A un año del nuevo gobierno

Frente Revolucionario del Pueblo

Marzo de 2007, Bolivia

 ————————-

 

 

A UN AÑO DEL NUEVO GOBIERNO

 

I. SITUACIÓN INTERNACIONAL

 “Todos los reaccionarios intentan eliminar la revolución por la matanza en masa y piensan que cuanta más gente asesinen tanto más débil será la revolución. Pero, en contra de este deseo subjetivo de la reacción, los hechos muestran que cuanta más gente asesina la reacción, mayor es la fuerza de la revolución y más se acercan los reaccionarios a su fin. Esta es una ley ineluctable”.

Presidente Mao Tsetung

“La experiencia de la lucha de clases en la época del imperialismo nos enseña que sólo mediante la fuerza del fusi1, la clase obrera y las demás masas trabajadoras pueden derrotar a la burguesía y la clase terrateniente armadas; en este sentido cabe afirmar que sólo con el fusil se puede transformar el mundo entero”.

Presidente Mao

T. II, pág. 231.

LA TENDENCIA EN EL MUNDO

Partimos por reafirmarnos en que la tendencia principal en el mundo hoy es la revolución, afirmación que hizo hace muchos años el Presidente Mao. Es una cuestión central y certera para nosotros y así lo demuestran las innumerables luchas de los pueblos alrededor del planeta. Luego de la bancarrota del socialimperialismo soviético se han escrito montañas de libros para demostrar que lo que se derrotó allí fue el marxismo, el comunismo, se habló del “fin de la historia”, “fin de las ideologías”, “nueva era de paz” y un sinnúmero de barbaridades con la vana pretensión de acabar con la ideología del proletariado, pero, dónde ha quedado toda esa palabrería barata? “los hechos son tercos” decía Lenin, y los hechos demuestran que la famosa era de paz y de fin de la historia, de la lucha de clases, no es tal, todo lo contrario, los pueblos luchan hoy con más firmeza por sus derechos, por mejorar sus condiciones de vida, contra la agresión imperialista, contra la dominación capitalista, contra los programas económicos imperialistas; y lo podemos ver en todos los continentes a través de diferentes manifestaciones, movimientos antiglobalización, contra la guerra, antiimperialistas, revolucionarios, etc. por todo el globo terráqueo los pueblos se levantan y se ponen de pie, hoy más que nunca se cumple lo que el Presidente Mao señaló con mucha certeza, ahí donde hay explotación, hay rebelión; ¿cuál es el quid para nosotros los comunistas? Es que debemos asumir nuestra responsabilidad de dirigir toda esta lucha revolucionaria por el camino de la verdadera emancipación y liberación, por el camino del socialismo y comunismo, y definitivamente no arrastrarnos a la cola del oportunismo y revisionismo, a la cola del nacionalismo burgués y el pacifismo vulgar, pues lo que quieren la masas es revolución, revolución proletaria real y verdadera.

Las contradicciones en el mundo son tres, la primera y principal es imperialismo-pueblos y naciones oprimidas, la segunda proletariado-burguesía y la tercera contradicciones interimperialistas. La primera contradicción acicatea la lucha de clases en el mundo, por eso es principal, los conflictos internacionales lo demuestran. La intervención yanqui en Iraq y en Afganistán, bajo el pretexto de “combatir al terrorismo”, “llevar la democracia a estos países”, “llevar libertad”, ha generado miles de muertos entre hombres, mujeres y niños, como en la época de la acumulación originaria del capital, la “democracia” yanqui se ha bañado en sangre con la muerte de más de 300 mil seres humanos sólo en territorio iraquí (según fuentes gubernamentales)[1]. De manera burda y descarada, George Bush y su séquito hablan hoy de “joven democracia iraquí”, “libertad al medio oriente”, pretendiendo ocultar las más atroces barbaridades cometidas por sus tropas, que con cruel desprecio, sevicia y sadismo (incluso sexual) asesinan, violan y torturan; atrocidades que no pueden quedar impunes, por las que el imperialismo y todos sus lacayos responderán cuando los pueblos del mundo se pongan de pie y den muerte definitiva a este sistema de explotación. Tarea especial tienen aquí el pueblo norteamericano y los pueblos de las grandes potencias, que deben desenmascarar a sus gobiernos responsables de estos crímenes contra la humanidad en los países oprimidos, deben luchar para detener semejante brutalidad, so pena de quedar cómplices como quienes callaron en Europa las atrocidades nazis.

El imperialismo, especialmente yanqui, se ha constituido en el enemigo principal de los pueblos del mundo. Bajo la llamada “guerra contra el terrorismo” interviene allí donde sus intereses se ven afectados, donde los pueblos están luchando, llevando una fascistización a todas las sociedades, inclusos en sus propios países, EE.UU, Canadá, Europa, Australia, etc. toman medidas que restringen cada vez más los derechos y libertades de sus pueblos, todo esto es una fuerte ola reaccionaria destinada a aplastar los gritos de rebelión y revolución dentro de este nuevo reparto del mundo luego de la caída del socialimperialismo soviético.

Pero los pueblos del mundo no han quedado de brazos cruzados sino, debido a esta feroz arremetida imperialista, el nivel de conciencia de las masas se eleva cada vez más y se expresa en diferentes luchas contra las políticas imperialistas como ya hemos señalado. Aquí es importante resaltar el papel de la resistencia iraquí, la lucha contra la ocupación en Afganistán, la reciente guerra en el Líbano, donde los pueblos dan muestras de verdadero antiimperialismo, heroicidad y entrega. La resistencia iraquí ya ha causado más de 3 mil bajas a las tropas invasoras yanquis y británicas, sin contar la cantidad de heridos. A nivel estratégico EE.UU. no ve una salida en Iraq, se escuchan las voces agoreras de la derrota yanqui incluso en el propio senado norteamericano, que pide inmediatas acciones para evitar la catástrofe, los planes de la Casa Blanca de enviar otros 20 mil soldados no cambiarán esta situación sólo la agudizará. Cosa similar sucede en Afganistán donde la resistencia es un problema más serio del que esperaba la OTAN, en varias ocasiones han dicho que la situación en Afganistán, especialmente donde el Talibán tiene influencia, es muy difícil. Recientemente han declarado que los objetivos de derrotar la resistencia afgana no están claros y que la OTAN va a tratar de conseguir éxitos pero no garantiza resultados. Un país pobre, débilmente armado que enfrenta a una coalición de países invasores con armas modernas es la mejor lección de que las armas no definen y que los pueblos no permitirán la ocupación imperialista en ninguna parte. Por otro lado, la guerra en el Líbano mostró que los israelíes, fichas norteamericanas en medio oriente, no podrán aplicar sus planes libremente. La campaña israelí terminó en un fracaso político lo que complica los planes norteamericanos en Irán, porque es sabido que el ataque a Líbano era parte de los planes de intervención yanqui en Irán. Los pueblos en diferentes ciudades de Europa, América Latina, Asia, África, han mostrando su rechazo y repudio a los planes imperialistas.

Es también fundamental referirnos a las luchas dirigidas por los comunistas de hoy, los maoístas, porque sus luchas expresan la dirección del movimiento comunista internacional y la aplicación concreta y real del camino de transformación en la lucha por el socialismo y el comunismo, especialmente cuando diversos gobiernos revisionistas y reformistas en muchos países se llenan la boca de revolución y socialismo, y nuestra tarea es desenmascararlos.

Las Guerras Populares señalan la dirección en la que debemos marchar, están marcando hitos en la lucha contra el imperialismo, el capitalismo y la feudalidad. La guerra popular en el Perú, a pesar de las dificultades y retrocesos que hoy atraviesa, brinda importantes lecciones al proletariado mundial, persistiendo y destruyendo los planes de acabar la guerra planteada por aquellos que propusieron un Acuerdo de Paz y Solución Política a los problemas derivados de la guerra. La revolución en el Perú tiene como tarea superar dichos intentos y recuperarse de los golpes sufridos por la reacción y el imperialismo, el mejor apoyo que podemos brindar los revolucionarios del mundo es acelerar nuestros propios procesos de liberación.

La Guerra Popular en Nepal que se ha constituido en una de las luchas más avanzadas del mundo, atraviesa una situación delicada, desde nuestro punto de vista la dirección del CPN(M), al firmar el acuerdo de paz y desarmar al Ejército Popular de Liberación bajo supervisión y control de las Naciones Unidas para embarcarse en el gobierno provisional, ha capitulado ante el viejo Estado y sus propios objetivos de conquistar el poder y construir un Estado de Nueva Democracia. Es necesario retomar el camino de destruir el Estado reaccionario, sin tener confianza en una Asamblea Constituyente, reafirmarse en que sólo a través de la violencia revolucionaria se pueden cumplir los objetivos establecidos al iniciar la Guerra Popular. De proseguir el camino señalado por la dirección del CPN(M), las masas nepalesas perderán lo que han conquistado pues el imperialismo, el expansionismo indio y las clases reaccionarias nepalesas siempre han visto su mayor peligro en las masas armadas. Nos reafirmamos en que el poder nace del fusil, y sin un ejército popular, nada tendrá el pueblo, lecciones que el Presidente Mao enseñara a los comunistas del mundo y que hoy debemos tener siempre presente.

Asimismo es muy importante la guerra que se desarrolla en la India encabezada por el Partido Comunista de la India (maoísta), uniendo a los revolucionarios y asestando duros golpes a la clases dominantes que han desarrollando campañas genocidas contra el pueblo hindú, desde el corazón de América del Sur expresamos nuestra solidaridad y condenamos enérgicamente las atrocidades cometidas por los reaccionarios terratenientes y capitalistas, crímenes que no quedarán impunes y que el pueblo juzgará tarde o temprano.

Son también parte de este proceso las guerras en Filipinas y Turquía en diferentes estados de desarrollo pero confluyen en la nueva ola revolucionaria que vemos venir. Complementando esta situación se encuentran los Partidos Comunistas en procesos de constitución, reconstitución y preparación de revolución en sus países. El Movimiento Revolucionario Internacionalista es un paso importante y embrionario en la agrupación de maoístas en el mundo.

Como vemos, la contradicción imperialismo-pueblos y naciones oprimidas acicatea la lucha de clases en el mundo y prepara la nueva ola revolucionaria.

Respecto a la contradicción proletariado-burguesía podemos ver las diferentes luchas de la clase obrera y campesina, no sólo en los países pobres, sino también en los países ricos. En la propia Norteamérica las luchas populares e inclusive los desastres naturales han puesto al descubierto la naturaleza de las clases y la explotación que ejercen sobre su pueblo. En el mundo se ha creado una situación insostenible debido a la explotación capitalista e imperialista. Después de la llamada “guerra fría” las diferencias entre ricos y pobres han aumentado, esto lo ha reconocido la propia iglesia católica, escudo ideológico del imperialismo. Diariamente mueren 30 mil niños de enfermedades que son prevenibles, más de 800 millones de personas padecen desnutrición y dos tercios de ellas jamás cumplirán los 40 años de edad, 250 millones de niños del tercer mundo tienen que trabajar como niño-esclavos por dos comidas al día. A diario se obliga a decenas de miles de jóvenes a prostituirse. Cientos de millones de jóvenes sin trabajo recorren el mercado laboral globalizado como esclavos modernos en busca de sustento. La explotación capitalista mundial, la privatización, liberalismo y globalización intensifican la explotación de la fuerza de trabajo fríe a la gran mayoría de las masas del mundo en una gran cacerola. Esta es la realidad que el capitalismo voraz con su “democracia”, “libertad” y “progreso” mediante la “revolución tecnológica e informática” tiene para los pueblos del mundo.

En tanto, las naciones imperialistas pugnan por repartirse el mundo, EE.UU. como única superpotencia compite con la Unión Europea y Rusia por nuevos mercados, por los despojos de las ex colonias soviéticas, por ello traba guerras de agresión, Rusia pretende mantenerse con la hegemonía de sus zonas de influencia, y China busca emerger como gran potencia a costa del hambre y miseria de su propio pueblo y del enriquecimiento de su nueva clase dominante, en franca competencia por mercados internacionales siendo la economía que más ha crecido en estas últimas décadas.

Los medios imperialistas no cesan de decir que el sistema tiene oxígeno para rato y que las economías emergentes en el mundo (China, India, Brasil, recordemos que antes fueron los “tigres del Asia” de los cuales ya no se habla mucho). Según ellos son la reserva del mercado capitalista mundial, y con ello pretenden ocultar sus graves crisis económicas internas. Además tras el discurso de “economías emergentes” se oculta que la explotación y miseria de estos pueblos es cada vez mayor y que la “emergencia económica” se concentra en pequeñísimas manos de grandes burgueses y terratenientes.


AMÉRICA LATINA

 Somos anti-imperialistas porque somos marxistas, porque somos revolucionarios, porque oponemos al capitalismo el socialismo como sistema antagónico, llamado a sucederlo

J. C. Mariátegui

Ideología y Política

Kautsky ha roto con el marxismo al defender para la época de capital financiero un «ideal reaccionario», la «democracia pacífica», el «simple peso de los factores económicos», pues este ideal arrastra objetivamente hacia atrás, del capitalismo monopolista al capitalismo no monopolista, y es un engaño reformista

Lenin

El imperialismo, fase superior de capitalismo.

Obras Escogidas I.

Hacer la revolución no es ofrecer un banquete, ni escribir una obra, ni pintar un cuadro o hacer un bordado; no puede ser tan elegante, tan pausada y fina, tan apacible, amable, cortés, moderada y magnánima. Una revolución es una insurrección, es un acto de violencia mediante el cual una clase derroca a otra.

Presidente Mao
Informe sobre la investigación del movimiento campesino en Junán
Obras Escogidas, t. I.

La situación mundial también se expresa en América Latina con algunas particularidades. El imperialismo, principalmente yanqui, impuso el modelo económico “neoliberal” que generó más miseria, hambre y explotación, especialmente en aquellos países más dóciles a sus mandatos. Gobiernos proimperialistas no han dudado en ofrecer los recursos naturales a la voracidad yanqui bajo el pretexto de que el motor de la economía ahora es la inversión extranjera, y que la intervención estatal en la economía fue un fracaso. Contraponiendo al viejo programa del estatismo, se impulsó la intervención y explotación imperialista en los sectores principales de la economía, en países como el nuestro se entregó todo, hasta los sectores “estratégicos” como la energía (petróleo y gas), generando un saqueo atroz de los recursos económicos y grandes ganancias a las multinacionales.

Fueron programas que se impusieron a sangre y fuego, inaugurados en algunos países con el “retorno de la democracia”, dejando atrás a las “dictaduras militares”. Muy pronto esta promocionada “democracia” demostró que sólo servía para negocios con el imperialismo porque igual o peor que las “dictaduras militares” siguió bebiendo de la sangre del pueblo. Las propias cifras reaccionarias y de DD.HH. señalan que en casos como Colombia, Perú, Bolivia entre otros, han habido más muertos en “democracia” que en “dictadura”. Esto desenmascara la verdadera naturaleza del Estado, la esencia de aquello que llaman “democracia” que en fin de cuentas es dictadura burguesa, demostrando que la democracia tiene carácter de clase y por más que la intelectualidad pequeñoburguesa y los pensadores de ONG’s escriban montañas de libros sobre cultura de paz, diálogo, concertación y otras tantas ilusiones engaña ingenuos; los hechos muestran clases enfrentadas y la necesidad de violencia revolucionaria para acabar con el Estado capitalista.

El llamado modelo “neoliberal” entró en crisis, generando un sinnúmero de levantamientos populares en defensa de los intereses de los pueblos y en contra del saqueo imperialista. Una revisión general demuestra el carácter antiimperialista de estas luchas, que en Sudamérica se expresan en defensa de los recursos naturales, en contra de las políticas entreguistas de los gobiernos nativos, por mejores condiciones de existencia y derechos democráticos, económicos y sociales. Así sucede en Ecuador y Argentina con la movilización de las masas para cambiar varios gobiernos, en Perú donde las masas echaron a una empresa transnacional en Arequipa, en Bolivia el pueblo expulsó a la transnacional del agua Bechtel y lucha por la expropiación de capitales transnacionales incrustados en la minería, los hidrocarburos y los servicios, en Brasil el movimiento campesino avanza por conquistar la tierra, también están las luchas de las naciones y nacionalidades oprimidas, como la de los mapuches en Chile que sufren persecución y cárcel como presos políticos y, la de comunidades amazónicas contra los planes imperialistas de saqueo de sus riquezas. Estos levantamientos también tienen características armadas y plantean la destrucción del viejo Estado terrateniente burocrático como la revolución peruana, o algunas sin una clara meta socialista y más con una visión revisionista, como la guerrilla colombiana. Todas ellas reflejan el deseo de las masas de luchar contra este viejo sistema.

Pero también refleja la crisis profunda en la que están sumidos los Estados y la pérdida de legitimidad de las clases dominantes; por ello se han sucedido muchos cambios de gobierno, no pacíficos sino con violencia revolucionaria que, enfrentando a la violencia reaccionaria de la burguesía y los terratenientes, han rebasado sus fuerzas y han “echado” gobernantes proimperialistas. Este ascenso de las masas ha generado contradicciones en las clases dominantes y pugnas entre ellas, por una reconducción de la política planteada por el imperialismo. De este proceso han surgido “gobiernos populares”, ante la falta de una dirección proletaria, que plantean reformas para los Estados en crisis, pero que jamás han cuestionado la esencia del Estado capitalista ni la economía de mercado. Gobiernos como Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia se presentan al lado de Cuba, como eje de un “antiimperialismo” de postura y de palabra, más que de hecho, mientras ponderan las bondades para hacer negocios con Europa o China, que también tienen una política imperialista. Esto es sustituir un imperialismo, el yanqui, por otro, el europeo, ruso, chino o japonés. A continuación del “eje”, está una “corriente” de otros “gobiernos progresistas” en América Latina, como los de Lula, Kirchner, Tabaré, Bachelet, Correa y el “comandante” Daniel Ortega, con planes continuistas de la política “neoliberal” e impulso de “políticas sociales” que pretenden dar asistencialismo y caridad a los pueblos. Algunos de éstos para llegar al gobierno han tenido que hacer pactos con partidos reaccionarios, como Lula y Ortega, este último en alianza con un ex contras y reaccionarios como el corrupto ex presidente Arnoldo Alemán.

Esta “oleada” reformista busca en esencia salvar de la crisis a los viejos Estados y contener los procesos de lucha popular; plantea que son posibles los cambios “en democracia” (sin violencia revolucionaria) y mejorar las condiciones de dominación imperialista, a través de políticas “dignas frente a la comunidad internacional” para que las riquezas de los países “también sirvan a los pueblos” y no sólo a las “transnacionales”. Esto no es más que reeditar las posiciones del revisionismo jruschovista y el pacifismo burgués, caminos transitados y fracasados, como la experiencia de Salvador Allende, en Chile, y la de todos los partidos de la izquierda revisionista que siguen la vía electoral contra la lucha armada, y que han traído solo derrotas al pueblo en la lucha por su emancipación. Más allá de las pugnas (entre estos “gobiernos progresistas” y el imperialismo) por más impuestos y regalías salidos de la explotación de los recursos naturales, estos gobiernos dependen de la llamada “cooperación internacional” (expresión del imperialismo) pues conciben como cualquier vulgar liberal burgués y revisionista que los países no pueden desarrollarse sin ese “apoyo”.

Con la cháchara de que el “socialismo real” ha fracasado y que el comunismo ha muerto, toda una retahíla de “intelectuales” pequeñoburgueses e “indígenas”, muchos de ellos activistas de ONG’s, hacen propaganda para señalar que la “revolución” se desarrolla con los “movimientos sociales” y los pueblos indígenas, que la finalización de la guerra fría ha descubierto actores que antes estaban ocultos e invisibilizados. Con este discurso han dicho que el marxismo, igual que el capitalismo, es una “filosofía occidental” y corresponde retornar a nuestros orígenes ancestrales en busca del supuesto “paraíso perdido” en tiempos precolombinos. Estos “intelectuales” entran a coro con las posturas postmodernistas que “cuestionan las grandes verdades”, “deconstruyendo” todo lo hasta ahora dicho, rechazando los “metarrelatos” (para ellos el marxismo) que han fracasado como experimentos sociales. Todo este hilarante discurso de la “nueva ola intelectual” financiada por organismos internacionales, muchos de cuyos miembros son ex militantes frustrados de los partidos revisionistas (partidos comunistas de membrete, a montones en nuestro continente), tiene como objetivo central negar la lucha de clases, negar la revolución proletaria y negar la dictadura del proletariado.

En la carabela remozada de los “gobiernos progresistas” se han embarcado una serie de organizaciones revisionistas que se reclaman marxistas, comunistas e incluso maoístas. En el colmo del cinismo, por ejemplo en nuestro país, el vicepresidente Álvaro García Linera ha dicho que él sigue siendo leninista. Muchos de estos gobiernos sólo reeditan las viejas epopeyas del programa de la burguesía burocrática que realizó “nacionalizaciones”, “reformas agrarias”, “bancos de fomento” para diferentes ramas de la producción, todo ello con poses de antiimperialismo, pero utilizando el corporativismo fascista. Esas políticas aplicadas en la región ya en las décadas de 1960, 1970 y hasta 1980 fueron tildadas de izquierdistas, fueron apoyadas por el revisionismo jruschovista desde la URSS en el contexto de la guerra fría, a través de sus agencias locales denominadas Partidos Comunistas, (de membrete) pregonando el cretinismo parlamentario para hacer creer que la revolución se podía lograr a través de la participación electoral.

Hoy, como decía Marx, la historia se repite como comedia, pues las medidas implementadas por los actuales gobiernos reformistas, no pasan de un vulgar remedo de las viejas políticas. Los nuevos revisionistas se han lanzado a apoyar a estos gobiernos con el burdo y simplista argumento de que por primera vez tenemos un presidente “indígena”, “obrero” o “un gran luchador”, aunque en realidad se trata de grandes demagogos que practican el reformismo burgués y trafican con los términos de la revolución al llenarse la boca de “revolución cultural”, “revolución democrática”, “revolución agraria”.

El papel de los comunistas no debe ser estar a la cola del reformismo ni a la cola de las masas, so pretexto de que las masas apoyan a estos gobiernos o por temor a una “posible intervención yanqui” o el trasnochado patrioterismo de “defensa de la patria”, etcétera. Muchas organizaciones y personas de buena fe que se consideran revolucionarias han entrado a defender y apoyar políticamente al reformismo y oportunismo en América Latina. Nuestro papel debe ser desenmascarar este tráfico ante el pueblo y superar los límites que la política reformista y demagógica impone, creando una verdadera alternativa de transformación. No se puede seguir la vieja política revisionista “del mal menor” porque “la derecha puede volver”, esto es expresión del fracaso de las organizaciones que no pudieron crear el campo alternativo al camino de la reacción (el abiertamente pro imperialista y el reformista).

Crear el campo popular, el camino democrático del pueblo, implica prepararnos para hacer la revolución, enarbolar la estrategia de la clase, la guerra popular, y desenmascarar al reformismo, al revisionismo, a la reacción y al imperialismo, combatir el capitalismo burocrático, a los terratenientes, crear el instrumento de la clase, su ejército. Ésa es la tarea de los comunistas para que las masas puedan salir de la encrucijada de las facciones de la gran burguesía, o compradora o burocrática. Sólo de esta manera podremos cumplir nuestro papel con la revolución, con la clase obrera, con nuestro pueblo, con las naciones y nacionalidades explotadas por el gran capital financiero internacional, por el capitalismo burocrático y por la semifeudalidad.


II. SITUACIÓN NACIONAL

El 2006 es el inicio de un gobierno que surge producto de la crisis del sistema capitalista burgués y del viejo Estado terrateniente burocrático; crisis económica porque el modelo “neoliberal” implantado por la burguesía compradora no puede responder a las necesidades de las clases dominantes y oprime duramente al pueblo; y crisis política que se expresa en el levantamiento popular de 2000, 2001, 2003 y 2005, que puso contra la pared a gobiernos sin credibilidad, tuvo objetivos antiestatales, aunque sin afectar al sistema en su conjunto, y devino en la expulsión de dos presidentes.

Esta situación desencadenó la pugna de facciones de la gran burguesía, la burguesía compradora y la burguesía burocrática, ambas conscientes de la necesidad de reestructurar el viejo Estado y salvarlo de su crisis; contradicción que se definió a través de las elecciones y que tuvo al Movimiento Al Socialismo, del hoy presidente Evo Morales, como ganador y que, aun salido de las filas populares, levantó las banderas de la burguesía burocrática para llevar adelante sus tareas de reforma del Estado, todo esto con la más atosigante demagogia, reformismo y revisionismo.

Ahora el llamado “gobierno de los movimientos sociales” desarrolla un programa de conciliación de intereses con el imperialismo a través de su reforma de hidrocarburos, pomposamente llamada “nacionalización”, conciliación de intereses con los terratenientes a través de la rimbombante “revolución agraria” y otras medidas reformistas que pretenden engañar al pueblo con el lema de “revolución democrática cultural”(sic).

Esta política de vender gato por liebre ha “merecido”, en algún momento, el calificativo de evismo por los tirasacos[2] del gobierno, como si se tratara de un “elaborado sistema de ideas” producto de la “gran inteligencia” de Evo Morales. Pero lo que aplica el gobierno del MAS, con Morales y su corte de dirigentillos “izquierdistas[3], intelectuales indígenas, oenegeistas y politicastros revisionistas, es una reedición de las viejas banderas de la burguesía burocrática de nacionalización, reforma agraria, bancos de fomento, inclusión, democracia, etcétera, programa fracasado en nuestra historia y que sólo sirvió para salvar al Estado de su crisis y continuar con la explotación del imperialismo, del capitalismo burocrático y de los terratenientes.

1. LAS REFORMAS DEL MAS

La reforma en hidrocarburos o “nacionalización” y la “reconducción” de la política agraria son la base de los ajustes que hizo el Movimiento Al Socialismo (MAS) en el Gobierno, cuyo propósito es legalizar la presencia del imperialismo a través de las empresas transnacionales y sanear (legalizar) la propiedad terrateniente. Las reformas de este Gobierno, que aplica el programa de la burguesía burocrática, no pretenden sacar al país de su condición de nación oprimida, no pueden eliminar la explotación contra la clase obrera y campesina ni eliminar las relaciones semifeudales en el campo.

El objetivo reformista del MAS (por ahora en el discurso) es contraponerse al “modelo neoliberal” (que reduce la administración estatal a su mínima expresión), impulsando el fortalecimiento del Estado y ampliar su marco de acción, buscando que éste intervenga en las actividades productivas y en políticas paternalistas y asistencialistas para el pueblo dentro de los campos de la salud y educación. Las reformas no cambian el hecho de que la economía continúe sustentada en la inversión extranjera, alma del imperialismo, y en el saqueo de materias primas para satisfacer la demanda de los estados imperialistas, principalmente el yanqui.

El 1 de mayo de 2006, Evo Morales promulgó la “nacionalización” de los hidrocarburos con el Decreto Supremo 28701 y ordenó la ocupación militar de los campos petroleros en los que el Estado ya tenía, para entonces, participación accionaria (denominadas empresas capitalizadas). Este decreto es solamente la reglamentación de la Ley de Hidrocarburos 3058, emitida por Carlos Mesa el 2005. El estilo masista de “nacionalizar en el siglo XXI” vaciló entre expropiar a las transnacionales o comprarles sus acciones para tener, como Estado, participación mayoritaria en el directorio. Evo y sus colaboradores eligieron la segunda opción, aunque hasta ahora esa compra no se ha ejecutado y la población comienza a exigir esa propiedad mayoritaria (sigue con 34% de acciones en la petrolera Transredes y 48% en Chaco y Andina). Bolivia firmó 44 nuevos contratos con empresas petroleras en octubre de 2006, legalizando su presencia a cambio de percibir más tributación. El gobierno boliviano no ha expropiado nada en su “nacionalización” más allá de la renegociación de contratos, pero incluso teniendo la dirección del proceso productivo no implicaría una ruptura con la dominación imperialista pues no cambia la condición de nación oprimida dependiente; el motor de la economía y el patrón de acumulación capitalista se mantiene en base a la participación del capital extranjero y la exportación de gas y minerales. Las reformas no han cambiando ni cambiarán tal condición.

La inversión extranjera le garantiza a Evo Morales, según sus ministros, un ingreso de 1.300 millones de dólares desde 2007 y 4 mil millones de dólares desde 2010, mientras que el Poder Ejecutivo admitió que hacer del Estado un protagonista de la actividad productiva fue imposible en 2006 por la falta de financiamiento de la comunidad internacional. Formalmente se cambiaron las reglas de la recaudación y tributación para el capital extranjero, pero en la esencia misma no ha cambiado el sometimiento para con éste.

Los reaccionarios, reformistas y revisionistas aseguran que la única salida de progreso para el país es la inversión extranjera, y la demagogia de Evo Morales intenta hacer creer al pueblo que el imperialismo, denominado por él “comunidad internacional”, apoya el “proceso de cambio” dirigido por su Gobierno.

Como palanca demagógica, el Gobierno ha creado el bono “Juancito Pinto” que se aplica bajo el mismo método reaccionario de Gonzalo Sánchez de Lozada de lanzar una medida populista para ganarse el apoyo de la población sobre el supuesto de redistribuir la riqueza; a la vez que comparte la misma concepción asistencialista y caritativa de entregar bonos en lugar de crear fuentes de trabajo con un salario digno para que el pueblo no se vea obligado a estirar la mano por 200 bolivianos (25 dólares) por año.

Los revisionistas y reaccionarios coinciden en que el problema de la economía radica en la “distribución de la riqueza”, y no en el régimen de propiedad sobre los medios de producción; con sus programas reformistas pretenden suavizar y “humanizar” las relaciones de explotación, soñando con un “capitalismo democrático” que no expropie sino que respete la propiedad privada (de las transnacionales) con la esperanza de que genere empleo para los “sectores desfavorecidos”. Con sus políticas de reforma al seguro de salud y educación y bonos caritativos (con dinero recaudado de tributos por el saqueo de los recursos naturales), Evo Morales quiere hacer creer que las riquezas ahora son del pueblo, que existe un Estado sin explotación de clases, que las FFAA y la Policía cuidan del pueblo y que cuando los sectores populares se levantan en lucha “ya no le hacen daño al capital extranjero” sino que perjudican al país.

Esa posición ideológica del revisionismo apunta a desviar el objetivo principal del proletariado que es destruir la explotación capitalista, la propiedad privada y sus relaciones de clase, también tiene el propósito de conducir al pueblo a creer que el viejo Estado burgués se puede renovar, adquirir independencia, “dignificar”, democratizar y desarrollar una conciliación de clases. En suma, buscan mantener el viejo Estado y cambiar de bastón de mando, hacia un “desarrollo ordenado y planificado” del capitalismo.

Política agraria respeta el latifundio

Otra reforma del MAS fue la promulgación de la Ley de Reconducción Comunitaria de Reforma Agraria. Aunque el Gobierno dice que está en marcha la “revolución agraria” y anuncia que “terminó el latifundio en Bolivia”, la legislación recién aprobada establece que solamente los terrenos que incumplan la función económica social (FES) serán revertidos al Estado, por tanto se protege el latifundio y sólo se penaliza la propiedad de los llamados “improductivos”. El criterio de “improductivo” ha sido redefinido por ley tanto así que puede considerarse que se cumple con la FES a simple posesión de una propiedad sin producir con el argumento de que son áreas de descanso, sirve a la ecología o son superficies de proyección de crecimiento, entre otros argumentos.

La FES tiene la intención de introducir el capitalismo en el campo, explotando la tierra como un medio de producción. Sin embargo esa intención teórica choca con el hecho concreto de la existencia de relaciones semifeudales en el área rural. El negocio de la agroindustria convive y se sostiene sobre las relaciones de producción esclavistas y de servidumbre. La ley del MAS sólo profundizará esta concepción y legitimará la presencia de los terratenientes, además de (en teoría) culminar el proceso de saneamiento interno.

Pero esta situación ni ellos mismos la creen, ya que según la Unidad de Análisis y Políticas Económicas del viejo Estado, señala en su documento Economía y Política Económica 2006, que “Entre octubre de 1996 y junio de 2004, se llegaron a sanear 12.5 millones de has. de un total de 107.2 millones de has sujetas a saneamiento (98% del territorio nacional), con un ritmo de saneamiento de 1.5 millones de has por año. Posteriormente, entre junio de 2004 y julio de 2005 se aceleró el proceso lográndose sanear 5.5 millones de has. en un año. Sin embargo, a pesar de la agilización del proceso el último año, a la fecha sólo se tiene saneado el 16.7% del total de tierras sujetas a este proceso; se encuentran en curso de saneamiento 31.6 millones de has. (29.4%), y quedan por sanear 57.6 millones de has. (53.7%)”.

En la “revolución agraria” de Evo Morales que ha prometido maquinaria a crédito a los campesinos, éstos continúan con la incapacidad de producir aún sea para el mercado interno, siguen sufriendo por la falta de medios de transporte, tampoco pueden dejar de estar sujetos a la naturaleza, continúan subsidiando a los hogares de las ciudades y siguen sometidos a los precios del mercado. Debido al atraso de la producción agraria, el campesino no tiene otra alternativa que sembrar coca, en concordancia con la racionalidad capitalista porque el producto le ofrece un buen precio y poca inversión en su cultivo. En un país agrario como Bolivia y con una mayoritaria población campesina, los mercados populares de las ciudades están llenos de fruta, verduras, conservas y cereales de países vecinos y lejanos; este hecho verificable a simple vista demuestra que los campesinos pobres están imposibilitados de superar los problemas de producción porque su propia economía es de subsistencia y además están impedidos de competir con las mercancías que vienen de afuera. En ese marco la coca se produce, aunque les pese a los “intelectuales indigenistas”, porque es una mercancía con alta demanda en el mercado a pesar de tener un precio prohibitivo para el pueblo, pues una libra de hoja cuesta 25 bolivianos frente a una arroba (25 libras) de papa (el alimento nacional) a un precio de 23 bolivianos. Es decir, por 1 libra de coca pagan lo que pagarían por 25 libras de papa, además de que la coca crece prácticamente sin mayor cuidado, sin fertilizantes, casi en forma silvestre.

El gobierno entregó unos cuantos miles de hectáreas a comunidades campesinas, otros han recibido tractores y maquinaria a crédito, promesas de 2,2 millones de hectáreas y el anuncio de que habrá 1.064 asentamientos humanos en tierras fiscales, debido a su incapacidad de expropiar las tierras de los terratenientes. Pero más allá de la tierra distribuida y maquinaria entregada a crédito, una verdadera revolución agraria implica la liberación de los campesinos del poder de los terratenientes a través de las armas, la expropiación de la propiedad latifundista, destruir las relaciones semifeudales en el campo y crear otras nuevas en la base económica y en la superestructura (aplastar el patriarcado, eliminar la división campo-ciudad, eliminar la división del trabajo manual e intelectual y organizar la producción).

Otras políticas gubernamentales

Para generar empleos, el Gobierno lanzó la madrugada del 1 de enero de 2007 la Banca de Desarrollo que tiene previsto llegar a 800 mil micro y pequeños empresarios del país para rubros como textiles, cueros, turismo y otros. Una vez más, este proyecto dependerá del financiamiento externo, es decir de la presencia del imperialismo, pues funcionará como un banco de segundo piso: canalizador de dinero del exterior que, a su vez, entregará a otras entidades financieras para que éstas den créditos a los productores. A la vez los exportadores tienen un subsidio de 12 millones de dólares para los exportadores que proveen al mercado de EEUU.

Entretanto llegue el empleo, el gobierno ha emitido decretos para hacer “respetar” el fuero sindical y eliminar la libre contratación (derogar el artículo 55 de Decreto 21060), sin embargo el propio Ministerio de Trabajo no ha hecho nada para cambiar la libre oferta y demanda de la fuerza de trabajo, tampoco se ha movido para proteger a los dirigentes sindicales despedidos. Más bien ha comenzado a echar personal de las entidades públicas bajo el argumento de que “conspiran” contra “el proceso de cambios” y así tener puestos de trabajo para su larga  lista de adeptos que le están pasando la factura por su apoyo brindado en las elecciones, en este sentido ha anunciado que el Estado los va a contratar bajo la modalidad de contratos temporales, así el mismo Estado promueve la liberalización del trabajo. Por el lado privado, las escasas empresas en el país emplean trabajadores por tres meses, con contratos civiles (no laborales) y casi no existen empleados de planta con beneficios sociales. La gran mayoría del personal es temporal o subcontratado y el plan del gobierno también es crear ese tipo de empleo.

Otro “logro” fue el incremento de 60 bolivianos en el salario mínimo nacional de 440 bolivianos, eso significa un aumento de 2 bolivianos diarios (el valor de 5 panes) para los asalariados que llegan a alcanzar el mínimo. Hoy el Ministerio de Hacienda plantea dos salarios mínimos, uno de 500 bolivianos para el sector público y otro de 1.000 bolivianos para la empresa privada, en un afán de dividir a los asalariados en las categorías de primera y segunda. A pesar de esto, Evo Morales dijo en enero, con total cinismo, que ya ha cumplido con la clase obrera.

Por otro lado está el seguro de salud gratuito que se amplió, en el papel, a mujeres embarazadas y niños, a jóvenes hasta 21 años de edad y a ancianos, esta política se realiza en función de levantar la imagen del Estado como “benefactor” y no garantiza la inversión en infraestructura, equipo especializado ni en medicinas ni en personal médico; este seguro todavía no se ejecuta y tampoco está garantizado porque Evo Morales pidió de antemano perdón a las prefecturas y municipios que tienen la responsabilidad de sostenerlo.

La sui géneris “revolución cultural” se quiere ejecutar a través de una ley de reforma educativa, pero está postergada en el parlamento sin que sea prioridad de los oficialistas, y su mentor el ex ministro Félix Patzi está metido en escándalos de corrupción por la compra irregular de computadoras.

Mientras el gobierno desarrolla una demagógica campaña para aprobar el proyecto de ley de lucha contra la corrupción (llamado “tijera”), sus militantes están involucrados en hechos de corrupción y nepotismo, escándalo que ha llegado a las más altas esferas del gobierno, todo profesional sabe que no puede trabajar en entidades públicas si no tiene aval político del MAS (Leonilda Zurita, actual presidenta de la Asamblea Constituyente, es una de las que pone el sello) y existe una compraventa de cargos en el Estado que se expresa en peleas internas entre sus militantes, el dirigente nacional Román Loayza, presidente de la bancada del MAS en la Asamblea Constituyente, ha llamado a ese clientelismo “descolonización” del Estado.

Sobre la anunciada reforma policial y las FFAA, los “cambios” realizados en estos aparatos estatales corruptos sólo apunta a hacerlos más eficientes contra el pueblo, como la represión a los “sin techo” que derivó en la muerte de Santiago Orocondo y la fuerza ejercida contra los cocaleros de Yungas de Vandiola, donde murieron dos campesinos; Evo Morales continúa con un programa de “inclusión de indígenas” en las FFAA y la Policía, iniciado por Carlos Mesa, con el propósito de que estos jóvenes salidos de comunidades pobres sean a la larga miembros del Estado Mayor de esas fuerzas represivas y no sólo miembros de su tropa, como lo fueron desde la fundación de Bolivia.

2. EL MAS Y SU COMPROMISO CON EL IMPERIALISMO

 

Durante la campaña electoral, Evo Morales levantó la consigna “wayñuchun yanquis” (“mueran yanquis”, en idioma quechua) como parte de la demagogia electoral, aprovechando el sentimiento antiyanqui que tiene el pueblo boliviano. Esto era a todas luces un engaño puesto que ya el 2005, cuando el pueblo boliviano pedía expulsar a las transnacionales, Evo dijo: “cuando era ignorante pedía que se vayan las empresas transnacionales, ahora he entendido que tenemos que hacer negocios con ellas”.

Las políticas del gobierno del MAS revelan su profunda dependencia del capital financiero internacional. Salud, carreteras, empleo, políticas de desarrollo interno, Asamblea Constituyente, hidrocarburos, minería, política de la coca, etcétera, todo depende de la “ayuda internacional” con las condiciones que impone el imperialismo en general y específicamente el imperialismo yanqui. Antes de ser gobierno ya habían reconocido la “necesidad” del capital imperialista como lo hace cualquier vulgar liberal burgués; “Bolivia no puede cerrarse a la comunidad internacional”, “necesitamos capitales extranjeros”; son los argumentos utilizados para justificar la explotación imperialista, pero en este caso suavizados por la consigna masista “queremos socios y no patrones”. Esta sociedad con el imperialismo llegó a tal punto que en enero de 2007 Evo Morales afirmó que “es increíble pero la comunidad internacional está con el proceso de cambio en Bolivia”.

El gobierno de Evo Morales no se diferencia de las concepciones burguesas neoliberales, para ambos la “comunidad internacional” tiene un rol fundamental para el “desarrollo” del país, aunque discursivamente coloca un matiz nacionalista. Su demagogo objetivo es aminorar la desventaja del país en las relaciones del intercambio comercial, ya lo dijo Álvaro García “nosotros hacemos negocios, así se maneja las relaciones internacionales”. Este “intercambio” libre es imposible por la existencia de monopolios. La pretensión de hacer negocios de tú a tú no es más que el espejismo de “la libre competencia” pues la esencia de las relaciones comerciales con el imperialismo es precisamente la sujeción a sus condiciones, sólo en ese marco los países oprimidos como Bolivia pueden “negociar”.

Y las condiciones imperialistas van mucho más allá de meras relaciones comerciales. Lo confesó el propio Evo el 5 de agosto de 2006: “EEUU no nos puede cuestionar, cumplimos con temas fundamentales, y la mejor democracia es la que estamos viviendo ahora, una fiesta democrática que en base al voto del pueblo empieza a refundar nuestro país, estamos ante una revolución democrática cultural”. Qué es eso sino la más servil concepción de democracia, precisamente aquella que el imperialismo yanqui aprueba para los países oprimidos; “si hay voto hay democracia” es la democracia burguesa que somete al pueblo a la explotación y miseria, que protege la propiedad privada, el capital privado nacional e internacional. Así se entiende que en la “nacionalización” de los hidrocarburos se respete la propiedad imperialista, se apele a la “comprensión de las empresas extranjeras” y se anuncie que los países imperialistas están “apoyando el proceso de cambio en Bolivia”.

Ni siquiera podemos hablar en su propuesta de una “visión nacional” cuando el gobierno habla de “revolución democrática cultural”(sic). En la concepción marxista la Revolución Democrática elimina la feudalidad, cumpliendo las tareas pendientes que la burguesía no pudo cumplir, además tiene como blancos al capitalismo burocrático y a la dominación imperialista para marchar al socialismo. En cambio el nacionalismo burgués del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) planteó en 1952, en la llamada “revolución nacional”, acabar con el latifundio para construir una burguesía nacional que desarrolle al país; el objetivo inconcluso fue construir el Estado nacional, programa burgués del siglo XVIII y XIX. Ante esos planteamientos, la “revolución democrática cultural” de Evo Morales no es más que un tráfico para engañar a las masas porque centra en el concepto más burdo que identifica democracia igual a voto, en términos políticos, y, a través de un “capitalismo andino amazónico”, crear una burguesía nacional “indígena”. El imperialismo llama “revoluciones en democracia” a los gobiernos que salieron de las urnas en los estados de la ex Unión Soviética o en Estados que no obedecían sus intereses yanquis. Como el MAS ganó las elecciones con más del 50% de los votos válidos, realmente un 33% de total de votos, cifra histórica para el sufragio en el país, entonces asume que ha hecho una “revolución democrática”. Es, pues, la  “revolución” del voto.

La dependencia de Bolivia respecto a la inversión imperialista se refleja en los siguientes datos. El programa de empleo temporal, Pro País[4], para el 2006 contó con 21.3 millones de dólares y para el 2007 se prevé 23 millones; los programas de construcción de caminos, endeudaron al país por casi 500 millones de dólares, el Estado adquirió deudas con la Corporación Andina de Fomento por 242.69 millones de dólares y el Banco Interamericano de Desarrollo 171.74 millones de dólares, además de créditos con diferentes países de la Unión Europea; los programas de salud han dependido de la “ayuda” de EEUU, Canadá y la Organización Panamericana de la Salud. Asimismo los proyectos en educación, saneamiento de tierras y el financiamiento a la Representación Presidencial para la Asamblea Constituyente (REPAC) son financiados por la llamada cooperación internacional. El gobierno boliviano no ha tenido dinero ni siquiera para su medida que dizque “va a transformar Bolivia”. En el Congreso de la República los seminarios sobre cómo llevar adelante la Asamblea Constituyente fueron financiados por USAID, con proyectos que los parlamentarios oficialistas, especialmente indígenas, llevaron a sus comunidades, demostrado que los dólares yanquis están metidos en el gobierno hasta el tuétano. EEUU entrega 150 millones de dólares por año al país para financiar proyectos, desde militares hasta agrarios, el monto no se ha movido a pesar de que se ha anunciado una reducción de dinero para la erradicación de coca y lucha antidrogas.

La concesión de hierro del Mutún con la empresa india Jindall Steel, es otra muestra del sometimiento del gobierno a las transnacionales; por la explotación de hierro el Estado va a recibir un 8 a 10% de regalías; el propio ex Ministro de Obras Públicas, Salvador Ric Riera, había reconocido que este contrato con la empresa India es totalmente desventajosa para el Estado pero éste ya lo firmó. Cosa similar ha ocurrido con los 44 contratos referidos a la explotación de hidrocarburos que sólo ha legitimado la presencia de las empresas transnacionales en nuestro país, y que hoy el propio gobierno masista ha reconocido que adolecen de “errores formales”, ocultando que se quería beneficiar a las petroleras. Los ingresos que recibe Bolivia al TGN son fundamentalmente por exportación de materias primas. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la exportación de minerales (entre ellas la realizada por una compañía estadounidense que explota la mina de plata San Cristóbal) aumentó en los primeros diez meses de la gestión de Morales en un 123 por ciento frente a 2005 y las exportaciones de hidrocarburos subieron en 52 por ciento. La retórica del gobierno boliviano no ha afectado a las empresas multinacionales.

El tema más resaltante es su política con respecto a la producción de coca. Mientras el gobierno habla de antiimperialismo, el vicepresidente va a extender la mano al Congreso norteamericano para la ampliación del ATPDEA, este programa de preferencias arancelarias que brinda el gobierno yanqui a las exportaciones bolivianas está condicionada a la política de erradicación de drogas, y para el gobierno yanqui eso es eliminación de plantaciones de coca. Aquí la política del MAS no ha variado ni un milímetro su compromiso con la política norteamericana. En el transcurso de 12 meses de gobierno el MAS ha abandonado su inicial discurso de despenalizar la coca a nivel internacional, es decir, sacarlo de la lista 1 de la Convención de Viena de 1961 que la considera narcótico en su estado natural. La delegación boliviana en la Convención del Movimiento de Países No Alineados (Noal) fracasó en su intento de que la declaración final reconozca a la hoja coca como producto no vinculado con la droga. Paralelamente en Bolivia, el “zar boliviano antidrogas”, Felipe Cáceres, también dirigente cocalero, propuso sancionar con la reversión de tierras a los campesinos que no acepten la eliminación de sus cultivos, política que ahora llaman “racionalización”, y un impuesto para todos los cocaleros que lleven al mercado su coca. Como los anteriores gobiernos el compromiso del MAS continúa sujeto a la política imperialista yanqui, pero con el agravante de haber profundizado la erradicación en zonas tradicionales (legales), hecho que en octubre de 2006 derivó en que un contingente de policías y militares arremetiera contra los cocaleros de Yungas de Vandiola causando dos campesinos muertos y heridos. El discurso de no aceptar ninguna imposición, y respeto a la “milenaria” hoja de coca, es pura demagogia.

En materia militar se expresa con certeza que no se han movido para nada las relaciones entre EE.UU. y Bolivia. El ministro de Defensa, Walker San Miguel, anunció la presencia de marines yanquis del Comando Sur en el país dentro del proyecto “Nuevos Horizontes” que se aplica en la región y que está enmarcado en la estrategia de guerra de baja intensidad norteamericana, bajo el pretexto de ayuda social. Al margen de ello y sin autorización del Congreso ya existen militares norteamericanos en departamentos del país haciendo “labores médicas” y una tropa de “diablos rojos” en la fuerza aérea bajo el pretexto de lucha antidrogas.

El MAS envió tropas de cascos azules a Haití donde los yanquis sostienen a un gobierno títere. A pesar de las demandas de antiimperialistas haitianos que piden el retiro de las tropas de la ONU porque éstas son “instrumentos en manos de potencias imperialistas”, los dirigentes masistas dijeron en su oportunidad que los únicos que se oponen al presidente de Haití son “pandilleros” y “delincuentes”. El 22 de diciembre del 2006 las “tropas de la ONU” asesinaron a 17 personas e hirieron a otras 40 que protestaban en las calles por fraude en los comicios electorales y contra la invasión extranjera; la misión ordenada por la ONU fue ejecutada por las tropas de Brasil, Bolivia, Chile y Uruguay. Evo Morales ya puede sentirse “orgulloso de contribuir a la paz mundial” como había dicho cuando las tropas bolivianas partieron a Haití.

Pero este vulgar lacayo del imperialismo, demagogo y reformista, en realidad está más interesado en el negocio del mercenarismo porque el envío de cascos azules “permite contar al país con un ingreso de 3 millones de dólares y crear 215 fuentes de trabajo”. Por ello ya ha enviado más de 11 misiones de tropas al Congo, donde según medios de prensa independientes, el 2006 los cascos azules o fuerzas de paz como le llama el imperialismo violaron a 59 niñas.

En política económica, el gobierno se jacta de dar lecciones a los gobiernos “neoliberales”. Efectivamente el Banco Mundial cree que Evo ha resultado “más disciplinado” que sus antecesores en el manejo de las cuentas fiscales, cerradas el 2006 con un superávit de 5,9 por ciento de Producto Interno Bruto (PIB). El papel del Estado se ha fortalecido en ser mero recaudador. La bonanza también se asienta en el perdón de la deuda externa (FMI, Banco Mundial y BID) de 1.735,1 millones de dólares que el Gobierno de Morales ya no tiene que pagar.

Este gobierno ha manejado su economía dentro del modelo denominado “neoliberal” con una tímida presencia estatal que dista mucho de la propuesta discursiva. De esta manera la política económica de Evo Morales y el MAS e implementada por izquierdistas vergonzantes, no se diferencia en nada de los programas de ajuste liberales, quienes han enfatizado resultados en equilibrios macro económicos, fetichizando totalmente la macroeconomía, olvidando por completo que el problema central de la economía es la gente y no la tarea macroeconómica.

Para reforzar su discurso e imagen antiimperialista, el gobierno del MAS hizo alianzas con Venezuela y Cuba con quienes firmó el Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP), del cual, aparte del anuncio del Ministro de la Presidencia de exportar chompas de alpaca a Cuba, no se sabe absolutamente nada, tal vez la población cubana no tenga tanto frío como para usar este tipo de prendas.

Esta alianza, que para algunos revisionistas latinoamericanos es el eje del bien, ha servido fundamentalmente de oposición discursiva a los planes yanquis en nuestro continente y para el apuntalamiento de un supuesto bloque antiimperialista y de una ola de gobiernos progresistas donde estarían Chile, Brasil, Ecuador, Argentina, Uruguay, Nicaragua, Cuba y por supuesto Bolivia. Este “eje” heterogéneo maneja un discurso antiyanqui mientras coquetea con otros imperialismos como Europa, Rusia y China.

En síntesis los compromisos que el gobierno del MAS tiene con la propiedad imperialista, la “ayuda financiera”, los negocios con las transnacionales, compromisos de envío de tropas con la ONU, entre otros, demuestran que en esencia este “gobierno de los movimientos sociales” no ha transformado en absoluto las condiciones básicas para una verdadera revolución y mucho menos su sometimiento al imperialismo, principalmente yanqui, que diferentes gobiernos en la historia de nuestro país se encargaron de reforzar.

3. PULSETA DE FACCIONES AL INTERIOR DE LA GRAN BURGUESÍA

La coyuntura actual tiene enfrentados a los sectores de las clases dominantes, sectores que pugnan por imponer sus propias visiones en el Estado, unas veces en pugna y otras veces en colusión, ambas sin embargo siguen el viejo camino de reestructuración y recomposición del viejo Estado terrateniente burocrático. La burguesía burocrática (representada hoy por el MAS y sus aliados) plantea un programa de mayor intervención del Estado en la economía con propuesta de una economía mixta con capitales privados y extranjeros, buscando reimpulsar el capita monopolista estatal; promueve desde el Estado la corporativización en contra del parlamentarismo o democracia representativa, como por ejemplo en la designación de miembros de la Corte Suprema afines al Ejecutivo y en la corporativización militarizada a través de las fuerzas armadas en el manejo y administración de recursos para el departamento del Beni frente a los desastres naturales, el impulso de organizaciones como la Unión Juvenil Popular buscando llamar a las masas del campo y ciudad a sumarse a ellas; se presenta como antiimperialista yanqui de palabra a la vez que coquetea con otros imperialismos proponiendo cambio de bastón de mando. Por otro lado está la burguesía compradora (PODEMOS, sectores de UN y otros); que prefiere una mayor relación con EEUU sin dejar de lado a las demás potencias imperialistas, aplican una fuerte liberalización de la economía aceptando a rajatabla los dictados del imperialismo yanqui y, promueven el parlamentarismo aunque cuando no les sirve lo desconocen. Tradicionalmente están ligados a los terratenientes y sectores exportadores.

Ambas facciones se enfrentan en estos momentos en todos los escenarios de la lucha política en el país, la burguesía burocrática que propone una reforma del Estado vía Asamblea Constituyente y, la burguesía compradora y terratenientes vía Autonomías departamentales, lucha que va más allá de la burda simplificación que hoy hace el revisionismo (de todo pelaje) incrustado en el gobierno que plantea que se enfrentan “cambas contra collas”, “oriente y occidente”, o que “autonomía=fascismo”. Estas contradicciones entre la burguesía burocrática y, la burguesía compradora y terratenientes se volverán a dar en los debates de la elaboración de la nueva Constitución.

Por tanto la pugna que se da principalmente en el ámbito de la superestructura, aunque no exclusivamente, no toca lo esencial del régimen de propiedad, no toca la esencia del sistema capitalista y su régimen de acumulación, sólo busca disfrazar mejor la explotación, quiere mostrar que la democracia burguesa puede solucionar los problemas del país, que basta la “inclusión” para acabar con la pobreza y la explotación, negando que la esencia de dicha explotación es precisamente el sistema capitalista y la propiedad privada; en esencia buscan legitimar nuevamente al Estado, que fue duramente golpeado por las masas y la crisis durante los últimos cinco años, para evitar su destrucción.

De ahí que toda propuesta de ambas partes, se da en medio de esta contradicción, en la asamblea constituyente, el parlamento, las alcaldías o gobiernos municipales, pasando por las prefecturas y terminando en sindicatos o cualquier otra “representación popular” con tal que sirva a los intereses de una u otra facción.

La Asamblea Constituyente

Tanto el reformismo (MAS) como la denominada media luna (oposición) se han enfrascado en una serie de pugnas reglamentarias que hasta ahora no vislumbra algún fruto. Sólo en el reglamento de debates se ha ido la mitad de la gestión (más de seis meses) y se han gastado más de 50 millones de Bolivianos, ahora a toda carrera pretenden acabar la propuesta de la nueva Constitución Política y para ello se ha pedido más dinero. El espacio donde se “refundará” el país no es más que un ejemplo de increíble burocracia y escándalo, que va desde constituyentes ebrios hasta nepotismo y venta de cargos en la administración pública. La Asamblea Constituyente es una carga más para el pueblo boliviano.

No se conoce de manera clara todas las propuestas sobre visión de país, sin embargo tanto gobierno y oposición pugnan por un Estado con mayor control social con una visión corporativa versus un Estado autonómico con visión liberal. Ambos no difieren esencialmente del ideal burgués de creación del Estado nacional, partidarios del MAS han hablado de “capitalismo popular” mientras que la oposición habla de impulso a los sectores productivos.

Si bien es cierto no hay diferencias en esencia, lo que los hace distintos es el discurso para legitimarse, aquí el MAS pretende aparecer como representante de sectores excluidos y explotados, es decir la población indígena, y usa la demagogia para ganarse su favor traficando con el discurso de revolución; sin embargo, su composición de clase (hablamos de los que se encuentran en las esferas de poder y no de las bases), si bien tienen origen indígena, son una elite enriquecida por el comercio y especialmente el contrabando que hace tiempo pugna por su espacio dentro de la esfera de poder político nacional, como también pequeña burguesía intelectual proveniente de ONGs que son financiadas, principalmente, por países imperialistas europeos.

Las Prefecturas o gobiernos departamentales, reductos de la burguesía compradora y terratenientes

Las elecciones generales de 2005 que abrió el camino de la reestructuración del viejo Estado, también abrió una lucha en la administración estatal por medio de la elección “democrática” y directa de prefectos en cada departamento. Al respecto se dijo que tal acontecimiento significaba una mayor profundización de la democracia en Bolivia y por consiguiente mayor participación de la sociedad en los asuntos del Estado, también se decía que esos espacios de poder, ya no serían “botines políticos” de los gobiernos de turno, se planteó la idea de una real descentralización del poder. Sin embargo las prefecturas son pequeños reductos de la BC y T desde donde se oponen al  gobierno.

Contrariamente a las ofertas del Estado, las Prefecturas sí son verdaderos botines políticos, donde gobierno y oposición ponen las cuotas de puestos de trabajo y prebendas. El debate de la Autonomía ha convertido estos espacios en verdadera pugna, el caso de Cochabamba que costó la vida de campesinos es un claro ejemplo de la pelea entre gobierno y oposición, donde finalmente los muertos y heridos los pone el pueblo.

El origen de la propuesta de los gobiernos prefecturales fue parte de la recomposición del viejo Estado durante la etapa de Carlos Mesa, este susodicho proceso de mayor democratización buscaba la recomposición del “Estado de derecho”, “respeto de la institucionalidad democrática”, “descentralización del poder y la burocracia estatal”; debía actuar supuestamente sobre “consensos y programas” que garanticen una “mayor gobernabilidad”, pero ahora sólo muestra una mayor descomposición del viejo Estado.

Evo Morales apoyó esta propuesta con el pretexto de “defender la democracia”, si ahora se enfrenta a los prefectos es porque no tiene mayoría y por el contrario los prefectos opositores son un peso fuerte de contradicción a sus políticas. De ahí que el MAS en forma calculada mueva a sus bases en contra de éstos, y cuando hay muertos y sus bases se radicalizan el gobierno las llama a “respetar su legalidad” señalando que fueron elegidos “democráticamente”, así apaga y traiciona la lucha del pueblo. Aquí la pugna está muy clara, las facciones mueven al pueblo para defender sus intereses de clase.

Lejos de propiciar la democratización del país, la disputa inaugurada por las Prefecturas, pone de manifiesto más la crisis y descomposición del viejo Estado burgués, abriendo la puerta a una mayor profundización del carácter semifeudal de Bolivia; pues las Prefecturas se constituyen en pequeñas republiquetas que a nombre de independencia y/o autonomía, buscan mantener sus privilegios y al mismo tiempo, mayores condiciones de sumisión y explotación a las masas de esos “feudos” llamados departamentos. En otras palabras es mayor profundización de las condiciones de servidumbre y sobre explotación hacia los campesinos y habitantes de esas tierras, tal es el caso de Tarija, Santa Cruz, Chuquisaca, Beni y Pando.

Algo similar ocurre con las alcaldías en todo el país, se han producido verdaderos enfrentamientos con palos, piedras y armas por el control de éstas protagonizados, en algunos casos, por altos dirigentes del gobierno, así como militantes opositores. Las alcaldías son también un verdadero botín político con negociados de todo tipo, alcaldes y funcionarios políticos comprometidos en este tipo de delitos, tanto del gobierno como de oposición, la llamada reforma moral y el desgastado discurso de que “este gobierno no va a permitir ni un solo acto de corrupción” resulta inmensamente hipócrita y cínico, pues casi todas las batallas campales por destituir a un alcalde y por defenderlo se basan en la posibilidad de asaltar los puestos de trabajo que pueda generar quien sea el alcalde. Aquí la pugna no es por visiones políticas e ideológicas de cómo gobernar el municipio, sino simplemente por asaltar el dinero y los puestos de trabajo que genera la alcaldía y, según el apoyo recibido, respaldar al gobierno o a la oposición.

Corporativismo y cooptación fascista

La idea de un gobierno que representa a los explotados encubre abiertamente las contradicciones de clase. Cualquier protesta que exprese una línea de clase en contra del gobierno es estigmatizada de reaccionaria, derechista o ultraizquierdista, por consiguiente contraria “al proceso de cambio”, con este discurso, el reformismo coopta y mantiene a raya a un sin fin de organizaciones populares a través de dirigentes que se adhieren voluntariamente o reciben beneficios prebendales del gobierno.

Evo Morales ha intentado y sigue intentando constituir organismos paralelos a las organizaciones del movimiento popular, el fenecido Estado Mayor del Pueblo, integrado principalmente por revisionistas y algunas organizaciones fieles al gobierno, la creación de coordinadoras para vigilar el “cambio”, los “ponchos rojos”, el paralelismo sindical, entre otras acciones, muestran la política corporativista del MAS. Divide al movimiento popular, coopta dirigentes en base a prebendas y utiliza a los revisionistas para “sustentar ideológicamente” la necesidad de estas organizaciones.

Como en las épocas de los gobiernos de la burguesía compradora, el MAS también utiliza a revisionistas en puestos que tienen que ver con el control de los sindicatos y vigilancia a dirigentes sindicales. El MNR y otros viejos partidos reaccionarios eran expertos en reciclar ex-socialistas, ex-trotskystas entre otros para colocarlos en el Ministerio de Gobierno, el MAS no se diferencia de aquello y tampoco los “partidos de izquierda” que son parte de este gobierno.

Esta política corporativista es una constante en el proceso de sometimiento y manipulación en favor del reformismo, quien por su parte utiliza a las organizaciones populares como correa de transmisión para el engaño y la demagogia y en definitiva, sirve de mordaza y venda para hacer creer que todos quienes no estén con ese “proceso de cambio”, es por que “están con la derecha” o son “ultraizquierdistas”. Tales calificativos fueron asignados a sectores como el magisterio, sindicatos mineros, e incluso a cocaleros del Chapare como el caso de Yungas de Vandiola y la zona tradicional de los Yungas de La Paz.

4. LA SITUACIÓN DE LAS MASAS

 

Lucha de masas

Sólo en el primer año del gobierno reformista del MAS liderado por Evo Morales, puede verse que la situación concreta de las masas no ha cambiado, pese a los discursos incendiarios y la política demagógica del gobierno masista que intenta adormecer y ahogar sus demandas. El pueblo no estuvo quieto sino en constante movimiento y lucha, desarrollando y exigiendo transformaciones a su realidad que se expresaron en distintas acciones. Además de la política demagógica, otra atenuante permanente en el gobierno es su política prebendal, que recae en el constante divisionismo de los sectores organizados del pueblo y además en un corporativismo que nos señalaría que el MAS asume características fascistas para llevar adelante su proyecto reformista y no revolucionario.

Durante la gestión los gobiernos municipales rurales de La Paz, pobladores y comunarios se movilizaron por el “voto de censura constructiva”, problemas territoriales, demandas ambientales y actos de corrupción. Desarrollaron bloqueos, y se dieron enfrentamientos entre la población que apoyaba a un alcalde saliente u otro alcalde entrante, incluso en muchos casos siendo ambos del mismo partido de gobierno.

Luego en el sector educativo los trabajadores del magisterio desarrollaron protestas contra el ministro de Educación, exigiendo su renuncia y demandando aumento salarial, cumplimiento de convenios, abrogación de la Ley 1565 “Reforma Educativa”, entre otros puntos. Además los estudiantes de las Normales de Educación realizaron intensas jornadas de lucha con enfrentamiento a la policía exigiendo al Ministerio de Educación creación de ítems para los docentes.

Por su parte el gobierno masista intentó ahogar estas luchas, en el caso de los municipios su política prebendal le impide poner orden y elaborar programas al menos de reformas a nivel municipal, su “compromiso” con ‘partes’ politizadas –o más bien compradas- de los municipios, hace que las demandas de base pasen, como en todos los gobiernos de turno, al último peldaño de importancia. En el caso de las protestas del sector de trabajadores en educación y los normalistas, la política demagógica del gobierno llega al colmo. La supuesta “descolonización” y “revolución democrática y cultural” que pregonaba el pintoresco ex ministro de Ecuación Félix Patzi, igualmente divide al sector, entre los “comprometidos masistas” que respaldan la ley y la gran mayoría, que sólo busca mejores condiciones de vida y no se ha rendido a la demagogia masista.

En situación similar estuvieron los trabajadores de salud que realizaron huelgas y paros demandando aumento de salarios, como la renuncia de autoridades de la Secretaría Departamental de Salud.

Por su parte la Central Obrera Boliviana (COB) demandó la elevación del sueldo mínimo nacional a Bs. 1500, el cumplimiento de la agenda de Octubre 2003 y otras demandas laborales como respeto a convenios colectivos. Pedro Montes, Secretario Ejecutivo, fue abiertamente reprimido cuando criticaba al gobierno, aunque luego su falta de línea política correcta y su procedencia trotskista lo ponían como dirigente a la cola del reformismo masista.

Otro ejemplo fue la lucha emprendida por los cocaleros de Yungas de Vandiola contra la erradicación de la coca, impuesta por EE.UU y acatada por el MAS, desenmascarando la demagogia masista de defensa de la “hoja sagrada”.

Otros sectores movilizados fueron los trabajadores informales de venta de ropa usada que se movilizaron a nivel nacional por lograr la ampliación del plazo para sus actividades; los trabajadores del Lloyd Aéreo Boliviano se movilizaron contra el cierre de la empresa, demandando pago de salarios, de seguros de salud, entre otras demandas laborales, y solicitando la administración de la empresa por parte de los trabajadores; los rentistas (jubilados) se movilizaron exigiendo al gobierno la devolución de sus aportes al ex FONVIS; los trabajadores de la Empresa de Correos de Bolivia desarrollaron huelga de hambre contra la Gerencia General en defensa de sus puestos de trabajo; los trabajadores del PLANE (Programa temporal de empleo) se movilizaron para demandar al gobierno que mantenga dicho programa y consiga ingresos para mantener sus puestos de trabajo; entre otros sectores.

Los lamentables sucesos en Huanuni, de enfrentamiento de mineros asalariados contra mineros cooperativistas, mostró la crisis de la minería boliviana profundizada por las medidas neoliberales y continuada por Evo Morales de dar garantías a la inversión extranjera y respeto a la propiedad privada.

Posteriormente también se corrió la información que los campesinos son impulsados por el MAS a ocupar las minas con un discurso indianista, que finalmente lleva al enfrentamiento de masa contra masa, campesinos contra mineros. Este tráfico del discurso indianista, intenta solamente amortiguar la falta de capacidad de abrir fuentes de trabajo en el país.

Un 11,8 % de la población económicamente activa, según cifras estimadas, no cuenta con un empleo estable. Más toda la gente que no cuenta con seguridad laboral, trabaja temporalmente o en situaciones de subcontratación, en muchos casos informalmente; hablamos necesariamente de un contexto en el que el capitalismo burocrático ha llegado a un nivel de crisis insostenible en nuestro país.

Esta situación de inseguridad ha obligado a millones de trabajadores a escapar hacia otros países, con las esperanzas de encontrar una economía que “no los azote tan cruelmente” y   alcanzar mejores condiciones de vida. Estas expectativas se ven ahogadas al momento en el que economías capitalistas mucho más desarrolladas que la nuestra, los desampara en su seno, otorgándoles condiciones laborales infrahumanas o que desestiman cualquier tipo de preparación profesional o técnica que tengan los migrantes.

Para graficar esta situación podemos mencionar que en el 2006 unos 180 mil bolivianos han salido del país, 500 por día, principalmente rumbo a Argentina, Estados Unidos y España. Sólo en casos excepcionales se ve que se alcancen los objetivos esperados de acumulación de capital, que propagandiza la posibilidad de acceder al “primer mundo”. En la gran mayoría de los casos, los exiliados de los países oprimidos, pasan a resistir el capitalismo en otros países, degradándose como seres humanos y enajenándose más todavía. El caso de los talleres de costura en Buenos Aires o en Sao Paulo y otras ciudades de Brasil; o que muchos profesionales salgan de su país a ejercer oficios de servidumbre para la pequeña-burguesía, no representa más que la debacle del capitalismo en todo el mundo. Esta debacle es absolutamente insostenible y ni la demagogia ni el prebendalismo pueden ocultarla.

El MAS: promotor de división en el movimiento popular

Desde que se inició el gobierno masista de Evo Morales, a partir del Ministerio de Trabajo se comenzó a implementar una vieja política reaccionaria, de reconocer solamente a las organizaciones sindicales que se adherían a su política o, en caso contrario, desconocerlas o a través de militantes de su organización en esos sindicatos impulsar el desconocimiento de los dirigentes elegidos y propiciar una nueva dirección sindical adepta a sus planes gubernamentales.

Esta política implementada se encuadra dentro del proceso de corporativización del MAS -de organizar las relaciones entre el Estado y la sociedad- para crear, estimular y controlar organizaciones obreras, campesinas y populares, de esta manera busca prevenir conflictos y asegurarse el control político de las mismas, condición necesaria para impulsar su política de concertación social e incorporación institucional al proceso de formulación de políticas públicas, lo que han venido en denominar “nuevo pacto social” y de “control social” con una “mayor participación en la toma de decisiones”. Sin embargo, cabe señalar que en nuestra sociedad el corporativismo estatal ha estado asociado siempre al clientelismo y a la corrupción.

Dentro de esta política practicada por el MAS podemos mencionar casos como el desconocimiento del directorio de la Federación Nacional de Gremialistas, así como el caso de los compañeros cocaleros de Yungas de Vandiola. Estos trabajadores cocaleros se movilizaron y enfrentaron a la Fuerza de Tarea conjunta, que incluye militares y policías, demandando se respete la producción de la hoja de coca por ser una zona de cultivo tradicional, pero fueron reprimidos y tuvieron como consecuencia dos muertos y varios heridos. A la fecha no se ha encontrado a los responsables y el gobierno mantiene total impunidad sobre estos hechos.

Además estos pequeños cultivadores, fueron acusados por el gobierno de “narcotraficantes” y “terroristas”. He ahí el discursillo de defensa de la “coca sagrada” que se alude incluso a la terminología imperialista de criminalizar a las masas en protesta. Esto lo hizo para cumplir con los compromisos internacionales que tiene con el imperialismo yanqui de erradicar mínimamente 5000 hectáreas de coca al año, y así obtener ayuda económica en la llamada lucha contra las drogas.

Conflicto en Huanuni. Reflejo de la política prebendal del MAS

Otra problemática importante en el 2006 ha sido el caso de los trabajadores mineros de Huanuni. En particular esta situación ha hecho saltar a la vista el tipo de legitimidad que el MAS ha comprado para detentar el poder de este viejo Estado.

La minería en Bolivia ha sido y sigue siendo un importante motor económico en la historia del país, considerando que el proletariado minero ha sido en buena parte el sector de mayor ascenso político. Aún así, las políticas de ajuste neoliberal han logrado desarticular a este sector del proletariado y peor todavía, lo ha dividido y confrontado.

El enfrentamiento entre cooperativistas y asalariados a principios de octubre con un saldo de doce muertos, 65 heridos y una desaparecida, muestra el papel que juega el MAS dentro de las pugnas de la gran burguesía y las condiciones de trabajo del pueblo.

La Federación Nacional de Cooperativas Mineras (Fencomin), autodenominados como el “brazo social” del gobierno masista, recibió como prebenda por su apoyo electoral al MAS la Embajada de Bolivia en Colombia y el Ministerio de Minería y Metalurgia, con su representante Wálter Villarroel dentro del viejo Estado, quien no tardó en viajar a Inglaterra para intentar comprar la concesión que la inglesa RBG tiene en Huanuni.

Este “compromiso político” hace que un otro sector de los trabajadores mineros, los asalariados, se vean sin respaldo estatal. De tal forma que si se suscitaba –como ocurrió- un conflicto entre ambos sectores, cooperativistas y asalariados, el Estado comprometido con una de las partes, no podría cumplir el rol que pretendía tener. Ese fue el papel del MAS, simular un falso arbitraje neutral cuando los mineros de base de ambas partes se mataban entre ellos.

En ese contexto se entiende que la situación del pueblo siempre es esa, matarse por trabajar en la mina, cuando ese trabajo es inhóspito, no tiene remuneraciones considerables y los cuerpos se deterioran rápidamente; es decir, los mineros se mataban entre ellos por un trabajo miserable. Mientras el gobierno sólo cuidaba su “imagen”, muy a pesar de sus “compromisos” o más bien prebendas.

Las masas como arena de contienda para el control estatal

En la pugna que se da entre las facciones de la burguesía burocrática y la burguesía compradora, la primera por mantener y la segunda por retomar el control del aparato estatal al servicio del imperialismo, yanqui principalmente; tanto una como otra facción utilizaron a lo largo de este año a las masas para movilizarlas y enfrentarlas.

La primera con un discurso y una retórica grandilocuente de “democracia popular”, “nacionalización” y la segunda que se recubre de “defensa de la democracia”, y se llena la boca de “libertad” se han venido enfrentando en el poder legislativo, como también a partir del segundo semestre del 2006 en la Asamblea Constituyente llevaron adelante un falso debate entre mayoría simple y dos tercios para la aprobación del nuevo texto constitucional, y que a la fecha, después de seis meses, recién acaban de aprobar su reglamento interno de debates.

Lo que aquí está en cuestión son dos visiones de desarrollo del país, pero no es como pretenden hacernos creer que es el pueblo y la gran burguesía las que se enfrentan, sino por el contrario es la de representantes de la facción burocrática (MAS y apoyantes: MSM, PCB, MG, PCML,[5] entre otros) y, de la facción compradora (PODEMOS, UN) y terratenientes, tanto una como otra son visiones de desarrollo del país de la gran burguesía sujeta al imperialismo yanqui y de una mayor dependencia y sometimiento al capital extranjero imperialista.

De esta manera, ambas facciones buscan promover una vieja tesis reaccionaria y compartida por el revisionismo, de que la revolución social y la transformación que demanda nuestro pueblo pueden lograrse con cambios a través de leyes. ¡Nada más falso!, cuando releemos la historia, comprobamos que mientras no se demuela el poder político y económico del imperialismo, la gran burguesía y los terratenientes a través de la violencia revolucionaria de las masas dirigida por su vanguardia organizada, la situación de las masas no cambiará por más heroica que sea su lucha.

Otro plano en el que el MAS ha venido movilizando a sectores sindicales, cocaleros e indígenas sobre los cuales ejerce control es contra los prefectos que fueron elegidos el mismo día de las elecciones presidenciales, y que representan los intereses de la facción compradora. Ha aplicado doble política, en algunos casos ha venido desarrollando un discurso de fiscalización a los prefectos y planteando a la vez la renuncia de los mismos, allí donde puede, como es el caso de La Paz y Cochabamba; y por otro, ha venido desarrollando un discurso al igual que sus congéneres revisionistas de “defensa de la patria”, exhortando Evo “a las Fuerzas Armadas y al pueblo a defender la integridad nacional «con todos los instrumentos democráticos y de derecho»” en contra de las aspiraciones de los “cambas”, “croatas”, que quieren dividir al país. Así, los prefectos que representan a la burguesía compradora, vienen promoviendo el discurso de “autonomías”, “salvemos la democracia”, al lado de los Comités Cívicos que controlan y dirigen en función de sus intereses de clase, para lo cual recurren a movilizar a las masas de sus departamentos a través de prebendalismo, chantaje con sus puestos de trabajo, compras de conciencias, y otras series de dádivas.

En diciembre de 2006 en la localidad de San Julián en el departamento de Santa Cruz de la Sierra, se dio un enfrentamiento entre un grupo de campesinos e indígenas chiquitanos que apoyan al gobierno y bloqueaban la carretera, y otro grupo que se trasladaba hacia Santa Cruz a participar en el Cabildo que había convocado el Prefecto del departamento para ratificar la “autonomía” y “defender la democracia de los dos tercios en la Asamblea Constituyente”. El enfrentamiento dio lugar a más de 50 heridos de ambos grupos. Días posteriores siguió el ataque de Comités Cívicos locales y de grupos de la “Unión Juvenil Cruceñista” a viviendas de comunarios indígenas de Concepción, y quemaron puestos en el mercado, de comerciantes afines al MAS, en la localidad de San Ignacio de Velasco.

En los primeros días de enero de este año, en la ciudad de Cochabamba, luego de su reunión de evaluación del gobierno con algunos sectores sociales, el MAS moviliza a la Central Obrera Departamental, cocaleros del Chapare, regantes, quienes realizan una vigilia  y demandan la renuncia del prefecto del departamento por “divisionista” y promover la “independencia del departamento”, generándose enfrentamientos con la policía que resguardaba la Prefectura e incendiándose parte de la misma por los sectores movilizados. Los movimientos campesinos y cocaleros se desplazan en diferentes puntos de la ciudad, desde la Plaza Principal hasta la Plaza de las Banderas. Frente a ello la Prefectura y el Comité Cívico de Cochabamba organizan movilizaciones y arman principalmente a la pequeña burguesía con palos, piedras, bates de béisbol, cuchillos y armas de fuego, bajo la denominación de “Jóvenes por la democracia”, produciéndose el pasado 11 de enero el enfrentamiento y desalojo violento de los masistas y cocaleros, con el saldo de dos muertos, un campesino y un joven, y más de un centenar de heridos.

Para la movilización de los campesinos cocaleros se utilizó el método fascista de coacción: la no asistencia sería castigada con multas económicas, despojo de cultivos, amenazas, etc. Además de engaños a otros sectores del sur de Cochabamba: “la lucha es nuevamente por el agua ya que el prefecto intenta quitarnos”, y un factor impulsor de la combatividad campesina fue la información mentirosa y malintencionada de los dirigentes del MAS que afirmaron a los movilizados que la “lucha era contra los `cambas´ venidos de Santa Cruz”  aprovechando de esta manera la ignorancia y la inconciencia política de algunos sindicatos campesinos, en complicidad de dirigentes simpatizantes y militantes masistas. Esta arremetida del MAS, produce como nunca antes, la organización de la burguesía cochabambina en grupos masivos de choque de características fascistas en defensa de sus intereses político partidario-económicos y una creciente manifestación de discriminación social y racial.

El viernes 12, Evo Morales llama a los sectores sociales: obreros, campesinos, cocaleros y regantes, a desarrollar la lucha “en los marcos de la democracia”, mostrando una vez más no sólo el negro papel de utilizar a las masas en función de los intereses del programa de la burguesía burocrática, sino a encasillar toda lucha popular dentro del ordenamiento legal burgués. Aquí usa el ordenamiento jurídico del Estado, cuando le conviene usa el corporativismo; cuando no, usa las leyes burguesas.

La forma en que el MAS y su ideología expresan esto es más bien reaccionaria y que de ninguna manera nosotros llamaríamos “socialista” y mucho menos progresista. Es reaccionaria pues tiene un discurso demagógico que trafica con las necesidades y demandas del pueblo. Es reaccionaria, pues utiliza mecanismos fascistas de corporativización de organizaciones sociales populares y reprime a los sectores que no se pliegan a sus mandatos, sino qué otra cosa es la creación del “Estado Mayor del pueblo” o de imagen forzada de los “Ponchos Rojos”. Es reaccionaria, pues niega la lucha de clases y la lucha franca y abierta en contra del imperialismo, principalmente yanqui. Es reaccionaria, pues utiliza a las masas como arena de contienda, las manipula, subestima y adormece. Justamente una de las maneras en que el MAS encuentra un amortiguador a la explotación y opresión capitalista, que lejos de eliminarla la defiende, es en el asistencialismo. El bono Juancito Pinto, menoscaba al pueblo a la miserable condición de mendigos; ese tipo de medidas populistas y demagógicas las hicieron en su tiempo los genocidas Sánchez de Lozada o Bánzer, y hoy lo hace Evo.

En síntesis, afirmamos que la contienda de facciones de la gran burguesía se expresa de un lado con el MAS que promueve un viejo patrioterismo reaccionario, burgués y fascista de nuevo tipo, presentándose como impulsores de “una patria nueva” y de una “democracia popular”; y, de otro lado, la burguesía compradora y terratenientes, representados por los partidos tradicionales y reciclados en algunas agrupaciones ciudadanas, como también en los Comités Cívicos y Prefecturas, que agitan “autonomía”, “contra el totalitarismo” y “defensa de la democracia”.

Así, pues, ambas facciones tratan de ganar a las masas para sus intereses de clase y, observamos la contradicción entre los programas de las dos facciones de la gran burguesía, (burguesía burocrática y burguesía compradora) políticamente en pugna por mantener y retomar el poder político respectivamente; como por espacios de poder local (prefectura y municipios).

En una sociedad de clases las masas son siempre arena de contienda, y en nuestra situación actual ésta se da entre las facciones de la gran burguesía (burguesía burocrática y burguesía compradora) y terratenientes, que pugnan por dirigirlas en función de sus intereses. He ahí la falta y a la vez la necesidad de construir a corto plazo una verdadera dirección proletaria y su vanguardia organizada, única capaz de dirigirlas, representarlas y bregar por sus intereses.

Frente Revolucionario del Pueblo

Bolivia, marzo de 2007


[1] Algunas versiones hablan de más de 600 mil personas pero no sabemos a ciencia cierta cuántos muertos ha generado el imperialismo pues siempre ocultan o empequeñecen estas cifras según sus intereses.

[2] Termino que expresa adulación, en otras latitudes se conoce también esto como “felpudo”, “ayayero” o “lamebotas”.

[3] En referencia a los individuos “progresistas” que trafican con un discurso de izquierda.

[4] Pro País que aparece junto al PLANE. Programas de los gobiernos neoliberales para mitigar el empleo que no cuentan con derechos laborales, se paga en especie (o sea arroz, fideo y otros productos) y se dedica a refaccionar calles, parques, alcantarillado, etcétera.

[5] Los partidos apoyantes del MAS constituyen una variopinta fauna de organizaciones políticas que van desde abiertos defensores del liberalismo como el Movimiento Sin Miedo hasta posiciones revisionistas como el Partido Comunista de Bolivia, el Movimiento Guevarista, el Partido Comunista  ML autoproclamado maoísta. Todos ellos cuentan a la fecha con importantes militantes, miembros del más alto nivel en sus organizaciones, revisionistas y reaccionarias, desempeñando funciones burocráticas en cargos de Ministros u otros en el viejo Estado como parte de la prebenda que recibieron del Movimiento al Socialismo de Evo Morales.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en marxismo y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s