoras, y transformar la educación , la literatura y el arte y los demás dominios de la superestructura que no corresponden a la base económica del socialismo, a fin de facilitar la consolidación y el desarrollo del sistema socialista. “[6]

Así, por diez años, las realizaciones de la dictadura del proletariado fueron tal, que se ha convertido en una de las más grandes enseñanzas de la historia de la revolución proletaria. En cuanto a los grandes saltos de la Gran Revolución Cultural Proletaria (GRCP) la derecha revisionista supo maniobrar para aislar a la izquierda maoísta y con la muerte del Presidente Mao, la camarilla de Teng Siao-ping se vio alentada a dar el paso golpe de Estado, revocar uno a uno los veredictos revolucionarios de la GRCP y desencadenar la restauración burguesa (1976).

Tal acontecimiento marcó el fin de la Primera Gran ola de la Revolución Mundial, que se inició con la publicación del Manifiesto Comunista y principalmente con la Comuna de París, Primera Onda con la que la revolución proletaria cumplía la etapa de defensa estratégica, alcanzaba la etapa de equilibrio estratégico, desarrollándola y ensayando su contraofensiva general.

Son irrefutables los progresos y avances que la GRCP constituyó para la revolución proletaria en China y mundial. La GRCP como forma y contenido de llevar la lucha de clases en las condiciones de la dictadura del proletariado, como conducir la transición al comunismo, combatiendo el peligro de la restauración burguesa, puso en total evidencia los desarrollos del marxismo-leninismo que el entonces llamado pensamiento Mao Tse Tung constituía, comprobados en la larga trayectoria de la Revolución China y para responder a los nuevos problemas de la revolución proletaria mundial y llevarla hasta el fin a su meta el comunismo.

A través de su profunda comprensión y magistral manejo de la filosofía marxista el Presidente Mao definió la contradicción, en su unidad y lucha de contrarios como la ley fundamental de la dialéctica, que rige toda la materia infinita en su transformación constante, el universo, la naturaleza, la sociedad y el pensamiento. Sintetizándola en que todo es contradicción y “uno se divide en dos”, la aplicó a la construcción del partido, partiendo de que en él, en su seno, manifiestan las contradicciones de clase de la sociedad, entre lo nuevo y lo viejo y entre el correcto y el erróneo, formulando el método de la lucha de dos líneas para la fragua de la línea proletaria y para combatir líneas contrarias que de tiempo en tiempo, en determinadas condiciones emergen en el partido. Tomando la idea de los fundadores que son las masas que hacen la historia, que son ellas las que hacen la revolución y el partido las dirige, formuló la línea de masas, de partir de las masas a las masas, como método universal de conocer y transformar el mundo.

Con la exquisita síntesis que hizo del marxismo-leninismo, principalmente de las lecciones que sacó del Camino Luminoso de Octubre, afirmando categóricamente que el Poder nace del fusil; de lo afirmado por Lenin de que lo fundamental en toda revolución es la cuestión del Poder, desarrolló la teoría de la Guerra Popular como doctrina militar del proletariado teniendo como su centro el Poder; de que para hacer la revolución el proletariado necesita construir no sólo su partido revolucionario de nuevo tipo, sino también, como instrumentos propios suyos, otros dos también fundamentales, es decir, además del Partido Comunista, el Ejército Popular y el Frente Único Revolucionario. Que, mientras exista el sistema de explotación del hombre por el hombre, la guerra será realidad, que éstas son de dos tipos, guerra injusta y guerra justa. La guerra injusta es la guerra que las clases explotadoras hacen contra las masas trabajadoras y contra otras naciones por dominarlas y explotarlas. La guerra justa es la guerra que los explotados y oprimidos, pueblos y naciones, hacen por su liberación. Y siendo el imperialismo la última sociedad basada en la explotación, en la que la burguesía imperialista condujo al mundo entero a la militarización total, la guerra se tornó inevitable y medio de mantenimiento de este sistema en descomposición, condenado a desaparecer. El Presidente Mao afirmó “hacer la guerra justa para exterminar la guerra injusta, hacer la guerra para conquistar la paz eterna”. [7]

Como es innegable la inspiración que la GRCP llevó a los verdaderos marxistas-leninistas de todos los continentes a desencadenar nuevos movimientos revolucionarios. Así fue con el gran “trueno de la primavera”, de mayo de 1967, del masivo y heroico levantamiento armado de los campesinos de Naxalbari (Bengala Occidental), liderado por el Partido Comunista de la India Marxista-Leninista de Charu Mazundar, hoy Partido Comunista de la India (Maoísta). Como también es cierto el aliento que llevó a las luchas de liberación nacional de los países agredidos y ocupados por el imperialismo y los movimientos progresistas por todo el mundo. Pero a pesar de todos estos grandes logros la mayoría de los partidos que se denominaban marxistas-leninistas siguió hundida en el revisionismo kruschovista y sumisos al bastón de mando de la URSS social-imperialista, directamente o a través de la forma subsidiaria del revisionismo armado, representado por el castrismo.

En Brasil, como ocurrió en numerosos países, una fracción de la dirección del Partido Comunista se levantó contra el revisionismo de la dirección, junto a Prestes y en defensa del marxismo-leninismo y del Camino Luminoso de Octubre reorganizando el Partido bajo la sigla PCdoB, concretando su pendiente constitución auténticamente como partido marxista-leninista. En el caso de la guerra popular, por la insuficiencia de asimilación de la avanzada ideología, la dirección del partido seguía imbuida de subjetivismo y debido a la errónea concepción de la guerra popular condujo a la derrota a la guerrilla del Araguaia, en la lucha contra el narcotráfico, el régimen militar fascista pro-imperialismo yanqui y la revolución democrática. Esto bastó para que los enemigos del maoísmo en la dirección del Partido sabotearan el balance crítico de aquella rica experiencia, hecha de la sangre vertida por decenas de heroicos comunistas y masas campesinas, para abandonar la línea revolucionaria y capitular.

En la década de 1970, la dirección de João Amazonas, hundiéndose en el revisionismo hoxhista, liquidó por completo al Partido Comunista de Brasil como partido revolucionario del proletariado, tan penosamente reorganizado en 1962, transformándolo en otra organización revisionista, continuidad de la sigla PCdoB.

Desde entonces, ese podrido PCdoB, se integró por completo al viejo Estado y por cuatro décadas ha actuado en su parlamento y gobiernos de estados, defendiendo la legitimidad de sus instituciones burocráticas corruptas. A partir de 2003 integró y dio apoyo a los gobiernos del “Frente Popular”, oportunista-electorero de Luiz Inácio y Dilma, que por trece años y medio, manejaron el viejo y genocida estado en Brasil al servicio de la gran burguesía, de los terratenientes y del imperialismo, principalmente yanqui. Además de estas posiciones revisionistas descaradas, pasó a difundir un “socialismo del siglo XXI” que sustituye a la dictadura del proletariado por el equivalente al parlamento burgués, precediendo en esto al revisionista y traidor Prachanda del Nepal.

El proletariado y las masas de nuestro continente han testimoniado procesos en que tras años de combates heroicos de las masas en la lucha armada, sus direcciones pasaron a predicar argumentos semejantes, deponiendo las armas e integrándose al Estado reaccionario. Defendiendo tales posiciones, a ejemplo de lo que hizo Kruschov, acusan de dogmáticos a quienes persiste en la defensa intransigente de los postulados esenciales del marxismo y del Camino Luminoso de Octubre, para justificar su capitulación ante el imperialismo y las clases dominantes cual lacayos, para embellecer el capitalismo y perpetuar su viejo Estado. El presidente Mao ya había alertado sobre tal truco, respondiendo a los ataques que Kruschov lanzaba contra el PCCh de ser dogmático, afirmando que todos los desvíos, entre ellos el dogmatismo, eran maléficos y tenían que ser combatidos inapelablemente.

En la ocasión de los 90 años de la Gran Revolución Socialista de Octubre, el revisionista PCdoB de Amazonas y Rabelo, corrieron a exaltarla como “el más destacado acontecimiento social y político de la humanidad”[8], para concluir que eso, sin embargo, es cosa del pasado. En su nota, criticó un supuesto “mando ultra centralizador” [9] del Estado Soviético, que habría “debilitado la democracia socialista” [10].

Esto, para atacar la Dictadura del Proletariado y sostener la dictadura burguesa-burocrática-semifeudal instalada en Brasil, clasificada por el PCdoB de “democracia”. Argumenta también la nota que las condiciones objetivas, que dieron paso a la Revolución de Octubre, ya no existen en la actualidad, ya que las “tendencias actuales del capitalismo han cambiado”[11], lo que lleva a la necesidad de luchar por el socialismo, hoy, según la misma en las nuevas condiciones del siglo XXI, lógicamente, a través de la “preservación de mecanismos de democracia representativa”[12], como insisten sus teóricos.

En este octubre, con ocasión del 19º congreso del partido chino, el PCdoB se presenta al mismo, a saludar a la canalla social-imperialista de Jinping por “queridos camaradas”, expelió su habitual y repugnante vómito negro afirmando, entre otras perlas del revisionismo de que se ha fortalecido su dirección, que “El PCdoB, partido hermanado con el PCCh por el elevado ideal del comunismo “…” y “Tenemos plena confianza de que el 19º Congreso, teniendo Xi Jinping como núcleo del Comité Central, seguirá levantando la bandera del socialismo con características chinas, guiado por él… en el sentido de Mao Tsetung, por la Teoría de Deng Xiaoping, por el importante pensamiento de las Tres Representatividades y el Concepto Científico de desarrollo socialista”.

Toda esta podrida adulación de la empatía revisionista hacia el social-imperialismo chino suena apenas como un ridículo cacareo.

Esta situación existente dentro del movimiento revolucionario y comunista en Brasil tiene raíces profundas en la influencia del browderismo y el predominio del revisionismo moderno de Kruschov en el movimiento comunista de América Latina que lo sumergió en las ilusiones constitucionales y causó graves enfermedades de pacifismo, del oportunismo electorero y cretinismo parlamentario.

Después de la derrota de los procesos revolucionarios en la región, en las décadas de 1960 y 1970, y en función de la existencia de una dirección proletaria débil o que fuera descabezada por la contrarrevolución y con el consiguiente reinado del revisionismo, se creó el ambiente para el surgimiento de cierta “Nueva izquierda”. En el caso de los ex-guerrilleros burgueses arrepentidos, intelectuales del CEBRAP (institución financiada por la Fundación FORD), nacionalistas, trotzkistas de las diversas sectas, sectores de la iglesia católica y sindicalistas formados por los institutos yanquis para el “sindicalismo libre”, ese verdadero cartel del oportunismo conformaría el PT, partido obrero burgués liderado por Luiz Inácio. Y fue a través de verborrea radical, reduciendo la realidad a una mera negociación entre “la clase obrera” y “la patronal”, publicitando su socialismo liberal, mal-educando a las masas en la vía de las ilusiones constitucionales y el cretinismo parlamentario. “No tardó para que el PT, como exponente del “Foro de Sao Pablo”, a semejanza de lo que se impulsaba en toda América Latina, el frentismo patrocinado por el revisionismo cubano y bendecido por la iglesia católica (clérigos y laicos de la teología de la liberación) y en el caso del “Frente Popular” electorero, aglomerado de revisionistas y calados reformistas de todas las siglas (PT, PCdoB, PCB,PSB, PSTU, etc.),

En el lado opuesto a todo este engaño, el Partido Comunista del Perú, elevó alto la bandera del marxismo-leninismo pensamiento Mao Tse Tung, defendiendo el Camino Luminoso de Octubre, denunciando y rechazando el golpe restauración de la camarilla de Teng (1976), desencadenó la lucha armada revolucionaria como guerra popular prolongada, el 17 de mayo de 1980.

A través de la lucha de dos líneas que priorizó desde sus inicios, la Fracción Roja dirigida por el Presidente Gonzalo que reconstituyó el PCP llevó la guerra popular con saltos, dando demoledores golpes contra la semifeudalidad, el capitalismo burocrático y el imperialismo. La guerra popular en Perú confirmó el planteado, fundamentado y plasmado por la jefatura del Presidente Gonzalo de que los aportes del Presidente Mao, hasta entonces pensamiento Mao Tse Tung, al abarcar las tres partes constitutivas del marxismo y como unidad respondiendo a las nuevas exigencias de la realidad concreta del hombre, en el mundo de modo general y de la lucha de clases en particular, correspondía ser una nueva, tercera y superior etapa de su desarrollo, por lo tanto maoísmo.

Como lo comprendió y lo sintetizó el Presidente Gonzalo, lo fundamental en el maoísmo es la cuestión del Poder. El Poder para el proletariado en los diferentes tipos de revolución en curso en el mundo, es decir, el Poder para el proletariado en la revolución de una nueva democracia ininterrumpida al socialismo que se da en los países oprimidos por el imperialismo y que constituyen la base de la revolución mundial; el poder para el proletariado en la revolución socialista que se da en los países de capitalismo desarrollado, imperialistas; el Poder para el proletariado en las sucesivas y necesarias revoluciones culturales proletarias que conjuran y derroten la restauración y que desarrolle, profundice y culmine la transición de la sociedad en todo el mundo al luminoso comunismo. El Poder para el proletariado conquistado y defendido mediante una fuerza armada dirigida de forma absoluta por el Partido Comunista[14].

El Presidente Gonzalo profundizó y desarrolló el marxismo-leninismo-maoísmo mediante su aplicación creadora a la realidad del Perú, poniendo de relieve la aplicación y manejo de la contradicción, desarrolló lo esencial del maoísmo definiendo que la construcción de los tres instrumentos debe darse de modo concéntrico, de que el partido dirige todo y es partido militarizado. Que toda revolución demanda que se desarrolle su pensamiento guía como aplicación creadora del marxismo-leninismo-maoísmo a la realidad concreta del país correspondiente, pensamiento guía que abarca todo el universo de esa realidad, la comprensión de las leyes que rigen su formación y desarrollo económico-social, el constante análisis de las clases, su proceso de formación y organización, el proceso político del Estado y de las clases, y todas las relaciones sociales de producción y las derivadas de ellas en la superestructura; especificando la ideología, programa y línea política general, así como estrategia, tácticas y métodos de trabajo y dirección.

Tal como la síntesis de la experiencia de la lucha de los oprimidos por su liberación a lo largo de los milenios, de que los oprimidos siempre eligieron a sus jefes y que en la época del capitalismo, como bien definió Lenin, el partido revolucionario es un partido de jefes revolucionarios precisando la relación entre jefes, partido, clases y masas, formuló la necesidad de la jefatura, un jefe de ascendencia sobre los demás por su conocimiento, dominio teórico y del movimiento práctico, autoridad adquirida y que se sostiene en el pensamiento guía. Con algunas revoluciones en curso al principio de los años 1980, la Revolución Peruana componía el inicio de una segunda y nueva ola de la revolución proletaria mundial. Los avances de la guerra popular en Perú bajo la guía del marxismo-leninismo-maoísmo, Pensamiento Gonzalo alcanzó la etapa de equilibrio estratégico y sostenía que la Revolución Proletaria Mundial entrara a su Tercera Etapa, la de su Ofensiva Estratégica.

En el mundo, cuando el imperialismo capitaneado por los yanquis preparaba su ofensiva con Reagan y Tatcher, bajo las banderas de “neoliberalismo” y “globalización”, amenazaba peligrosamente el poder reaccionario en el país, inspirando revoluciones en todo el mundo.

El social-imperialismo soviético con Gorbachov a la cabeza con su “Perestroika” y “Glasnost” también ensayaba una ofensiva para intentar detener la bancarrota de su capitalismo estatal, que sucumbía como parte que era de la crisis general del imperialismo.

Fue el Presidente Gonzalo quien analizó a principios de los años 1990 que una ofensiva contrarrevolucionaria de carácter general y convergente de imperialismo y revisionismo se desató en el mundo para conjurar el hundimiento que se presentaba para el imperialismo. Ofensiva contrarrevolucionaria que sólo podría concretarse apuntando contra el proletariado de modo general y en particular contra su ideología científica, el marxismo. Y fue en el auge de esta ofensiva, con el ya desmoronamiento del Pacto de Varsovia, en el que se anunció la “Muerte del Comunismo” y el “Fin de la Historia”, que en la guerra de invasión de Irak (1991), la cual la URSS social -imperialista no se opusiera capitulando en su pugna con el imperialismo de EUA, que Bush padre proclamó su “Nueva Orden” y de que el “capitalismo era el mejor mundo posible”.

Los vientos y las tempestades de la reacción soplaron furiosamente sobre la cara del Globo y la capitulación de la lucha por el socialismo y la renegación del marxismo penetró todo el movimiento obrero-popular y el Movimiento Comunista Internacional profundizó su dispersión.

De las fuerzas del revisionismo armado en América Latina que siguieron en guerra, con raras excepciones, todas capitularon y renegaron la revolución en los años siguientes de 1990 y en los diecisiete años del actual siglo, como recién asistimos a la deposición de las armas por las FARC de Colombia y como el mismo modo hace el ELN en este país.

Cabalgando las masas que abrieron el siglo XXI resistiendo desesperadamente a las políticas del imperialismo de saqueo y super explotación, y prometiendo el cielo a ellas el cartel del oportunismo triunfó electoralmente y de forma encadenada en la mayoría de los países de América Latina. Ya en la gestión del viejo Estado, traicionaron sus promesas esas fuerzas oportunistas y se dedicaron a aplicar las políticas que antes decían combatir, pasando a presidir la represión a las masas. Integrando el cartel oportunista también están destacadamente probados revisionistas y partidos que se escudan bajo la máscara de marxista-leninistas.

Juntos anunciaron el surgimiento y papel central de nuevos “actores sociales”, según ellos, revelados por la nueva realidad surgida en el mundo con la quiebra del “socialismo real” y el establecimiento del “Nuevo Orden” de la “Globalización”.

El surgimiento de estos gobiernos caracterizados por los analistas burgueses, como “viraje a la izquierda” en América Latina, representó nada más que, en última instancia, la reacción de la fracción burocrática de la gran burguesía de los países de la región. Estas fueron, después de décadas enteras de hegemonía, destronadas de la hegemonía en el Estado y hacen del proyecto electoral de los oportunistas reformistas burgueses, la esperanza de retomar la posición perdida, reestructurar el Estado e impulsar el capitalismo burocrático. Muy al contrario de lo alardeado por la reacción al unísono con la euforia de todo el cartel del oportunismo en el continente y principalmente en Brasil por los oportunistas y revisionistas de todo pelaje, el triunfo electoral de este campo fue la forma de cómo se expresó en nuestro país la ofensiva contrarrevolucionaria de carácter general y convergente de imperialismo y revisionismo. Así que el proyecto del oportunismo fue el medio para que la fracción burocrática de la gran burguesía retomara la hegemonía en el aparato del viejo Estado. Arrastrando detrás de sí la burguesía nacional (media burguesía) con la repetición de la vieja ilusión “desarrollista” de una forma aún más fantasiosa, pues concretamente, como quedó comprobado por la práctica y su rotundo fracaso después de 13 años y medio de gobierno de turno, a pesar del recetario imperialista, profundizando la desindustrialización del país, la desnacionalización de la economía y su priorización para exportación.

Políticamente sólo hicieron difundir su ideología burguesa infestando aún más el movimiento obrero y popular de la mentalidad de conciliación y colaboración de clase. En especial a la universidad se ha llevado a la diseminación del pensamiento anticientífico, haciendo coro con el relativismo “posmoderno”. “Proponen el fin o secundarización de las clases, apuntando como agentes transformadores la gama de manifestaciones denominadas “movimientos sociales, ONGs, ecologismo, cuestión de género y LGBT, indigenismo y neo-marxismo” respectivamente, eufemismos de variantes ideológicas burguesas y pequeñoburguesas para negar la principalidad de la contradicción de clases, negar la lucha de clases y el papel, dirección y método de organización y lucha del proletariado y de la lucha su ideología científica, el marxismo-leninismo-maoísmo.

Sirviendo a dividir las masas populares y con tales tergiversaciones mellar la verdadera lucha combativa y clasista contra la destrucción del medio geográfico, alardeando las teorías imperialistas de amedrentamiento y chantaje a la humanidad de un próximo colapso y fin del mundo, problema para el cual se presentan como salvadores, dividir y truncar la verdadera lucha de emancipación femenina, sabotear la lucha por la autodeterminación de los pueblos originarios (indígenas), reducir la lucha contra el racismo a la mera cuestión cultural, banalizar la lucha contra todas las formas odiosas de discriminación y violencias contra la persona en razón de su definición sexual, y reducir al reformismo burgués la lucha contra el imperialismo. En que pese al discurso de “transparencia” y “horizontalidad” anunciando con bombo y platillo, la práctica de sus organizaciones y de sus gobiernos fracasados, no va más allá de los más vulgares métodos burgueses del autoritarismo, del populismo, del tutelaje de las organizaciones populares de la corporativización de las masas y del más puro asistencialismo y clientelismo electorero.

Además de provocar toda esta capitulación y pudrición en el movimiento obrero y popular en todo el mundo, hizo profundizar la dispersión en el movimiento comunista internacional y llevó al reinado del revisionismo, abriendo camino para la manifestación de un neo-revisionismo, al lado de las novedosas “teorías” ya mencionadas arriba.

Como expresión del auge de la de la ofensiva general de la contrarrevolución, la Revolución Peruana sufrió duros golpes que alcanzaron la dirección del PCP con la captura de su jefatura, el Presidente Gonzalo. En cuanto a la ofensiva contrarrevolucionaria general su carácter de convergencia del imperialismo yanqui y el revisionismo, en la aparición, después de la prisión, de la línea oportunista de derecha (LOD) proponiendo un acuerdo de paz con el viejo Estado genocida. En estas difíciles condiciones los maoístas del Perú siguieron adelante con la guerra popular, combatiendo la capitulación, desafiando el viento y la marea por superar el percance en el camino, marchando para culminar la reorganización general del partido, sostenidos en el histórico I Congreso, en el Pensamiento Gonzalo y la defensa de la jefatura del Presidente Gonzalo.

Pero en toda América Latina, incluso dentro del ambiente de ofensiva de carácter general (ya en declive) de la contrarrevolución a nivel mundial, las masas se resisten y cada vez más crecen las luchas combativas. Aunque el oportunismo haya prevalecido temporalmente, desviando las masas del camino revolucionario para mantenerlas eternamente atadas al viejo Estado, las luchas y rebeliones son preanuncios de un nuevo momento de situación revolucionaria en desarrollo desigual. La base objetiva de esta situación fue generada por la crisis crónica de un sistema semicolonial-semifeudal, secularmente impuesto en el continente por el imperialismo, principalmente yanqui, que empuja al pueblo para el combate. En los últimos años esta crisis se agravó como consecuencia directa de la descomposición de la propia base material semicolonial y semifeudal de su capitalismo burocrático y del impacto sobre ella de la aguda crisis general del imperialismo que se desató en 2008 en el propio EUA.

Toda esta avalancha de la descomposición imperialista ha agudizado las contradicciones fundamentales del mundo actual. La crisis se agrava crecientemente y las contradicciones interimperialistas en las pugnas por nuevo reparto del mundo entre la superpotencia hegemónica única EUA y Rusia, que militarmente sigue siendo superpotencia atómica, principalmente, pero estas contradicciones se manifiestan también entre las potencias de la Unión Europea, hasta entonces aliadas de los Estados Unidos, como también se agravan estas contradicciones con China que amplía cada vez más su posición imperialista en el mundo. La agudización de estas contradicciones interimperialistas se opera principalmente a través de la mayor intervención y agresión con guerras de rapiña y por la partición de países enteros, especialmente en el llamado Oriente Medio Ampliado y de mayor saqueo sobre todos los demás países oprimidos.

La contradicción entre naciones oprimidas e imperialismo, es la contradicción principal de la época imperialista y se halla más agravada aún, potenciando las luchas de resistencias de los pueblos y sus guerras de liberación, así como las luchas de los campesinos por la tierra y de las masas proletarias, semiproletarias y de la pequeña burguesía urbanas en defensa de sus derechos pisoteados en el país y el resto de los países oprimidos por el imperialismo. Tal como la contradicción entre proletariado y burguesía agudizada por las sucesivas políticas de los gobiernos imperialistas en arrancar de los trabajadores los derechos duramente conquistados, las duras “reformas” de las leyes de protección y asistencia social, empuja a las masas proletarias a protestas y revueltas cada día más radicalizados. Las guerras de agresión de los imperialistas, cada vez más, se vuelven contra sus propios países, los conflictos se intensifican con ascenso del chovinismo. Especialmente en las potencias europeas crece la protesta popular, como las huelgas en Francia y los violentos enfrentamientos con las fuerzas policiales por la juventud y trabajadores contra la Cumbre del G20 en Hamburgo, en Alemania.

Así, en este marco, el gran desafío para los comunistas y las masas populares de Brasil, de América Latina, como de resto en todo el mundo, más que nunca es el de seguir el Camino Luminoso de Octubre como la vía general para la conquista del Poder. Es decir, la forja y educación del Partido Comunista, ahora como Partido Comunista militarizado, y de las masas en el combate al oportunismo y en la violencia revolucionaria. Concretamente esto corresponde, ante todo, la constitución donde no existen y reconstitución donde los partidos comunistas fueron hundidos por el revisionismo, de verdaderos partidos comunistas como partidos comunistas marxista-leninista-maoístas para conducir a las masas populares en la guerra revolucionaria como Guerra Popular, por la conquista del poder, tal como hace el PCP en Perú, el PCI (M) en la India y como en muchos países los comunistas maoístas están haciendo preparativos para el desencadenamiento de nuevas guerras populares, superando paso a paso la dispersión del Movimiento Comunista Internacional.

Tal progreso se alcanzará sólo a través del Partido Comunista en la lucha contra el imperialismo y toda la reacción, combatiendo de modo implacable e inseparable el revisionismo y todo el oportunismo para desenmascararlos y barrerlos parte por parte, liberando las inmensas energías revolucionarias de las masas populares unidas en el frente único de las clases revolucionarias, basadas en la alianza obrero-campesina y la creación del ejército revolucionario de nuevo tipo, para derrotar la reacción local, desencadenando la guerra popular unitaria: campo lo principal y ciudad el complemento necesario, para barrer la semifeudalidad, el capitalismo burocrático y la dominación imperialista, realizando la revolución de Nueva Democracia y pasar ininterrumpidamente a la revolución socialista.

Para los proletarios y los pueblos de los países imperialistas la tarea de realizar la revolución socialista, de la misma forma demanda la construcción de los mismos tres instrumentos de la revolución, cuya dirección es el Partido Comunista militarizado para llevar la guerra popular, aplicados a sus particularidades y situaciones concretas. Todo al servicio de la revolución mundial y, a través de sucesivas revoluciones culturales proletarias, marchar firme hacia la meta final del luminoso comunismo.

Al dar un golpe certero al enemigo común, la Revolución de Octubre dio a los pueblos de todos los países un ejemplo y mostró el camino  de la lucha de liberación de las masas explotadas y oprimidas. Demostró los medios para las masas de concretar el derecho de decidir sobre sus propios destinos los cuales fueron profundizados y desarrollados en el curso tormentoso que siguió a la revolución proletaria a lo largo del siglo XX hasta nuestros días.

En este sentido las enseñanzas de la Revolución de Octubre, el Camino Luminoso de Octubre siguen vigentes en esta época, a la que precisamente definió y preludio al Presidente Mao, época de la descomposición más avanzada del imperialismo en la cual él y toda la reacción serán barridos de la faz de la tierra por la Revolución Proletaria Mundial. Vigencia esta que se expresa cabal y plenamente en el llamamiento que el Presidente Gonzalo, hace 25 años, dirigió a los comunistas de todo el mundo con su desafiante discurso a constituir o reconstituir partidos comunistas militarizados para desencadenar más y más guerras populares, para levantar la Nueva Ola de la Revolución Proletaria Mundial a nuevas alturas, alzando el maoísmo al mando y guía de la revolución mundial.

 

¡Vivan los 100 años de la Gran Revolución Socialista de Octubre!

¡Honor y Gloria Eternas al Heroico Partido Bolchevique y a los Grandes Lenin y Stalin!

¡Viva la guerra popular en el Perú, India, Filipinas y Turquía!

¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente maoísmo y las aportaciones de validez universal del pensamiento Gonzalo!

¡Defender la vida y la salud del Presidente Gonzalo y su todopoderoso pensamiento!

 

Frente Revolucionario de Defensa de los Derechos del Pueblo – Brasil

 

[1] La revolución comienza en Ruisa. V.I. Lenin. Enero 1905

[2] La revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos. J.V. Stalin Diciembre de 1924

[3] Ibid

[4] Obras escogidas. Mao Tse Tung

[5] Obras escogidas. Mao Tse Tung

[6] Decisión del PCCh sobre el GPCR Agosto de 1966

[7] Obras escogidas. Mao Tse Tung

[8] Nota del PCdoB. Octubre de 2007

[9] Same

[10] Ibid

[11] Ibid

[12] Desafios del socialismo del siglo XXI. Luiz Fernandez PCdoB

[13] A partir de Earl Browder, presidente del PC EEUU 1940

[14] Presidente Gonzalo, entrevista al periódico El Diario, Perú.

 

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FDLP-ECUADOR: ¡VIVA EL CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA DE OCTUBRE!

¡VIVA EL CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA DE OCTUBRE!

El proletariado y los pueblos oprimidos del mundo hemos asistido a la conmemoración del CENTENARIO DE LA GRAN REVOLUCIÓN PROLETARIA DE OCTUBRE.


La revolución proletaria de 1917 se  constituyó en la revolución más grandiosa en la historia de la humanidad gracias a que al frente de la misma estaba un partido experimentado, templado en los combates de la clase, íntimamente vinculado a las masas populares, explotadas, oprimidas, a los obreros y campesinos de todos los pueblos y naciones de Rusia, pertrechado con el poderoso marxismo-leninismo, con un programa verdaderamente científico, cimentado en el conocimiento de las leyes objetivas que rigen al desarrollo social de lucha por la dictadura del proletariado y la  construcción del socialismo científico.

Pero a la revolución proletaria de octubre no hay que verla como un hecho histórico ceñido únicamente a la Rusia en 1917. Hay que escardar tiempo atrás, buscarlo en las luchas campesinas que le antecedieron en Alemania, en la misma Rusia, de Europa entera; en la asimilación de la experiencia de la Comuna de París y la necesidad de no dejar piedra sobre piedra del viejo orden existente para poder erigir el nuevo Poder; en la primera revolución Rusa en julio de 1905 que logra desprenderse del hilo ideológico de las anteriores revoluciones burguesas de occidente al dotar, a esta revolución, de la fuerza política e ideológica rectora y hegemónica: el proletariado, quién a su vez contó con el instrumento político: el partido bolchevique marxista-leninista; un amplio frente popular de lucha revolucionaria incluyendo al movimiento obrero, la revolución agraria campesina y el movimiento de liberación nacional. Se daba paso a la revolución democrática de nuevo tipo.

La victoria de la Revolución Socialista de Octubre confirmó la vitalidad y justeza de la teoría leninista sobre la alianza obrero-campesina.

Pero hay que tener muy en claro, ninguna conquista del proletariado y pueblo oprimido en Rusia de 1917 habría sido posible sin lucha, sin violencia revolucionaria, sin destrucción/construcción, y quizá uno de los elementos más relevantes e imprescindibles,  sin la magistral dirección del partido por parte de Lenin, quién supo entender que si no se combatía y destruía a las distintas manifestaciones del oportunismo, revisionismo y centrismo que, entre otros, esgrimían Kautsky, Trotsky y sus secuaces, nada se habría hecho, nada se habría conquistado.

No hay que buscar la revolución de octubre en los hechos aislados, o ceñirlos indesligablemente a guerras mundiales que si bien es cierto son incidentales en la medida que debilitan al capitalismo mundial, no necesariamente son determinantes para que la revolución pueda abrirse caminos de manera más decidida.

Hay que encontrar la revolución de octubre en la revolución democrática de nuevo Tipo en China, sobre todo en su concreción como revolución proletaria en la Gran Revolución Cultural.

Y no diferente sucede con la guía ideológica del proletariado que siguiendo los trazos de octubre hoy comandan los esfuerzos revolucionarios del proletariado, campesinado y pueblo oprimido del Perú, Turquía, Filipinas y la India, quienes desarrollan guerras populares íntimamente adscritas a las tareas del proletariado y su hoja de ruta trazada en 1917 y que ineluctablemente devendrá de Nueva Democracia en Socialismo, en dictadura del proletariado.

Hoy festejamos el centenario de la revolución de octubre, y lo hacemos jubilosos, pero sobre todo, combativos, con el puño apretado y con el odio de clase urgente,  que apremia en convertirse en tareas, en acción, fortalecido en marxismo-leninismo-maoísmo, reforzando nuestro compromiso de clase y consientes de la responsabilidad que éste tiene de conducir a los oprimidos a la dictadura del proletariado en los países capitalistas;  en la firme tarea que tiene en los países semifeudales y semicoloniales de conducir a los obreros, campesinado y masas explotadas a la revolución democrática de nuevo tipo, como una de las expresiones que asume la dictadura del proletariado en este tipo de países, y desde luego, el necesario rol que debe cumplir la clase, el proletariado, en los procesos de emancipación de las naciones y pueblos oprimidos (entre otros Cataluña) por la conquista de su independencia atada a la profunda transformación de la sociedad.

Al cumplirse en Centenario de la revolución de octubre, obreros, campesinos pobres, masas explotadas del Ecuador, su organización donde expresa el carácter democrático la revolución de Nueva Democracia: el Frente de Defensa de las Luchas del Pueblo, y su partido guía, expresamos nuestro más profundo compromiso de no desistir, de no dudar de la fuerza ideológica del proletariado en las tareas que debemos emprender por allanar el camino a la dictadura del proletariado en el Ecuador y el mundo.

¡VIVA LOS CIEN AÑOS DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA DE OCTUBRE!
¡VIVA LA DICTADURA DEL PROLETARIADO!
¡EL SOCIALISMO TIENE UN SOLO ROSTRO Y UNA SOLA ENTRAÑA: LA DICTADURA DEL PROLETARIADO!
¡VIVA EL MARXISMO-LENINISMO-MAOÍSMO!
¡SALVO EL PODER TODO ES ILUSIÓN!
CON LA DIRECCIÓN DEL PROLETARIADO: LA INDEPENDENCIA, LA REVOLUCIÓN DE NUEVA DEMOCRACIA, EL SOCIALISMO, DESBROZA CAMINO AL DORADO COMUNISMO

Publicado en https://vnd-peru.blogspot.is/2017/11/fdlp-ecuador-viva-el-centenario-de-la.html

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GALIZA: Declaración do C.C. do Partido Comunista-maoísta da Galiza co motivo do Centenario da Grande Revolución Socialista de Outubro

Cen anos de revolución proletaria

Este 7 de novembro celebramos con xúbilo o centenario da Gran Revolución Socialista de Outubro.

Os disparos do cruceiro Aurora foron un raio de esperanza para as masas oprimidas, non so de Rusia, senón tamén do mundo, cambiando definitivamente a historia, abrindo definitivamente a nova era da Revolución Proletaria Mundial.

En palabras do Presidente Mao: “As salvas dos canóns da Revolución de Outubro trouxeran o marxismo-leninismo até a China. Entón a Revolución chinesa gañou unha nova fisionomía. (…). “Os fusís dos bolcheviques criaran o socialismo na Rusia”.

Lenin e os seus camaradas do partido Bolchevique realizaron no imperio zarista o soño de Marx e Engels, instaurando o primeiro Estado da Ditadura do Proletariado, nun país atrasado e semifeudal, de inmensas dimensións e berce de múltiples pobos. Os bolcheviques guiados polo grande Lenin e os seus camaradas de armas, coa actuación decisiva das masas proletarias, campesiñas, mariñeiros revolucionarios e a garda vermella desaloxaron definitivamente ao goberno provisional burgués de Kerenski, proclamando a República soviética e nomeando un goberno de Comisarios do Pobo presidido polo camarada Lenin.

Non foi unha tarefa sinxela nin pacifica. Foi sanguenta e dolorosa como son as revolucións, como ben sinalaron o camarada Lenin e o Presidente Mao. A intervención das potencias imperialistas unidas contra a nova República soviética, en apoio dos gardas brancos de Denikin e do almirante zarista Kolchak, deu orixe a unha guerra civil que non será definitivamente gañada ata 1921.

A vitoria do exército vermello, guiado por heroicos xefes como Frunze, Budionni, ou comisarios como Chapaeiv ou Furmanov esmagaron ás forzas contra-revolucionarias, co apoio das masas obreiras e campesiñas, en torno á firme liña trazada por Lenin da alianza obreiro-campesiña do goberno dos Comisarios do Pobo. Sen ese apoio das masas nada se houbera conseguido.

A mesma Ditadura do Proletariado que baixo a xusta dirección do camarada Stalin logrou, grazas á economía planificada socialista, converter o vasto territorio soviético, nunha superpotencia capaz de enfrontar a agresión da primeira potencia imperialista mundial, a Alemaña nazi, en xullo de 1941.

A URSS, berce e sede tamén da Internacional Comunista (IC) fundada por Lenin que expandiu por todo o mundo o marxismo-leninismo e impulsou a creación dos partidos comunistas.

A Gran Revolución Socialista de Outubro, é patrimonio de toda a humanidade oprimida e en particular dos auténticos comunistas que hoxe enarboran as tres bandeiras vermellas do M-L-M. e da guerra popular.

Nos hoxe, mulleres e homes de Galiza, comunistas, traballamos para a construción do Partido Comunista-maoísta de Galiza seguindo a senda luminosa da Gran Revolución Socialista de Outubro, estudando e aplicando o mlm ás condicións concretas da nosa sociedade, á vez que activamente traballamos a fronte internacionalista da solidariedade e apoio ás guerras populares, vangarda da Revolución Proletaria Mundial, que se desenvolven na actualidade en diversos países do mundo, Perú, Filipinas, Turquía e en particular na India, onde o Partido Comunista de la India (maoísta) e o EGPL libran unha guerra popular prolongada que este ano cumpriu 50 anos dende o seu inicio en Naxalbari.

Estes cen anos da historia da Revolución Proletaria Mundial están cheos de avances e retrocesos e de múltiples contradicións que levaron a definir unha nova etapa no pensamento proletario; o maoísmo, que sinalou a liña xeral para combater a restauración revisionista, as súas causas e a necesidade de continuar ata o fin a Revolución baixo as condicións da Ditadura do Proletariado, con Revolucións Culturais, tomando como chave, como sinalara o Presidente Mao, a loita de clases e a loita de dúas liñas.

Estas e outras valiosas ensinanzas foron aplicadas de forma creativa ás condicións de cada país por inesquecibles camaradas como Charu Mazumdar na India, Ibrahim Karpakaya en Turquía, o camarada JM Sisón nas Filipinas, o camarada Pol Pot en Kampuchea e máis recentemente polo Presidente Gonzalo no Perú. Desenvolvendo guerras populares e armando ás masas para a súa liberación erguendo unha nova onda de revolucións guiadas polo proletariado revolucionario.

Onda revolucionaria que baixo as vermellas bandeiras da Comuna de París, a Gran Revolución Socialista de Outubro, a Revolución de Nova Democracia na China, a Gran Revolución Cultural Proletaria, a Guerra Popular no Perú e en Naxalbari prosegue en Guerra Popular ata o comunismo.

¡Viva a Grande Revolución Socialista de Outubro, luminoso camiño de liberación dos oprimidos do mundo!

Galiza 7 de novembro do 2017

Comité de Construcion do Partido Comunista-maoísta da Galiza.

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En el 30 Aniversario de la Revolución de Octubre (Pedro Pomar, 1974)

Nota del blog: Continuamos con las publicaciones sobre Pedro Pomar tomadas de la página http://www.serviraopovo.wordpress.com, aclaramos que la traducción es responsabilidad nuestra.

FRP

En ocasión del 104 aniversario del natalicio del gran dirigente comunista camarada Pedro Pomar – 23 de setiembre de 1913.

Pedro Pomar

Publicado en la Revista Problemas N° 4 – Noviembre de 1974

La clase obrera y todos los oprimidos del mundo conmemoran este año el 30 aniversario de la gran Revolución de Octubre.

Treinta años han pasado desde aquellos días heroicos en que el proletariado ruso bajo la dirección del Partido Bolchevique, del gran Partido de Lenin y Stalin, alcanzó la victoria sobre el capitalismo y abrió para la humanidad entera las puertas de un nuevo mundo, el mundo del socialismo, de la nueva sociedad libre de la explotación del hombre por el hombre.

Tres décadas han pasado, y, a pesar de todo cuanto ya hicieron de grande, de extraordinario, de altamente humano los pueblos soviéticos, lo que hoy vemos en el mundo capitalista es el mismo odio, más sistemático tal vez, y más desesperado también, la misma rabia impotente de treinta años pasados con que los magnates del capitalismo recibieran la primera grande y definitiva victoria del proletariado. Sucede con la gran Revolución de Octubre lo que se da también con Marx y el marxismo que, con el correr de los años, son cada día más odiados y perseguidos por el capitalismo en decadencia y desesperación.

Marx elaboró el arma teórica, la ciencia social del proletariado, ciencia universal, así como internacional o mundial. Fue también la gran Revolución de Octubre, que, como dice Stalin, “señala un cambio radical y profundo en la historia de la humanidad, un cambio radical y profundo en los destinos históricos del capitalismo, un cambio radical y profundo en el movimiento de liberación del proletariado mundial, un cambio radical y profundo en los métodos de lucha y en las formas de organización, en los hábitos de vida y en las tradiciones, en la cultura y en la ideología de las masas explotadas del mundo entero”.

Ese cambio radical y profundo en nuestros días es más sensible que antes, ahora, cuando conmemoramos el trigésimo aniversario de la gran Revolución Socialista, que en cualquiera de sus aniversarios anteriores. Es que la guerra contra el nazismo no sólo reveló a los pueblos la fuerza de la nueva sociedad socialista, sino también, con la victoria, abrió para toda la humanidad una nueva época de desarrollo pacífico, de transición para el socialismo, a través de las democracias progresistas, por nuevos caminos específicos para cada pueblo. Esta posibilidad de desarrollo pacífico para el socialismo es el elemento nuevo traído por la victoria de los pueblos sobre el nazismo, elemento nuevo que, como siempre sucede, lucha aún por la victoria contra lo viejo que quiere sobrevivir, el imperialismo que se vuelve por eso cada día más agresivo y desesperado.

“En consecuencia, dice la declaración de los nueve Partidos Comunistas europeos reunidos en Varsovia, pasaran a existir dos campos, el campo imperialista y anti-democrático que busca establecer el dominio mundial del imperialismo norte-americano y la destrucción de la democracia y el campo democrático anti-imperialista, cuyo objetivo fundamental es destruir el imperialismo, fortalecer la democracia y eliminar los remanentes del fascismo”.

La división del mundo en dos campos bien marcados, separados por una fosa que se hunde cada día, es sin duda, lo que hay de nuevo en este instante en que el proletariado, todos los explotados y oprimidos, los hombres que aman el progreso y la paz, conmemoran y festejan el 30 aniversario de la gran Revolución de Octubre.

Esa división del mundo en dos campos, el “imperialista y antidemocrático” y el “democrático anti-imperialista” señala, sin duda, el momento que atravesamos, es el hecho nuevo señalado por el acontecimiento histórico que fue la reunión en Varsovia en setiembre último, de los dirigentes de los nuevos y más importantes partidos comunistas del continente europeo. Esa división del mundo en dos campos, hecho nuevo ahora muy claro, no surgió inesperadamente en el escenario mundial, sino resultó del natural desarrollo de los acontecimientos, a consecuencia de la propia victoria sobre Alemania y Japón y ya tenía sus raíces en la diferencia de objetivos con que se unieron para la guerra contra el nazismo las dos grandes potencia capitalistas, Gran Bretaña y Estados Unidos, y el poderoso Estado socialista, la URSS, éste, luchando fundamentalmente por la restauración y consolidación del orden democrático, por la eliminación del fascismo, contra cualquier posibilidad de nueva agresión y por el establecimiento de una paz duradera, mientras que aquellos tenían por objetivo principal de guerra la eliminación del competidor alemán o japonés del mercado mundial y la consolidación de su posición dominante. Guerra de liberación; la guerra contra el nazismo, no dejaba de ser, sin embargo, una guerra imperialista también para aquellos que sueñan con el dominio del mundo, de los mercados y de las fuentes de materia primas, y que desean la explotación de todos los pueblos.

La derrota militar del nazismo no fue, por eso, acompañada de la total eliminación política e ideológica del fascismo. Por el contrario, los años de post guerra trajeron la lucha cada día más acentuada entre los que todo hacen en el sentido de conseguir la eliminación de los remanentes del fascismo y de su base material, y aquellos que no escatiman esfuerzos para salvarlos, resguardarlos e inclusive, como viene sucediendo cada día con mayor frecuencia y descaro, utilizándolos contra el avance de la democracia en el mundo entero. Fue en ese proceso, de un lado la Unión Soviética y los países democráticos procurando destruir el fascismo, el capital financiero reaccionario y consolidar la democracia, y, del otro lado, los Estados Unidos y Gran Bretaña luchando por el fortalecimiento del imperialismo e intentando estrangular la democracia, utilizando para eso todos los medios, inclusive el rebrote fascista, fue en ese proceso que se delimitaron, hasta llegar a la nitidez de hoy, los dos campos en que se divide hoy el mundo.

El avance democrático

Es cierto que la victoria sobre el nazismo trajo un rápido y poderoso avance democrático en el mundo entero. Los pueblos de Europa del Este consiguieron liquidar las bases económicas de la reacción, nacionalizar la gran industria, dividir la tierra, castigar a los principales traidores al servicio de los nazis, y, así, crear instituciones nuevas, realmente democráticas y progresistas. En otros países de Europa surgieron grandes partidos comunistas de masas con cientos de millares y millones de miembros, “poderosos representantes de amplios sectores de la población, profundamente enraizados en sus propios países y dirigidos por hombres capaces” como dice Stalin al diputado laborista inglés Ziliacus en la discusión que mantuvo con él. Los pueblos coloniales comenzaron a obtener grandes victorias en la lucha por la independencia nacional e igualmente en América Latina, a pesar de su inmenso atraso económico y político, las viejas dictaduras, que habían servido a Hitler y posteriormente se entregaron a los banqueros yanquis, tuvieron que ser sustituidos por nuevos gobiernos que pueden contar con algún apoyo popular y capaces de satisfacer, en la medida de los posible, las formas democráticas y constitucionales. En Brasil, por ejemplo, el señor Dutra, Ministro de Guerra de la dictadura, el Condestável del Nuevo Estado, como lo llamó Vargas, condecorado por Hitler e Hiroito, pasó a ser presidente constitucional de una República representativa… de cualquier manera, sustancial y verdaderamente, y apenas aparentemente, era la democracia que avanzaba como consecuencia inevitable de la victoria de los pueblos sobre el fascismo, militarmente batido en Europa, en Asia, en el mundo entero. Y creció en todos los países las fuerzas organizadas del proletariado, que se unen a escala mundial, en la gigantesca Federación Mundial de los Sindicatos en la que se afilian los representantes de más de 70 millones de trabajadores organizados. Y las mujeres demócratas se unen también en la gran Federación Mundial para luchar por la paz y por el completo aniquilamiento político e ideológico de los remanentes peligrosos del fascismo. Y la juventud une también sus fuerzas en la esperanza de impedir nuevas guerras y consigue a través de su Federación Mundial de la Juventud Democrática una tan impresionante manifestación de fuerza universal de lucha por la paz, por el progreso y la independencia de cada pueblo, como la reciente concentración juvenil de Praga, fiesta simbólica de alegría, coraje y confianza en el futuro en pleno corazón de Europa hace tan poco tiempo oprimida bajo a bota sangrienta de la Guestapo.

Con la derrota militar del nazismo avanza la democracia por el mundo entero. La Unión Soviética, a pesar del esfuerzo desprendido en los duros años de guerra, dos millones de vidas perdidas, de la destrucción sufrida en su suelo, recupera rápidamente su economía de paz y, mal terminada la guerra, inicia la ejecución de un nuevo plan quinquenal de proporciones inéditas. Ya en los grandes países capitalistas victoriosos, especialmente en Gran Bretaña y en los Estados Unidos, mucho menos fácil se torna esa vuelta, de la economía de guerra a la de paz, reconversión económica que los magnates del imperialismo tratan de hacer a costo de sacrificio de las grandes masas trabajadoras, de los obreros de las metrópolis imperialistas y de lo pueblos cuya explotación quieren aumentar. La situación económica de Gran Bretaña se torna cada vez más grave y, debido a eso, día a día mayor sometimiento político del orgulloso imperialismo inglés a los banqueros de Wall Street.

Es verdad que la derrota militar del nazismo sacudió al imperialismo en su conjunto y modificó la correlación de fuerzas sociales en el mundo entero a favor del proletariado, de la democracia y del socialismo. Pero del gran embate fue, sin duda, el imperialismo yanqui aquel que, del lado capitalista, salió más reforzado con una nueva y más alta concentración de capital, con una poderosa industria en un nivel técnico más elevado y en condiciones de desafiar cualquier competencia en la lucha por el predominio absoluto del mercado mundial. Sin embargo es claro que en el régimen capitalista ese aumento rápido de la productividad trae en su seno todos los elementos de una nueva crisis cíclica cada día más próxima. A la enorme producción norte-americana no corresponde ningún aumento de la capacidad de consumo de la población del país, que necesita así, buscar mercados en el exterior en las condiciones nuevas del mundo después de la guerra, con una Europa empobrecida por la guerra, con muchos de sus pueblos luchando enérgicamente por el desarrollo de sus propias industrias, con una China en plena inflación y conflicto con la política de traición de Chiang-Kai-Shek y el resto del mundo en condiciones económicas nada mejores. Es evidente, sin duda, la creciente gravedad de la crisis general del capitalismo y de ahí la agresividad cada vez mayor del imperialismo, especialmente del imperialismo yanqui que se levanta hoy como el centro de la reacción mundial, de la lucha por el dominio absoluto del mundo –el viejo sueño de Hitler- ahora la aspiración de los magnates de Wall Street que sustentan y dirigen la política expansionista y guerrera de Truman y Marshall.

La actitud agresiva del imperialismo

Es en ese cuadro que se va desarrollado la actividad particularmente agresiva del imperialismo yanqui.

“Esta actividad, como afirma la declaración de la Conferencia de Varsovia, es desarrollada simultáneamente en todas las direcciones –en la dirección de las medidas militares estratégicas-, de expansión económica y de lucha ideológica”.

Es conocida la actividad guerrera del imperialismo, la distribución sistemática de sus fuerzas armadas por los demás países, el intento de subordinar a su comando el completo control de las fuerzas armadas de los países del Continente americano, la ampliación y consolidación de bases militares por todo el mundo, la preocupación en que se entrega la fabricación de armas cada vez más poderosas y ofensivas y la investigación científica dedicada al mismo fin, sin ocultar por el contrario, la pretensión de escandalizar para asustar la actividad de sus técnicos en el terreno de la energía atómica así como la guerra química y bacteriológica.

En el terreno de la expansión económica, íntimamente relacionada con los esfuerzos continuados por el predominio político, es visible, al lado de los planes para la esclavización económica y política de Europa, lo que viene haciendo el imperialismo norte-americano en China, en Indonesia y particularmente en América Latina. Solo el fuerte apoyo económico, político y militar del gobierno de los Estados Unidos viene retardando la victoria del pueblo chino sobre el gobierno incapaz y traidor de Chiang-Kai-Shek; sin el apoyo norte-americano habría sido imposible al gobierno holandés volver a atacar a los pueblos libres de Indonesia. En América Latina la expansión económica del imperialismo norte-americano es cada vez más descarada y viene acompañada de cerca y en escala creciente de intervención política abierta, como sucede aún ahora en Chile y en Brasil, cuyos gobiernos se entregan sumisos a sus patrones de Washington y Wall Street.

En cuanto a la lucha ideológica basta acompañar lo que se escribe en la prensa norte-americana casi totalmente al servicio de los provocadores de guerra como tan bien probó de manera concreta y objetiva, en su monumental discurso en la Asamblea de las Naciones Unidas, Vishinski, jefe de la delegación soviética. La preparación ideológica para la guerra y para la lucha terrorista contra los comunistas, odiados por el imperialismo por ser los vanguardistas en la lucha por la paz, por la democracia y la independencia de sus pueblos, es particularmente sensible aquí en Brasil, cuya prensa, especialmente en la Capital de la República, fue la que, sin duda, más bajo descendió en esa tarea infame de instrumento del capital reaccionario para la preocupación ideológica de la guerra imperialista.

El discurso de Truman, el 12 de marzo de 1947, justamente en la ocasión en que se reunieron en Moscú los Ministros del Exterior de las cuatro grandes potencias, marca el inicio de la contraofensiva imperialista, más vigorosa y descarada, en una tentativa violenta y algo desesperada de alertar sobre el avance democrático en el mundo entero. Todas las tentativas anteriores, desde las maniobras en la Conferencia de Potsdam, las tentativas de ruptura en Londres y después en la Conferencia de Paz en París ningún fruto habían dado y las fuerzas democráticas continuaban el avance victorioso, consiguiendo poco a poco consolidar sus posiciones. El 12 de marzo, Truman se quita definitivamente la máscara para declarar que el gobierno norte-americano está dispuesto a auxiliar con dinero y armas, con técnicos y políticamente también a todos aquellos que, especialmente en Europa, querían luchar contra los pueblos en marcha para el progreso, contra la democracia y el socialismo, entregarse a la “protección” explotadora y colonizadora del capitalismo norte-americano. Millones de dólares fueron desde luego puestos a disposición de los fascistas griegos y de los políticos reaccionarios en Turquía. Y el sonar del dinero imperialista consiguió que las clases dominantes en Francia y en Italia retiraran a los comunistas de los puestos de gobierno, al mismo tiempo que el sobrante fascista en el oriente europeo intensificaba su actividad conspirativa contra los gobiernos populares y progresistas de aquellos países.  El imperialismo retomaba, sin duda, la iniciativa e intentaba impedir en todas partes el proceso democrático y asimismo hacer retroceder las fuerzas del progreso y de la democracia. En América Latina, son los comunistas desde luego separados del gobierno de Chile y del Partido Comunista de Brasil ve anulado su registro electoral y restringida su actividad legal.

La práctica, entonces, mostró la poca eficiencia de los métodos y del lenguaje estúpido de Truman. El gobierno monarco-fascista de Grecia sin apoyo popular se desenmascaró definitivamente como lacayo del imperialismo sometido a los agentes de Truman y con eso se amplió rápidamente la base popular y nacional de los guerrilleros griegos que se vuelvieron cada vez más fuertes. No fueron mejores las conspiraciones al servicio del imperialismo en Hungría, en Yugoslavia, en Rumania o en Bulgaria. El Partido Comunista pasó rápidamente de 3ero a 1er partido en Hungría, gracias al rápido desenmascaramiento de los traidores húngaros al servicio de Truman, y en Bulgaria el oro y la presión imperialista solo consiguieron agravar la situación del traidor Petkov, ahorcado por el Tribunal de Justicia del pueblo búlgaro.

El fracaso del Plan Truman, la dificultad que creaba para los “patriotas” y “socialistas” europeos que debían ponerlo en práctica, determinaron su sustitución por algo menos claro, más insidioso, capaz de encubrir mejor sus verdaderas intenciones imperialistas y de facilitar a los Bevin, a los Ramadier y De Gasperi, la tarea infame de entreguistas de sus pueblos a la explotación imperialista. Fue para eso que surgió el llamado Plan Marshall, de esclavización económica y política de Europa por el imperialismo norte-americano.

En verdad, bajo la dirección de Truman y Marshall se unen todas las fuerzas de la reacción que con el objetivo firme y claro de contener el avance democrático, especialmente en Europa, usan todas las armas y utilizan todos los recursos tácticos, desde el chantaje, el soborno, la extorsión hasta la presión económica y la explotación de las contradicciones internas de cada país y las que acaso existen entre ellos.

La conferencia de Varsovia

La situación así creada por la ofensiva imperialista fue particularmente sensible a los pueblos europeos, más directamente marcados por la reacción mundial y muy especialmente por aquellos pueblos donde la correlación de fuerzas sociales ya es claramente favorable a la clase obrera que a través de sus partidos políticos, como organización de vanguardia, ya está en poder o ejerce sobre el fuerte influencia por los representantes que poseen en las asambleas legislativas. Fueron los representantes de tales partidos que se reunieron en Varsovia para discutir la situación internacional especialmente en Europa, y buscar la mejor manera de unir sus esfuerzos contra los ataques del imperialismo norte-americano. Son los partidos comunistas –sobre los cuales ya pesa la gran responsabilidad de dirigir y defender los destinos de sus pueblos, y que sienten, justamente por eso, la necesidad urgente de unificar su acción política, su estrategia y su táctica, de coordinar sus esfuerzos a fin de enfrentar con éxito las maniobras de la reacción, retomar la iniciativa y pasar así a la ofensiva contra el imperialismo y el rebrote fascista de que éste utiliza- los que se reúnen a través de sus representantes más autorizados en la capital polaca.

Este es el verdadero significado de la histórica Conferencia de Varsovia, que marca, sin duda, un nuevo paso, y de los más considerables, en la gran lucha de los pueblos por la paz y la democracia, por el progreso e independencia nacional de cada pueblo, contra la explotación imperialista y el retorno del fascismo.

La Conferencia de Varsovia mostró a los pueblos del mundo entero lo que en estos días son las fuerzas de la democracia y el progreso.

Se reunieron en la capital de Polonia los representantes de nueve partidos comunistas apenas, pero que representaban más de 13 millones de comunistas, inmensa vanguardia política que dirige a su vez a decenas de millones de obreros organizados, además de otros millones de hombres y mujeres, de jóvenes y viejos, que ya lucharon contra el nazismo, que conquistaron la independencia de sus patrias y no están dispuestos a someterse a la explotación imperialista, millones de seres humanos que no se amedrentan con amenazas y chantajes de guerra, y que marcan la superioridad de las fuerzas de la democracia sobre las del imperialismo.

La declaración política dada a luz por los participantes de la Conferencia de Varsovia es particularmente importante por el análisis que hace de la situación mundial como igualmente por la firme disposición de quebrar las fuerzas del imperialismo.

“Se los partidos comunistas permanecen firmemente en sus posiciones –se dice en aquella declaración- si no se dejan intimidar, si permanecen valientemente en la defensa de la democracia, de la soberanía nacional, de la libertad y de la independencia de sus países, si saben, en la lucha contra las tentativas de esclavización económica y política de sus países, colocarse al frente de todas las fuerzas que estén dispuestas a defender la causa de la honra y de la independencia nacional, entonces ningún plan de esclavización de los países de Europa y de Asia podrá ser ejecutado”.

Con la declaración de Varsovia toma un nuevo impulso igualmente la lucha por el desenmascaramiento de los falsos socialistas y laboristas, de los traidores de la clase obrera hoy al servicio del imperialismo yanqui, como Leon Blum en Francia, Atlee y Bevin en Gran Bretaña, Shumacher en Alemania, Karl Rener y Scherf en Austria, Saragat en Italia, etc. que como dice aquel documento:

“se esfuerzan por ocultar la verdadera esencia rapaz de la política imperialista bajo la máscara de democracia y fraseología socialista, sin embargo, de hecho, continúan siendo, bajo todos los aspectos, defensores leales de los imperialistas, provocando la desintegración en las filas de la clase obrera y envenenando su futuro”.

La Conferencia de Varsovia señaló finalmente la necesidad urgente de estrechar y relanzar los contactos entre los nueve partidos comunistas europeos que se habían reunido, a fin de unificar la lucha de sus pueblos contra el imperialismo, vencer la complejidad de la situación más fácilmente y evitar que el enemigo explote las posibles contradicciones entre los pueblos que luchan hace siglos por la independencia nacional. Con tales objetivos fue creado el Buro de Información con representantes de los nueve partidos, teniendo por finalidad el intercambio de experiencias y “en caso de necesidad, la coordinación de actividades de los Partidos Comunistas en base al libre consentimiento”. La sede del Buró de Información será en Belgrado y por él será publicado un órgano mensual que se pretende pueda ser más tarde quincenal.

Es fácil imaginar la importancia política del centro de información, de intercambio de experiencias y de posible coordinación de actividades anti-imperialistas de las decenas de millones de seres humanos que aceptan la dirección de los nueve partidos comunistas, ahora con sede en Belgrado. Este centro será como el motor capaz de estimular la organización de las fuerzas democráticas contra el imperialismo y su sola creación ya constituye una seria advertencia a los gobiernos monopolistas que amenazan y chantajean con arrastrar en sus aventuras a los pueblos débiles y desprevenidos.

Los demócratas del mundo entero y particularmente los trabajadores y los comunistas de todo el mundo no pueden dejar de recibir con alegría la noticia de la creación del centro de informaciones en Belgrado. En el vemos elevarse la bandera gloriosa de la lucha por el socialismo, y no hay duda alguna que el órgano a ser publicado por el Buró de Información de Belgrado ayudará mucho a los pueblos del mundo entero a comprender la orientación política de la vanguardia más esclarecida del proletariado mundial fuertemente armada con la ciencia social verdadera del marxismo-leninismo-stalinismo.

Y es por eso también que se debe comprender que la reacción imperialista y la prensa a su servicio ya se lanzaron al ataque contra la Conferencia de Varsovia y particularmente contra el recién creado Buró de Información de Belgrado, desde luego apuntando como reencarnación de la Internacional Comunista.

Para deshacer la provocación ya tenemos hoy la palabra autorizada de Stalin, según la versión dada al público por el diputado laboralista inglés Ziliacus de la exposición que sobre el asunto mantuvo en Sochi, en el Mar Negro, con el gran jefe de los pueblos soviéticos. Dice Ziliacus que son casi textuales las siguientes palabras de Stalin:

“La Internacional Comunista desempeñó un papel importante en el establecimiento de relaciones entre los trabajadores de diferentes países, ayudó a desarrollar líderes entre los propios trabajadores. Pero hoy, la situación es diferente, en cierto número de países los Partidos Comunistas son poderosos representantes de amplios sectores de la población, tienen grandes responsabilidades, están profundamente enraizados en sus propios países y son dirigidos por hombres capaces. Sería una utopía extravagante intentar dirigir partidos desde algún centro común. Como lo entiendo, la declaración de los nueve Partidos Comunistas significa que los comunistas de aquellos países trabajan en común, por un lado para mejorar las condiciones de la clase obrera y del pueblo en general, y, por otro, para defender la independencia y la soberanía de sus patrias”.

Y completa Stalin su pensamiento:

“Sería una estupidez hacer andar para atrás la rueda de la historia… intentar formar una Internacional Comunista sería utópico y los comunistas no son utópicos”.

En efecto son tan diferentes por sus objetivos, por su contenido, por las formas de organización que adoptan la extinta Internacional Comunista y el recién formado Buró de Belgrado que sólo como una provocación policial sería posible cualquier confusión.

La Internacional Comunista surgió en 1919 como uno de los frutos de la Revolución de Octubre y como consecuencia también de la bancarrota de la II Internacional. Su tarea principal consistía en unir a los obreros revolucionarios de los diversos países, organizándolos en partidos verdaderamente marxistas-leninistas, capaces de luchar contra el social-chovinismo de los socialtraidores de la II Internacional, consistía finalmente en un auxilio para la promoción y consolidación, en todos los países en que fuera posible, de una vanguardia de los más destacados trabajadores organizados.  La III Internacional unía y movilizaba a los trabajadores en defensa de sus intereses económicos y políticos y para la lucha contra la reacción, el fascismo y la guerra, que este último preparaba y para el apoyo a la Unión Soviética, como el principal baluarte de la causa de Paz y del Antifascismo.

El cuño característico de la Internacional Comunista residía en el sentido de disciplina voluntariamente aceptada y de los fuertes lazos de cohesión que unían a los partidos afiliados al centro que decidía por su Congreso Mundial, instancia superior de la Internacional Comunista, sobre todas las cuestiones esenciales, de programa y de táctica. En la ocasión del II Congreso de la I.C. Lenin afirmaba:

“El Congreso creó en los PP.CC. de todo el mundo una cohesión y una disciplina como jamás existieron anteriormente y que permiten a la vanguardia de la revolución obrera continuar marchando para el frente a pasos agigantados hasta su gran objetivos: la destrucción del yugo de capital” (Vol. IV, pág. 361 – Obras Escogidas).

Solo así realmente podría la nueva organización obrera cumplir su formidable tarea de organizar y educar a la vanguardia revolucionaria del proletariado, tarea histórica que fue sin duda llevada a buen término y que tuvo, como lógica consecuencia, la disolución espontánea de la propia organización, cuando en 1943, dada la nueva situación del mundo, no se justificaba más su existencia. Cumplida la heroica misión de la Internacional de Lenin, estaba en 1943, su forma de organización ya superada, como claramente fue dicho en la época por el Presidium del Comité Ejecutivo en la resolución que se convirtió en pública:

“Guiados por el juicio de los fundadores del marxismo-leninismo, los comunistas jamás apoyaron la conservación de formas de organización que sobrevivieran a su utilidad. Siempre subordinaron las formas de organización del movimiento de la clase obrera en su conjunto a las peculiaridades de la situación histórica concreta y a los problemas que resultan inmediatamente de esta situación. Los comunistas recuerdan el ejemplo del gran Marx, que se unió a los más destacados trabajadores en las filas de la Asociación Internacional de los Trabajadores, y, cuando la Primera Internacional cumplió su tarea histórica, de colocar los cimientos para el desarrollo de partidos de la clase obrera en países de Europa y América, y, en consecuencia de la situación de madurez que creaba partidos nacionales de la clase obrera, disolvió la Primera Internacional, puesto que esta forma de organización ya no correspondía a los problemas que tenía en frente”.

El desarrollo histórico, el propio crecimiento de los Partidos Comunistas, la madurez política de sus cuadros dirigentes, además de la complejidad de la situación mundial, volvió perjudicial e inútil, de modo evidente, la existencia de la Internacional Comunista como centro rector del movimiento mundial de la clase obrera. Hoy, cuatro años pasados de aquella disolución espontanea, pretender volver a la misma forma de organización, sería querer hacer andar para atrás la rueda de la historia, como dice Stalin, sería una tarea utópica y reaccionaria.

El Buró de información, con sede en Belgrado, tiene objetivos diferentes de los de la Internacional Comunista. No posee ni de lejos aquellas características de cohesión y disciplina a que se refería Lenin.

Respondiendo recientemente a una entrevista de “United Press”, Luiz Carlos Prestes así hablaba sobre el Buró de Belgrado:

“El Buró de Información creado por la Conferencia de Varsovia coloca el intercambio de experiencias y la coordinación voluntaria de sus esfuerzos, a fin de vender de manera más fácil viejas contradicciones entre sus pueblos (de los nueve Partidos) y unirlos mejor contra la agresividad del imperialismo, en defensa de la paz, de la soberanía nacional de cada pueblo, de la democracia y del progreso”.

Y más adelante:

“La propia organización del Buró ya es un enseñanza, porque sólo se impedirá la guerra luchando unidos y desenmascarando imperiosamente a los provocadores de guerra. Es claro que las divergencias entre estos provocadores de guerra y los pueblos que quieren la paz aumenten cada vez más, es un antagonismo que se profundiza y cuya superación, que será el aplastamiento de los restos fascistas provocadores de guerra, se vuelve más próxima”.

La Internacional Comunista fue en su tiempo un centro eminentemente revolucionario, organizador y dirigente de la lucha del proletariado contra la burguesía que predominaba en el gobierno de todos los países, excepto la Unión Soviética. Hoy, al contrario, el Buró de Información de Belgrado es una organización de partidos que están en el gobierno y que se congregan para unificar mejor la acción de sus pueblos contra la agresividad del imperialismo americano y de sus lacayos en cada país que perdieron sus viejas posiciones en el aparato estatal y asisten a la destrucción por sus pueblos, al final libres y señores de sus destinos, de las bases económicas en que reposaban por siglos su fuerza.

El Buró de Belgrado y los PP.CC. de América Latina

Pero si el Buró de Información de Belgrado está abierto a la adhesión voluntaria de los demás Partidos Comunistas del Mundo, ¿qué actitud debe ser tomada por los comunistas de América Latina y, más particularmente, por el Partido Comunista de Brasil?

Luiz Carlos Prestes, aún en respuesta a los requerimientos de “United Press”, definía de manera más clara e incisiva nuestra posición, en relación de la pregunta que trataba de la invitación de Luigi Longo, del Partido Comunista Italiano, para que los PP.CC. se adhieran al Buró:

“La invitación de Longo –dice Prestes- es naturalmente dirigida a los demás Partidos Comunistas europeos, de aquellos países donde la correlación de fuerzas sociales es igualmente favorable a la clase obrera. El caso brasileño, como los demás partidos americanos, es completamente diferente”.

De hecho, la situación de los pueblos latino-americanos es muy diferente a la de los pueblos europeos. La correlación de fuerzas sociales es aún brutalmente favorable en América Latina a la reacción, a la burguesía reaccionaria, a los grandes propietarios de la tierra, latifundistas, a los financistas agentes del capital extranjero, especialmente norte-americano.

Pero el enemigo principal de la clase obrera y de los pueblos latino americanos es el imperialismo yanqui, que nos oprime y nos esclaviza. Precisamente por eso, los comunistas latino-americanos no pueden dejar de recibir con inmensa satisfacción la iniciativa de la Conferencia de Varsovia y con grandes esperanzas la noticia de la creación del Buró de Belgrado, que bien traducen la ofensiva de las fuerzas democráticas contra la agresividad imperialista. El Buró de Belgrado hará conocer al mundo entero la orientación política de la vanguardia más esclarecida del proletariado mundial y es precisamente en eso que está su mayor importancia para los comunistas latino-americanos.

Imaginar una organización semejante de los Partidos Comunistas de América Latina, en el momento actual, o pensar en una adhesión al Buró del Belgrado a nosotros nos parece perjudicial a la lucha de liberación nacional de nuestros pueblos contra la explotación imperialista.

Está en el orden del día para los pueblos del continente americano la discusión y la solución del estado de empobrecimiento y de miseria, de la decadencia física, del analfabetismo, de la salud, de la estúpida explotación de los banqueros extranjeros y de sus agentes, los grandes terratenientes y la burguesía reaccionaria, debatir y enfrentar la terrible situación en que se encuentra la mayoría aplastante de la población de nuestro país. Esa es nuestra tarea histórica, es el objetivo común que a nosotros los comunistas latino-americanos nos debe ligar y unir, también al proletariado norte-americano, la formación de un frente común de todos los patriotas y demócratas, independientemente de la clase social a que pertenezcan contra el opresor imperialista y por la emancipación nacional de nuestras patrias.

Los comunistas latino-americanos tienen hoy, como misión indeclinable, colocarse al frente de sus pueblos para la lucha anti-imperialista e, interpretando el sentimiento de progreso, democracia e independencia que tan vigorosamente han revelado, reunirlos en conferencias o Congresos, para actuar más eficazmente contra el enemigo común.

Las condiciones para iniciativas de tal naturaleza solo podrán surgir, sin embargo, en la medida en que, en cada país del continente, nosotros, los comunistas, sepamos luchar efectivamente por la paz, por el bienestar de nuestros pueblos y por la soberanía de nuestras naciones. Día a día aumenta en el continente la explotación del capital financiero colonizador y los acontecimientos de los últimos meses en casi todos los países latino-americanos revelan suficientemente las intenciones siniestras del imperialismo, que emplea todos los recursos, del chantaje de guerra al soborno, de la presión económica y política a las formas más sutiles de penetración, a fin de dominar completamente nuestros pueblos, saquear nuestras riquezas y, finalmente, utilizar nuestros hijos como carne de cañón en sus aventuras guerreras contra los pueblos libres en marcha al socialismo, particularmente contra los pueblos de la Unión Soviética.

Sería un crimen, frente a tales actos, quedar de brazos cruzados, apáticos y pasivos. Como dice, con razón, la declaración de los nueve Partidos reunidos en Varsovia:

“El principal peligro para la clase obrera consiste en la subestimación de sus propias fuerzas y en la sobreestimación de la fuerzas del campo imperialista… Los Partidos Comunistas deben encabezar la resistencia a los planes de expansión imperialista y de opresión bajo todos los aspectos, política, económica e ideológica. Se deben concentrar y unir sus esfuerzos en base a un programa común democrático y anti-imperialista y reunir en torno de ellos todas las fuerzas democráticas y patrióticas del pueblo”.

En esta lucha contra el imperialismo es inmensa la responsabilidad que pesa sobre los hombros de los comunistas brasileños. Esto se debe, no solamente a la importancia de Brasil como mayor y más poblado país del continente, sino también a su posición geográfica y estratégica, camino forzado entre los EEUU a África y Europa, se debe aún a las riquezas mineras que posee, inclusive el petróleo, además de hierro, manganeso, cristales, etc. Aún más, nuestro pueblo es uno de los más explotados del continente y fue sin duda, nuestra economía la que más sufrió desde 1929 con el inicio de la crisis general del capitalismo que, sumada a la crisis agraria crónica, trajo al país la difícil situación económica y financiera en que hoy se debate y que sólo puede ser resuelta a través de profundas reformas en la estructura.

En vista de esas circunstancias, sólo la pasividad o el oportunismo, sólo una total incomprensión de la situación y una inconcebible incapacidad para ligarse a las grandes masas explotadas y oprimidas pueden explicar, junto con la conocida falta de organización de masas en que aún nos encontramos en Brasil, el actual avance de las fuerzas del imperialismo yanqui en el país y los golpes sucesivos contra las conquistas democráticas más elementales y la Constitución de 1946.

Es nuestro deber, sin embargo, no escatimar esfuerzos para detener la marcha de la reacción en Brasil. Para ello se vuelve, de principio, indispensable comprender bien la actual situación nacional y mundial, y también, que ya estamos en 1947 y no más en 1945. La presente situación es completamente distinta de aquella en que se hallaba el mundo al alcance de la legalidad para nuestro Partido. En aquella época, la victoria militar sobre el nazismo aseguraba un poderoso y rápido avance de las fuerzas de la democracia y aquí en Brasil lo esencial era garantizar el camino pacífico de la reconstitucionalización del país, evitando cualquier pretexto que pueda servir a los restos fascistas para restaurar la dictadura y ahogar la Nación con un baño de sangre, como llegó a ser intentado el 29 de octubre. Hoy la situación es otra, los campos imperialista y anti-imperialista están bien marcados en Brasil, sólo a resta los demócratas y patriotas enfrentar con coraje la ola reaccionaria e imperialista sin miedo de que la lucha, sean cuales quieran las consecuencias, pueda efectivamente servir para cualquier cosa peor que la dictadura terrorista de Dutra que, al servicio del imperialismo norte-americano, aplasta las conquistas democráticas de nuestro pueblo, rompe la Constitución y vende a los banqueros extranjeros las riquezas de la Nación.

Sepamos evitar con inteligencia las provocaciones, pero tratemos de ligarnos al pueblo, a las grandes masas trabajadoras de las ciudades y los campos, a fin de impulsarlos sin recelo en la lucha por sus reivindicaciones más inmediatas, económicas y políticas, en la lucha contra la miseria y el hambre, contra el terror policial, por los derechos constitucionales, como también contra los explotadores extranjeros y los gobernantes que entregan Brasil a la colonización imperialista.

En la defensa de la democracia y de la Constitución precisamos mostrar al pueblo la necesidad imperiosa de no ceder un paso sin lucha, sin protesta, sin enfrentar con coraje y de forma cada vez más vigorosa cualquier atentado de la reacción. Es indispensable desenmascarar sistemáticamente las maniobras del imperialismo y de sus agentes en el gobierno del país. Mostrar particularmente, el verdadero sentido de lucha contra el comunismo que es, antes que todo, una lucha contra el progreso y la democracia. El reciente acto de Dutra rompiendo relaciones con la URSS requiere ser pacientemente analizado para que las grandes masas puedan comprender su verdadero sentido. Un gobierno incapaz de resolver los problemas más apremiantes, un gobierno impopular, que se debate entre las más profundas contradicciones de la clase dominantes y que precisa acabar con la democracia para vender la Patria más fácilmente a los banqueros yanquis, busca en la ruptura de relaciones con la URSS la manera de engañar a la opinión pública, exaltar un falso patriotismo que supone le puede ayudar a crear un ambiente de desorden que justifique, además de masacrar a comunistas y demócratas, la suspensión de las garantías constitucionales.

En esta lucha enérgica, persistente, valerosa y sistemática en defensa de la democracia y contra el imperialismo, se hace menester también saber desenmascarar a los falsos demócratas, a los capitulacionistas y cobardes que aprovechan todos los pretextos y todas las oportunidades para servir a los liberticidas, a los traidores y a la dictadura terrorista de Dutra. Suficientemente flexibles para no dejarnos aislar, sabiendo marchar con todos los que en cualquier momento defiendan la Constitución, debemos sin embargo, nosotros los comunistas, ser implacables en el desenmascaramiento de los demagogos, de los “izquierdistas”, y “socialistas”, de los que se sirven por táctica los agentes del imperialismo, tal como lo hacen en Europa con los jefes de la social-democracia.

Nosotros los comunistas brasileños, al conmemorar festivamente el 30° aniversario de la gran Revolución de Octubre, podemos sentirnos orgullosos del trabajo ya realizado en la organización y educación del pueblo. Pero es necesario subrayar y debemos comprender que es mucho mayor la tarea a realizar a fin de liberar a  nuestro pueblo de la explotación imperialista y de la opresión cada día mayor de la dictadura terrorista de Dutra y sus secuaces y conquistar la independencia nacional. La Constitución y la democracia no serán defendidas con éxito si nos quedamos de brazos cruzados. Marchemos al encuentro del pueblo, liguémonos estrechamente a las grandes masas trabajadoras, ayudémoslas a organizarse, luchemos juntos, favoreciendo la más amplia Unión Nacional para protestar contra la dictadura, frenar el avance de la reacción e impedir a esclavización de nuestra Patria por el imperialismo. Será así, resistiendo con denuedo a la reacción y al imperialismo que conseguiremos la solución pacífica para los grandes problemas nacionales y aseguraremos la marcha de nuestro pueblo por el camino de la Paz, del progreso y de la democracia.

Tomado de: https://serviraopovo.wordpress.com/2017/09/04/no-30-o-aniversario-da-revolucao-de-outubro-pedro-pomar-1947/

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El Partido – Necesidad histórica (Pedro Pomar)

Documentos sobre Pedro Pomar

Nota: Pedro Pomar fue un gran comunista esclarecido en el desarrollo del Partido Comunista de Brasil, debido a su importancia y legado en la formación del maoísmo brasileño, vamos a reproducir varios documentos que fueron publicados en la página serviraopovo.wordpress.com

Nota del blog: A continuación publicamos un importante artículo del gran dirigente comunista brasileño, el camarada Pedro Pomar, sobre el papel trascendental e inapagable del Partido Comunista hasta la época, con ocasión de los 50 años de la fundación del P.C.B y los 10 años de su reconstrucción desde 1962.

“El Partido Comunista de Brasil tiene un destino glorioso, pertenecer a sus filas es motivo de honra y legítimo orgullo revolucionario, defenderlo y fortalecerlo es lo más elemental de los deberes de todos los comunistas”.

En ocasión del 104° aniversario del natalicio del gran dirigente comunista, camarada Pedro Pomar – 23 de septiembre de 1913.

 

La Clase Obrera N° 66, julio de 1972

Al completar el 50° aniversario de su fundación y el 10° de su reorganización, el Partido Comunista de Brasil publicó un balance crítico y autocrítico de la trayectoria que recorrió “Cincuenta años de lucha”. Se trata de una importante contribución a la lucha emancipadora de la clase obrera y del pueblo brasileño. El resumen abreviado de las grandes luchas de los comunistas, desde 1922, y la generalización de las experiencias fundamentales de todo ese periodo, bien como la caracterización del papel desempeñado por las figuras destacadas del movimiento comunista en nuestro país, venían siendo insistentemente reclamadas como nuevas armas para reforzar la educación de los comunistas, especialmente de los jóvenes, y subrayar la significación del Partido Comunista de Brasil en el curso del movimiento revolucionario brasileño y en su futuro. En los últimos años, sobre todo en la fase más intensa del combate al liquidacionismo revisionista de derecha y de “izquierda”, se colocaron en el orden del día y ganaron fuerza cuestiones teóricas y políticas de relieve, entre ellas la cuestión de la existencia del Partido, de su necesidad histórica, de sus perspectivas revolucionarias. La empresa para elucidar estos problemas no era fácil, requería tiempo, condiciones de estudio, investigaciones y debates, un clima aireado y no los de una dura clandestinidad como la actual. Exigía simultáneamente mayor madurez teórica, amplia visión histórica y aguda percepción política. Sobreponiéndose a estas dificultades y limitaciones, el Comité Central del Partido Comunista de Brasil atendió a esos reclamos y realizó un trabajo valioso, que ciertamente ayudará a formar a los nuevos y a reeducar a los viejos militantes proletarios, a corregir antiguos y persistentes errores, en suma, a instruir políticamente a las masas dándoles también la oportunidad una vez más de medir el grado de seriedad con que el Partido viene encarando su ardua y más gloriosa tarea de dirigir la revolución.

En Brasil, al examinar la realidad, se debe tener en cuenta que la tradición de las organizaciones políticas populares prácticamente no existió o fue muy débil. Las fuerzas reaccionarias levantaron contra ellas obstáculos de todo tipo y continúan aplicándoles una persecución feroz. Por eso, sus vínculos materiales y su fuerza de cohesión siempre fueron bastante débiles. Les faltaba, antes que nada, una teoría acertada, una base ideológica que les diese solidez y estabilidad. De esa forma, a ciertas personas les parece inusitado, artificial o incluso obra de fuerzas extrañas, el hecho de que un partido político que jamás ocultó sus objetivos revolucionarios, su naturaleza de clase, su teoría marxista-leninista y su fidelidad al internacionalismo proletario, no solo haya sobrevivido medio siglo, sino que se haya convertido en un partido nacional, de masas, el más auténtico de los que existieron en nuestro país. Ésta, por tanto, es una realidad viva, indiscutible. En sí misma, da una idea de la magnitud del emprendimiento y de la fuerza de las aspiraciones revolucionarias del proletariado brasileño. De otra forma no se puede comprender como el Partido ha soportado tan duras persecuciones y subsistido. Y aun los que vivieron más de cerca y lucharon largamente para que vengase esa organización, tienen dificultades en relatar las vicisitudes atravesadas y los obstáculos vencidos para mantenerla y hacerla progresar. En consecuencia, nunca está demás recordar la saga de heroísmo y sacrificios de todos los que lucharon para que la llama de la revolución y del socialismo, sustentada por el Partido Comunista de Brasil, iluminase sin cesar la marcha de nuestro pueblo.

Cincuenta años son sin duda más que suficientes para evaluar la significación de una corriente política y el destino que le está reservado. Actuando en un periodo tan largo y de los más agitados y fecundos de la historia del país y del mundo, la práctica del Partido Comunista de Brasil no podía dejar de ofrecer riquísimas lecciones que permiten juzgar si su existencia fue o no una necesidad imperativa de las condiciones concretar brasileñas y del movimiento obrero. Es claro que tal juicio no debe provenir de la propia voluntad del Partido ni exprimir cualquier espíritu de vanagloria. Un partido político sólo se revela históricamente necesario, cuando está destinado, por las condiciones objetivas, por intereses reales, por su programa, su conducta y su dirección, a tomar el Poder y a edificar un nuevo régimen político y social. En el momento en que se escriba la historia completa del Partido Comunista de Brasil, se comprobará claramente que su existencia obedeció a la lógica férrea de la evolución social brasileña, se convirtió en parte integrante, inseparable de la historia del proletariado y del pueblo brasileño.

En esos cincuenta años, el Partido Comunista de Brasil, además de expresar políticamente la presencia de la clase obrera en la vida del país, fue el principal artífice de importantes acontecimientos. Promovió grandes movimientos y campañas políticas y llegó a dirigir la insurrección nacional libertadora de 1935. Tales sucesos tuvieron una enorme resonancia, elevaron el nivel de conciencia antiimperialista y democrática de las masas populares y contribuyeron a desenmascarar el carácter reaccionario y traidor de las clases dominantes. A pesar de los reveses y de los errores, fue y continua siendo una constante en la actividad del Partido Comunista de Brasil la lucha para concretar la revolución agraria y antiimperialista, democrática y nacional, la única capaz de liberar al país de la dependencia al imperialismo, asegurar la libertad para las grandes masas explotadas y oprimidas y abrir la vía para la construcción de la sociedad socialista en Brasil. En torno a esa cuestión y del camino para resolverla es que se dividió el viejo partido, que se dio la ruptura con los revisionistas de Prestes y se traba hoy la lucha contra todas las formas de oportunismo, tanto fuera como dentro del Partido al expulsar a los revisionistas, en 1962, y renovarse, puede el Partido Comunista de Brasil levantar con más claridad y más decisión la bandera de la revolución liberadora y democrática, convirtiéndose en el partido de la esperanza del pueblo brasileño y volviéndose merecedor del justo aprecio entre los destacamentos marxistas-leninistas del movimiento proletario internacional. La necesidad de un partido marxista-leninista, verdaderamente proletario y revolucionario, se impone aún más en nuestra época, conforme señala el documento “Cincuenta años de Lucha”, porque la vida probó que sólo él puede llevar la causa del pueblo al triunfo. Tanto la burguesía nacional como la pequeña burguesía fracasaron en conducir a buen término el proceso revolucionario. Vacilantes e inconsecuentes, ellas no fueron capaces siquiera de crear organizaciones políticas algo estables y fuertes. Al paso que el proletariado comprende cada vez más que se volverá invencible, en la medida en que sepa vincular su ideología revolucionaria con los lazos materiales de la organización. Lenin enseñó que en la lucha por el poder y para emanciparte de toda explotación y opresión, el proletariado sólo tiene un arma: la organización, esto es, el Partido. El gran maestro revolucionario mostró que sólo los que necesitan del socialismo y se dedican en cuerpo y alma a su victoria poseen espíritu de partido, luchan para fortalecer el Partido.

En el transcurso de cincuenta años, varios factores objetivos y subjetivos, de orden nacional e internacional, influirían igualmente para la existencia del Partido Comunista de Brasil. Basta recordar la influencia de la Revolución de Octubre y la ayuda de la Internacional Comunista, así como, más recientemente, la solidaridad de las fuerzas marxistas-leninistas a nuestro Partido. Nunca estuvimos apartados de la lucha revolucionaria de la clase obrera y de los pueblos del mundo entero. Por eso siempre fuimos grandemente beneficiados. En un determinado momento de la polémica pública entre los marxistas-leninistas y los revisionistas contemporáneos, el Partido Comunista de Brasil fue cuestionado. El renegado Kruschov en ese entonces al frente del PCUS [Partido Comunista de la Unión Soviética], acusó a los principales dirigentes de nuestro Partido de divisionistas. En la defensa de nuestros camaradas se levantaron el Partido Comunista de China y el Partido del Trabajo de Albania y otras fuerzas marxistas-leninistas saludando su lucha por la reorganización del Partido Comunista de Brasil.

Esa polémica comprobó, una vez más, que la existencia de un partido político se relaciona con la presencia de un núcleo dirigente, elemento principal entre los que confluyen obligatoriamente para la constitución de ese partido. El Partido Comunista de Brasil tuvo la ventaja de contar con un núcleo de camaradas de cierta experiencia política y organizativa, dispuestos a enfrentar la misión de construir un verdadero estado mayor revolucionario del proletariado. Unido en torno de los principios marxistas-leninistas y de la lucha para aplicarlos creadoramente a la realidad brasileña, ese núcleo se van consolidando, ampliándose con cuadros jóvenes y esforzándose tenazmente para que el Partido preserve y desarrolle sus tradiciones combativas. Todos los enemigos comprenderán que la existencia de ese núcleo dirigente era una premisa esencial para volver al Partido Comunista de Brasil apto para cumplir su grandiosa tarea revolucionaria. Lo atacaron furiosamente y continúan empeñados en eliminar ese núcleo, por todos los medios a su alcance, no obstante, actuando así, ellos ayudan a demostrar la importancia decisiva del Partido Comunista de Brasil de poseer una dirección que guarda la continuidad de lucha revolucionaria y procura colocarse teórica y políticamente a la altura de sus responsabilidades históricas.

El Partido Comunista de Brasil tiene un destino glorioso, pertenecer a sus filas es motivo de honra y legítimo orgullo revolucionario, defenderlo y fortalecerlo es el más elemental de los deberes de todos los comunistas.

https://serviraopovo.wordpress.com/2017/09/02/o-partido-necessidade-historica-pedro-pomar-1972/

 

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