Celebrar la Gran Revolución Cultural Proletaria China combatiendo al oportunismo, reformismo y revisionismo del MAS

Hace 40 años, en 1966, el Presidente Mao Tse-tung inició el más grande movimiento revolucionario jamás visto: la Gran Revolución Cultural Proletaria (GRCP). Por todo el territorio chino, decenas de millones de hombres y mujeres, estudiantes, obreros y campesinos, se levantaron en un furioso asalto a los puestos del poder estatal, que reforzaban las cadenas de la tradición de cientos de años de la sociedad de clases.

El objetivo de la GRCP China era fortalecer la línea del proletariado, movilizando al pueblo en todos los terrenos, de abajo arriba, para derrocar a los seguidores del impenitente camino capitalista encaramados en el Estado. El Presidente Mao quería impedir que en China se diera una restauración capitalista, como se había dado en la URSS desde 1956. La Revolución Cultural tenía el propósito de derrotar a la “nueva burguesía” y élite privilegiada surgida dentro del Partido Comunista, y continuar su avance hacia una sociedad sin clases, el Comunismo.

La GRCP, como un acto sin precedentes, puso la ideología en poder de las masas, avanzó en la eliminación de las diferencias entre el trabajo intelectual y manual, redujo la diferencia entre el campo y la ciudad, impulsó la emancipación de las mujeres, la educación científica superó el dominio de la escuela y la universidad para ser apropiada por el pueblo, colocó a obreros y campesinos en la dirección de instituciones del Estado. El objetivo central fue dotar al ser humano de una concepción científica y transformadora de la realidad. Revolucionó la vida del país en la cultura, economía, educación y política, apoyándose en las masas para combatir al revisionismo incrustado en el Estado, al imperialismo norteamericano y al socialimperialismo soviético.

La GRCP concretó el maoísmo como tercera y superior etapa del marxismo-leninismo, al ser aplicado en la realidad concreta de China. Enseñó a prevenir la restauración capitalista dentro del socialismo, movilizando a las masas y elevando su nivel de conciencia en plena lucha revolucionaria.

A la muerte del Presidente Mao (1976), un grupo de reaccionarios se apoderó del gobierno mediante un golpe de estado, encerrando y matando a muchos revolucionarios. Convirtieron a China en un país capitalista y eliminaron progresivamente las conquistas hechas por el pueblo.

Las enseñanzas de la Revolución Cultural y del Presidente Mao son un gran legado que debemos aplicar si queremos un verdadero cambio en nuestro país y en el mundo. En Bolivia el gobierno del MAS dice que desarrolla una “revolución democrática y cultural”, pero es pura demagogia que no solucionará los problemas del pueblo, y que se reduce a alcanzar la “inclusión” y “reconocimiento” del indígena originario por el sistema capitalista. Evo vocifera repetidamente que su “revolución agraria” eliminará el latifundio, pero sólo va a repartir tierras fiscales (es más, forestales) y no tocará a los grandes terratenientes; el problema de la tierra no se soluciona entregando unos cuantos tractores a crédito ni creando bancos de fomento o bancos agrarios para que el campesino hipoteque su tierra. ¡Eso no es una revolución agraria!

Una verdadera Revolución no puede limitarse a entregar tierras al campesinado sin erradicar el feudalismo y el monopolio de los terratenientes sobre la tierra, sin eliminar las formas de servilismo que encadenan a hombres y mujeres campesinos y a las fuerzas productivas. Además revolucionar el agro implica romper la dependencia del mercado imperialista y del atrofiado “mercado nacional” que sólo devora energías a los campesinos y los mantiene en formas de producción arcaicas.

Evo Morales sólo tiene como proyecto reestructurar el viejo Estado y salvarlo de su crisis profunda. Por eso su obra estrella, la “nacionalización”, ha legitimado la presencia del imperialismo, legalizando la situación irregular de las transnacionales, con las que negocia algunas regalías mientras éstas hacen el gran negocio con el incremento de la venta de gas.

Cosa similar sucede con la Asamblea Constituyente (AC), entrampada en discusiones reglamentarias como si la crisis que afecta al pueblo se resolviera por mayoría absoluta o por dos tercios de votación.

Hay una diferencia abismal entre Revolución y reformismo, la Gran Revolución Cultural Proletaria de China transformó la vida de millones de hombres y mujeres, fue la continuación de la Revolución bajo la dictadura del proletariado, mientras que el gobierno del MAS dirige su remedo de “revolución” a parchar los problemas del país con meras reformas, que no destruyen el latifundio, no nacionalizan las riquezas naturales y mucho menos transforman la superestructura de nuestra sociedad.

Por ello una verdadera Revolución a la par que combate al imperialismo, principalmente yanqui, también debe combatir y aplastar la demagogia, el reformismo, el oportunismo y el revisionismo, en particular del MAS y sus apoyantes, para emprender verdaderamente un camino revolucionario que nos lleve a acabar con el imperialismo, el capitalismo burocrático y los terratenientes de nuestro país.

¡VIVA EL MAOÍSMO!
¡CELEBRAR EL 40 ANIVERSARIO DE LA GRAN REVOLUCION CULTURAL PROLETARIA CHINA!
¡MUERTE AL REFORMISMO DEL M.A.S.!

Frente Revolucionario del Pueblo
marxista-leninista-maoísta

Bolivia, septiembre de 2006

Algunas  imágenes de campo y ciudad, en barrios pobres donde se llevó adelante la campaña por el 40 Aniversario de la GRCP China

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