Frente al camino burocrático que busca consolidarse construir el Partido revolucionario aplicando el maoísmo

Han transcurrido cinco años desde que el Movimiento al Socialismo (MAS) asumió las riendas del viejo Estado terrateniente burocrático. Sus medidas económicas, sociales y políticas muestran que el carácter semifeudal y semicolonial de la sociedad boliviana no ha cambiado, la estructura terrateniente sigue intacta y el sometimiento económico se ha abierto a otras potencias sin dejar de tener dominio el imperialismo yanqui.

Realicemos un vistazo rápido a algunas de sus medidas.

En lo social, el trabajo del gobierno tiene base en la entrega de bonos para paliar la pobreza, que alcanza a más del 70% de la población, con recursos del Banco Mundial. De otro lado acaban de aprobar una ley de seguridad social que mantiene la misma estructura de aportes del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (Goni) y que reduce casi a la nada el aporte patronal, reduce a cero el aporte estatal y amplía el aporte de los trabajadores bajo el argumento del “carácter solidario” de la ley. Esto provoca la caída del salario real de las masas trabajadoras, quienes cargarán sobre sus hombros la “solidaridad” con los sectores informales que llegan al 74% de la Población Económicamente Activa.

En lo económico, prosigue con su política de puertas abiertas al capital extranjero, manteniendo la matriz de producción primaria exportadora de recursos naturales y orientando la producción nacional en función de los mercados extranjeros como ser el incremento de la frontera agrícola en 359.406 hectáreas, de las que casi el 81% de las tierras cultivadas está orientada a cuatro productos ligados al agronegocio. Esta política agroexportadora, sumada a la explotación de la minería y de los hidrocarburos, configura el carácter antipopular y pro imperialista del gobierno de Evo Morales.

Declaraciones de funcionarios de la Asociación de Bancos (ASOBAN) confirman este carácter del gobierno del MAS, al afirmar que nunca habían obtenido tantas ganancias como en el 2009, ni siquiera en el periodo del neoliberalismo encabezado por Goni. Hace una semana un funcionario de ASOBAN declaraba que estimaba que este año la banca estaría creciendo un 26%, mientras que el sector que atiende microcréditos crecería de un 8% a 16%. Como se dice en términos jurídicos “a confesión de parte, relevo de pruebas”.

En lo político, el proceso de corporativización prosigue, en particular con las organizaciones sindicales de la ciudad y el campo. El gobierno copta dirigencias sindicales con favores políticos, con prebendas, con dinero sin ningún tipo de fiscalización, con el loteamiento del aparato estatal (manejo de viceministerios) o finalmente con chantajes judiciales; sigue creando organizaciones paralelas o descabezando organizaciones (ej. Federación de Juntas Vecinales de El Alto).

El llamado derecho a la consulta de los pueblos indígenas, garantizado por su propia Constitución Política del Estado, pretende ser anulado y dejado como una cuestión declarativa, planteando que una cosa es el “derecho a la consulta y a la participación” y otra cosa es el “derecho al consentimiento”. En los hechos se anula el ejercicio de este derecho por el cual los pueblos indígenas han peleado durante largos años.

El gobierno acosa a los dirigentes sindicales cuyas organizaciones se encuentran en pie de lucha, buscando desprestigiarlos y quitarles credibilidad en sus demandas. Tenemos el caso de la localidad de Caranavi, donde el pueblo en general se levantó solicitando la construcción de una fábrica de industrialización de cítricos. En esa oportunidad fallecieron dos jóvenes producto de la intervención policial y actualmente se les ha iniciados procesos judiciales a 17 ciudadanos de la localidad. Igualmente las protestas de la ciudad de Potosí han puesto en jaque al gobierno y desenmascarado su demagogia de “políticas de desarrollo a los pueblos tradicionalmente olvidados”.

Por otro lado, el copamiento de órganos ligados al poder judicial como ser el Consejo de la Judicatura, la Corte Suprema, la Fiscalía General de la República, además de contar con una larga lista de fiscales, de jueces venales y prevaricadores que actúan en consonancia con el gobierno masista (y que antes sirvieron igual a los gobiernos neoliberales) muestran una tendencia hacia la “centralización absoluta” del manejo del poder, esto tiene relación con el carácter de las decisiones políticas de Evo Morales que están guiadas por un espíritu caudillesco incluso cuando se trata de su propia militancia.

Para la implementación de sus planes violenta su propio ordenamiento jurídico, desconociendo garantías fundamentales como el derecho a un juicio justo, a un debido proceso, irretroactividad de la ley en materia penal, la presunción de inocencia, a estar presente durante el juicio y a apelar cualquier condena. Sin embargo esto se aplica fundamentalmente a los sectores opositores y disidentes.

Otro hecho evidente de este carácter es la pretensión de lavarle la cara, con rancio tufillo nacionalista y chovinista, a las fuerzas armadas reaccionarias y genocidas que tienen deuda con el pueblo boliviano, señalando que son “fuerzas armadas patrióticas” y que los crímenes cometidos contra el pueblo fueron “por disposición superior” y “obedeciendo órdenes” y que “no existen archivos que desclasificar” para encontrar a los cientos de asesinados y desaparecidos, combatientes populares caídos en lucha por un nuevo orden social.

Este es el camino burocrático de la reacción y el imperialismo, que busca evolucionar la semifeudalidad y profundizar la economía colonial del país al servicio de las transnacionales y del capital financiero mundial.

Mientras la reacción prosigue su camino y busca atar a las masas a su carro, éstas empiezan a expresar su descontento ante el incumplimiento de las promesas electorales y constatar que la situación de pobreza y miseria casi no ha cambiado y que solamente existe empleo para quienes se suben al proyecto gubernamental. El resto de la población sólo consigue empleos precarios y con bajos salarios que no permiten cubrir siquiera una canasta básica de alimentos, o ingresando al sector servicios del comercio informal.

Así, el único camino que tiene el pueblo para enfrentar la ofensiva corporativista de la facción burocrática en nuestro país y combatir simultáneamente a la burguesía compradora, a los terratenientes y al imperialismo es asumir el maoísmo, no sólo enarbolándolo y defendiéndolo sino principalmente aplicándolo. Significa construir un camino completamente nuevo, juzgar todo de nuevo a la luz del maoísmo para seguir adelante.

Ello implica combatir al reformismo y al revisionismo en todas sus formas así como desenmascarar el llamado “proceso de cambio” y a sus seguidores, quienes disfrazados de “izquierda” e incluso “socialistas” o “marxistas” sirven a la defensa del viejo orden establecido en manos de la gran burguesía, de los terratenientes y del imperialismo.

Implica también construir la vanguardia revolucionaria que vaya construyendo el camino del pueblo hacia la conquista del poder, armada de la todopoderosa ideología del marxismo-leninismo-maoísmo, que a través de la revolución violenta resuelva el problema de la tierra insoluto aplicando Revolución de Nueva Democracia en camino ininterrumpido hacia el socialismo hasta nuestra meta final que es el dorado comunismo.

Demanda construir el Partido revolucionario mediante una implacable lucha contra el revisionismo, un partido firme en la teoría y claro en la política y con un carácter de masas en cuanto a la organización, un Partido que sea capaz de dar dirección proletaria en cada momento al proletariado y al pueblo.

De esta manera los revolucionarios bolivianos, enarbolando, defendiendo y aplicando el maoísmo nos levantamos siguiendo el camino de la Comuna de París, el “Octubre de 1917” de Lenin, la obra revolucionaria de la China del Presidente Mao, de la Gran Revolución Cultural Proletaria, de la lucha revolucionaria de los comunistas indios que siguiendo a Charu Mazumdar hoy desarrollan guerra popular, en sistematizar lo positivo de los procesos revolucionarios del Perú y de Nepal, entre otras experiencias revolucionarias del mundo.

En el 117º aniversario del natalicio del Presidente Mao y en el 7° Aniversario del Frente Revolucionario del Pueblo marxista-leninista-maoísta, los comunistas bolivianos nos reafirmamos en construir el Partido y preparar la guerra revolucionaria para la conquista del poder para el proletariado y el pueblo.

Bolivia, diciembre de 2010

Frente Revolucionario del Pueblo
marxista-leninista-maoísta

 

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