Brasil: Declaración del Frente Revolucionario en Defensa de los Derechos del Pueblo con motivo del Centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre

¡Proletarios y pueblos oprimidos de todo el mundo, uníos!

¡Viva el Camino Luminoso de Octubre!

Hace 100 años las masas populares explotadas y oprimidas de Rusia protagonizaron un gran acontecimiento histórico. Bajo la intrépida dirección del Partido Bolchevique y la lúcida jefatura del Gran Lenin, la inmensa mayoría de la clase obrera, de los campesinos pobres y de los soldados rusos, unidos por pan, paz y tierra, se alzaron como furioso tifón para barrer el recién establecido gobierno Provisional, poder político de la burguesía imperialista y restos feudales, proclamando la República Socialista Soviética de Rusia. La revolución proletaria socialista triunfaba, por primera vez, representando un giro tal que abriría una Nueva Era para la Humanidad, la Era de su transición a la sociedad sin clases, sin explotación del hombre por el hombre, la de la Emancipación Humana, la sociedad de la eterna armonía, el dorado comunismo.

La Revolución de Octubre cumplía los requisitos y las premisas de la revolución proletaria, previstas y establecidas por los fundadores del socialismo científico, confirmando el carácter científico de éstas: el partido comunista, apoyado en las masas armadas, aplicando la violencia revolucionaria, tomó de asalto el poder de la burguesía, expropió a los capitalistas y latifundistas, abolió la propiedad privada de los medios de producción, socializándolos y nacionalizando la tierra, destruyó la maquinaria burocrático-administrativa-policial-militar y estableció el nuevo poder estatal del proletariado, sobre la base de la alianza obrero- campesina y en la forma innovadora de los consejos de los delegados del pueblo (Soviets), directamente elegidos en las unidades de producción, locales de actividades o vivienda, por los obreros, campesinos y soldados, centralizados en el gobierno de los Comisarios del Pueblo.

Realizaba lo que proclamaba Lenin, doce años antes, en medio de los combates de la primera revolución democrática burguesa de 1905: “Sólo el pueblo armado puede ser un verdadero baluarte de la libertad popular”. [1]

El primer factor, subjetivo, y más decisivo del triunfo de la Revolución Socialista de Octubre residió en la existencia de un partido de nuevo tipo armado con una línea ideológico-política marxista, como Stalin destacaba en su balance: “fuerte no sólo por su experiencia y por una disciplina templada durante años, sino también por lazos infinitos con las masas trabajadoras “. [2]

Esencialmente un partido forjado entre las masas y educado en el combate implacable al oportunismo y en la violencia revolucionaria.

El segundo, también subjetivo, fue la acertada línea de la alianza obrero-campesina, como afirmó Stalin que “La Revolución de Octubre triunfó, porque supo arrebatar a la burguesía sus reservas campesinas, porque supo conquistarlas para el proletariado, y el proletariado era en esta revolución la única fuerza capaz de dirigir las masas de millones y millones de trabajadores de las ciudades y del campo”. [3]

Y el tercero, el factor objetivo, fue la situación concreta y particular que se había creado en Rusia con la guerra interimperialista. El capitalismo en su fase monopolista había conducido la lucha por el reparto del mundo entre las principales potencias imperialistas y el oportunismo como social-chovinismo predominaba en los principales partidos obreros de Europa, a tal punto que la guerra de proporción mundial se había vuelto ineludiblemente en Guerra Mundial. Como nadie, Lenin supo comprender que allí en Rusia, país relativamente atrasado, había convergido todas las contradicciones del imperialismo agudizadas al extremo, haciendo de ella el eslabón más débil de su cadena de dominación mundial. La existencia de un proletariado muy concentrado y con amplia experiencia de luchas y una guerra injusta que armara como ejército a cientos de miles de campesinos miserables, sedientos por tierra, justicia y paz, hastiados de la condición de carne de cañón a que les había obligado el imperio zarista.

Así, la acertada política del Partido Bolchevique condujo no sólo al triunfo la insurrección armada como garantía del establecimiento del Nuevo Poder, los Soviets o el Poder político del proletariado, basado en la alianza obrero-campesina y más avanzada democracia, la Dictadura del Proletariado. Estableció todos los derechos de los trabajadores y pasó el control de las fábricas a los obreros, entregó la tierra a los campesinos pobres a la base de su nacionalización, instituyó la igualdad jurídica y de derechos de la mujer, respondió al problema de las nacionalidades oprimidas basado en el derecho de los pueblos a su autodeterminación, creando la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) ya en los primeros años del Poder Soviético.

La importancia de este grandioso hecho proletario también está en su significado internacional al sacudir el yugo del capital en todo el mundo, haciendo estremecer los cimientos del imperialismo. Al derrotar al imperialismo, la gran burguesía y latifundio dentro de Rusia, la Revolución de Octubre comprobó el partido de nuevo tipo como el partido revolucionario de la clase, forjó la nueva arma de lucha, en el sentido de Stalin, la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general y la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado, en particular. Esto indicó a los pueblos oprimidos de todos los países el camino para el derrocamiento final de la explotación y opresión: la conquista y defensa del Poder por la lucha armada, dirigida de modo absoluto por el Partido Comunista.

Este significado internacional expresó esencialmente su validez universal como Leninismo. Y fue sobre la base de ese extraordinario hecho del proletariado que Lenin fundó la III Internacional, la Internacional Comunista que llevaría el marxismo-leninismo por todo el mundo, potenciando los partidos comunistas existentes e impulsando su creación en los países que aún no existían.

La fuera de la Gran Revolución Socialista de Octubre en Rusia no sólo alentó la lucha del proletariado de Europa y Estados Unidos; ha retumbado hasta las regiones más remotas de la tierra despertando millones y millones de seres humanos explotados y naciones oprimidas para la lucha de liberación. Con el capitalismo monopolista, el imperialismo, como tendencia en toda línea hacia la violencia y la reacción, terminó la época de la revolución burguesa mundial y con la Revolución de Octubre la burguesía, en cuanto clase, pasó por completo a la contrarrevolución.

La época de la Revolución Proletaria Mundial se inauguró con sello de oro. En la condición en que las grandes potencias, controladas por un puñado de financistas y en medio de pugnas y colusión por el reparto y nuevo reparto del mundo, ejercen su dominio sobre pueblos y naciones enteras, la lucha de liberación de éstos se ha convertido en parte integrante de la Revolución Proletaria. Por el contrario, al frente de la revolución en la China semicolonial-semifeudal, el Presidente Mao afirmó categóricamente que “El trueno de los cañones de la Revolución de Octubre trajeron el marxismo-leninismo hacia China. “Entonces la Revolución china ganó una nueva fisonomía.” [4]

Y aun fundamentando que el Poder es la cuestión esencial de la guerra popular pontificó: “Los fusiles de los bolcheviques crearon el socialismo en Rusia”. [5] El triunfo de la Revolución de Octubre elevó el marxismo a una segunda etapa de su desarrollo: el leninismo.

Después de la derrota de la memorable Comuna de París, que Lenin llamó “Ensayo general de la revolución proletaria mundial”, el triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre puso a desarrollar poderosamente la Primera Etapa de la Revolución Proletaria Mundial, la de la Defensa Estratégica.

Sin que hubiera un solo día de paz, con agresiones y sabotajes perpetrados por la contrarrevolución interna y el imperialismo y la reacción mundial, la dictadura del Proletariado por primera vez, realizó las hazañas humanas jamás vistas sobre la faz de la tierra. Todo realizado por el Poder soviético apoyado en las masas organizadas teniendo por médula al Ejército Rojo, dirigidos por el Partido Comunista.

En los primeros días, desde que el territorio de la URSS fue agredido por ejércitos de catorce países, siempre en medio de las más duras luchas y triunfos contra el oportunismo de “izquierda” y principalmente contra la derecha revisionista (bujarinista, trotzkista, zinovievista, etc.) y contrarrevolucionaria al interior  del Partido, en el Ejército Rojo y en el Estado Soviético, hasta la derrota de la dictadura del proletariado por el nuevo revisionismo kruschovista, treinta y nueve años después del Gran Octubre. Durante treinta y nueve años desbravando el terreno inhóspito del camino de la construcción del socialismo en un solo país, frente a la derrota temporal de la revolución proletaria en Europa, teniendo que luchar contra los ataques de los dogmáticos y todo el pesimismo, sin dejar de apoyar un solo día la lucha revolucionaria y de liberación de los pueblos en el resto del mundo. Bajo el intenso y sistemático fuego de los enemigos enfrentó la guerra civil, realizó la electrificación e industrialización, la cooperativización del campo y soportó la devastación indescriptible y los genocidios practicados por las hordas hitlerianas. Al costo de la vida de más de 25 millones de compatriotas la URSS, bajo la guía del Partido y de Stalin, se llevó al triunfo a la Gran Guerra Patria aplastando a la bestia nazi en su territorio, liberó junto con las fuerzas de la resistencia local a los pueblos del Este de Europa y marchó sobre Alemania hasta el búnker de Hitler, plantando la bandera roja con la hoz y el martillo en la cúpula del Reichstag, en Berlín. Reconstruyó una vez más el país y saltó al frente de las naciones capitalistas más desarrolladas, en muchas áreas en el campo de la ciencia y la técnica. Fue movilizando, politizando, organizando y armando millones de masas trabajadoras, potenciando su pensamiento y acción creadora que llevó la construcción del socialismo y la experiencia de la Dictadura del Proletariado a grandes alturas.  ¡Honor y gloria eternas a los comunistas y las masas heroicas soviéticas, al Partido Bolchevique, a su magistral jefe, el Gran Lenin y a su genial conductor el Gran Stalin!

La gigantesca victoria del Poder Soviético, de las masas trabajadores y revolucionarias de la Unión Soviética y del heroico y glorioso Ejército Rojo, todo bajo la dirección del Partido Comunista y del Gran Stalin en la II Guerra Mundial, la liberación de los países del Este Europeo y Corea en Asia, conformando en ellos las democracias populares, ampliaron formalmente el campo socialista mundial.

Con el triunfo de la Gran Revolución China, cuatro años después, la relación de fuerzas entre proletariado y burguesía, entre socialismo e imperialismo, se había equilibrado. La Revolución Proletaria Mundial pasó a su Segunda Etapa, la del Equilibrio Estratégico.

Para el imperialismo, ya hegemonizado por EUA, se planteó concretamente el problema de su aplastamiento como dominación mundial y para la burguesía su derrocamiento como clase dominante. En este sentido, los yanquis lanzaron su estrategia de “guerra fría”, teniendo como centro la amenaza de golpear a la URSS con armas atómicas. Sin embargo, todos los avances logrados en la lucha revolucionaria y en la aplicación de las tareas de construcción socialista, el desarrollo de las fuerzas productivas y la creciente satisfacción de las necesidades de las personas- resultaron insuficientes para asegurar el desarrollo continuado de la revolución y conjurar el peligro de la restauración capitalista. La dirección bolchevique no logró a tiempo la necesaria comprensión de cómo proseguir la revolución en las condiciones del socialismo y de la Dictadura del Proletariado, en que la lucha de clases seguía y se volvió más encarnizada y más compleja. En esta cuestión el camarada Stalin reveló dificultades en el manejo de las contradicciones, concluyó ya a finales de los años de 1930 que en la URSS no había más clases antagónicas, sino que sólo elementos contrarrevolucionarios y antisociales, agentes del imperialismo, subestimando así la necesidad imperiosa de la movilización constante de las movilizaciones constantes de masas en el combate a la ideología burguesa y a sus defensores abiertos y disimulados en el Partido, en el Ejército y en el Estado, así como la batalla sin cuartel contra las ideas reaccionarias incrustadas en las costumbres y tradiciones, apostando por una lucha a través del aparato de seguridad interna. Sin embargo, como demuestran los hechos históricos, fue sólo después de la muerte del camarada Stalin, gran marxista, como lo definió el Presidente Mao, e intransitable obstáculo que era ante los sueños e intentos de la contrarrevolución, que ésta se vio alentada y se levantó bajo el manto del nuevo revisionismo para restaurar el capitalismo. Después de la muerte del camarada Stalin, en las condiciones internacionales de vigencia del chantaje nuclear yanqui, y de traición revisionista por los partidos comunistas en Europa y EUA al final y después de la II Guerra, encabezados por Kruschov, de forma abierta y astuta los restauracioncitas falsificaron el marxismo-leninismo y subvirtieron el sistema socialista; propagaron el populismo burgués, erigieron una línea negra en oposición a la lucha de clases, a la violencia revolucionaria y a la Dictadura del Proletariado y condujeron a la URSS a la restauración capitalista (1956).

Se sirvieron del gigantesco prestigio de la URSS construido por el hercúleo y heroico trabajo, estudio y lucha del pueblo soviético, bajo la magistral conducción del gran Lenin y de su sagaz discípulo Stalin, subrepticiamente pintado como vulgar criminal por Kruschov, quién arrastró detrás de sí para el pantano de la contrarrevolución a la gran mayoría de los países del campo socialista y la inmensa mayoría de los partidos comunistas en el resto del mundo.

Pero no sin tener que afrontar con la más tenaz batalla ideológica jamás vista (el Gran Debate) en defensa del marxismo -leninismo y de implacable combate y desenmascaramiento del nuevo revisionismo. El Presidente Mao identificó en el XX Congreso del PCUS, detrás de los cobardes ataques al camarada Stalin y de las “novísimas” tesis de Kruschov, la aparición y sistematización de un nuevo revisionismo, demoliendo su teoría podrida de la “Coexistencia” y de los “Dos” todos”. E investigando las causas que condujeron a la restauración capitalista en la URSS, en medio del más tormentoso combate contra el camino capitalista en China y sus defensores en la dirección del Partido Comunista de China, en el Ejército Popular de Liberación y en el Estado Socialista, lanzó la gran Campaña de “Educación Socialista y el Gran Salto Hacia Adelante”. Luego, sosteniendo la tesis marxista-leninista de que en el socialismo “existen clases y luchas de clases”, advirtió “No olvidar jamás la lucha de clases” y se desencadenó la Gran Revolución Cultural Proletaria. “Movilizando cientos de millones en la defensa del Poder del proletariado y por el ejercicio de su dictadura de forma omnímoda sobre la burguesía, combatiendo la revisionista “teoría de las fuerzas productivas” proclamó: ¡Empeñarse en la revolución y promover la producción!, “Primero rojos y luego especialistas” y poner la “política al mando”, movilizando la inmensa mayoría de las masas por su transformación ideológica constante, impidió por diez años la misma restauración en China.

Bajo la bandera del marxismo-leninismo y del Gran Octubre, la Gran Revolución Cultural Proletaria dirigida personalmente por el Presidente Mao, elevó su pensamiento como el marxismo-leninismo de la época y consagró a la Guerra Popular como la profundización del Camino Luminoso de Octubre, sistematización y síntesis que realizó el Presidente Mao de la experiencia histórica de la lucha revolucionaria de las masas oprimidas, especialmente del proletariado para la conquista y defensa de su Poder. Desaprendidos, pero astutos, los revisionistas modernos, avasallados por el socialimperialismo de la URSS y PCUS kruchovistas-breznevistas, desde entonces, bajo la línea general de la “transición pacífica”, tergiversaron sobre el Camino Luminoso de Octubre y defendieron la participación en el parlamento burgués como el nuevo camino para el socialismo, como última “aplicación creadora” y “desarrollo ulterior” del marxismo- leninismo. Arrastraron por tierra el Camino Luminoso de Octubre y patearon sobre él actuando como fuerzas auxiliares de la burguesía imperialista y de sus lacayos en los países dominados o como meros peones en el tablero de la pugna y colusión de ese entonces entre la superpotencia yanqui y la superpotencia social-imperialista que representaba entonces ya la URSS, provocando la confusión entre las masas para dividirlas y desviarlas del camino revolucionario, así como para dividir y domesticar al Movimiento Comunista Internacional.

Contra toda esta traición revisionista se levantó el PCCh desencadenando abiertamente en 1963 la tempestad contra el nuevo revisionismo y en defensa del marxismo-leninismo, con la “Proposiciones acerca de la Línea General para el Movimiento Comunista Internacional” y los “Nueve Comentarios” que la siguieron.

Al mismo tiempo teniendo que dar luchas contra los disimulados defensores del camino capitalista capitaneados por el Kruschov chino, Liu Shao-chi, el Presidente Mao llamó a los verdaderos marxistas-leninistas de todo el mundo a mantenerse inquebrantables en la defensa del Camino Luminoso de Octubre para hacer la revolución de nueva democracia ininterrumpida al socialismo en los países oprimidos por el imperialismo y la revolución socialista en los países imperialistas. Convocó al proletariado de todos los países y las naciones y pueblos oprimidos de todo el mundo a unirse y atreverse a luchar y derrotar al imperialismo yanqui, enemigo común de todos los pueblos del mundo, sancionando que el imperialismo y los reaccionarios son tigres de papel.

En el caso de la dictadura del proletariado, desencadenó la gran revolución cultural proletaria para barrer con los defensores del camino capitalista, llevar la lucha de clases en las condiciones del socialismo y combatir el peligro de la restauración burguesa. Así lo advirtió a los comunistas de lo que había dicho Lenin la burguesía derribada del poder no desaparecía y que al contrario, derrotada ella centuplicaba su fuerza contra el nacimiento y aún frágil sistema socialista. La burguesía trata, sin embargo, de valerse de las viejas ideas, cultura, hábitos y costumbres de las clases explotadoras para corromper las masas y conquistar la revolución cultural de la gente en su esfuerzo por restaurar su Poder. El proletariado debe hacer exactamente lo contrario: debe dar golpes despiadados y frontales a todos los desafíos de la burguesía en el dominio ideológico y cambiar la fisonomía espiritual de toda la sociedad utilizando sus propias nuevas ideas, cultura, hábitos y costumbres. Nuestro objetivo actual es aplastar, mediante la lucha, a los que ocupan puestos dirigentes y siguen el camino capitalista, criticar y repudiar las ‘autoridades’ reaccionarias burguesas en el campo académico, criticar y repudiar la ideología de la burguesía y demás clases exploradoras, y transformar la educación , la literatura y el arte y los demás dominios de la superestructura que no corresponden a la base económica del socialismo, a fin de facilitar la consolidación y el desarrollo del sistema socialista. “[6]

Así, por diez años, las realizaciones de la dictadura del proletariado fueron tal, que se ha convertido en una de las más grandes enseñanzas de la historia de la revolución proletaria. En cuanto a los grandes saltos de la Gran Revolución Cultural Proletaria (GRCP) la derecha revisionista supo maniobrar para aislar a la izquierda maoísta y con la muerte del Presidente Mao, la camarilla de Teng Siao-ping se vio alentada a dar el paso golpe de Estado, revocar uno a uno los veredictos revolucionarios de la GRCP y desencadenar la restauración burguesa (1976).

Tal acontecimiento marcó el fin de la Primera Gran ola de la Revolución Mundial, que se inició con la publicación del Manifiesto Comunista y principalmente con la Comuna de París, Primera Onda con la que la revolución proletaria cumplía la etapa de defensa estratégica, alcanzaba la etapa de equilibrio estratégico, desarrollándola y ensayando su contraofensiva general.

Son irrefutables los progresos y avances que la GRCP constituyó para la revolución proletaria en China y mundial. La GRCP como forma y contenido de llevar la lucha de clases en las condiciones de la dictadura del proletariado, como conducir la transición al comunismo, combatiendo el peligro de la restauración burguesa, puso en total evidencia los desarrollos del marxismo-leninismo que el entonces llamado pensamiento Mao Tse Tung constituía, comprobados en la larga trayectoria de la Revolución China y para responder a los nuevos problemas de la revolución proletaria mundial y llevarla hasta el fin a su meta el comunismo.

A través de su profunda comprensión y magistral manejo de la filosofía marxista el Presidente Mao definió la contradicción, en su unidad y lucha de contrarios como la ley fundamental de la dialéctica, que rige toda la materia infinita en su transformación constante, el universo, la naturaleza, la sociedad y el pensamiento. Sintetizándola en que todo es contradicción y “uno se divide en dos”, la aplicó a la construcción del partido, partiendo de que en él, en su seno, manifiestan las contradicciones de clase de la sociedad, entre lo nuevo y lo viejo y entre el correcto y el erróneo, formulando el método de la lucha de dos líneas para la fragua de la línea proletaria y para combatir líneas contrarias que de tiempo en tiempo, en determinadas condiciones emergen en el partido. Tomando la idea de los fundadores que son las masas que hacen la historia, que son ellas las que hacen la revolución y el partido las dirige, formuló la línea de masas, de partir de las masas a las masas, como método universal de conocer y transformar el mundo.

Con la exquisita síntesis que hizo del marxismo-leninismo, principalmente de las lecciones que sacó del Camino Luminoso de Octubre, afirmando categóricamente que el Poder nace del fusil; de lo afirmado por Lenin de que lo fundamental en toda revolución es la cuestión del Poder, desarrolló la teoría de la Guerra Popular como doctrina militar del proletariado teniendo como su centro el Poder; de que para hacer la revolución el proletariado necesita construir no sólo su partido revolucionario de nuevo tipo, sino también, como instrumentos propios suyos, otros dos también fundamentales, es decir, además del Partido Comunista, el Ejército Popular y el Frente Único Revolucionario. Que, mientras exista el sistema de explotación del hombre por el hombre, la guerra será realidad, que éstas son de dos tipos, guerra injusta y guerra justa. La guerra injusta es la guerra que las clases explotadoras hacen contra las masas trabajadoras y contra otras naciones por dominarlas y explotarlas. La guerra justa es la guerra que los explotados y oprimidos, pueblos y naciones, hacen por su liberación. Y siendo el imperialismo la última sociedad basada en la explotación, en la que la burguesía imperialista condujo al mundo entero a la militarización total, la guerra se tornó inevitable y medio de mantenimiento de este sistema en descomposición, condenado a desaparecer. El Presidente Mao afirmó “hacer la guerra justa para exterminar la guerra injusta, hacer la guerra para conquistar la paz eterna”. [7]

Como es innegable la inspiración que la GRCP llevó a los verdaderos marxistas-leninistas de todos los continentes a desencadenar nuevos movimientos revolucionarios. Así fue con el gran “trueno de la primavera”, de mayo de 1967, del masivo y heroico levantamiento armado de los campesinos de Naxalbari (Bengala Occidental), liderado por el Partido Comunista de la India Marxista-Leninista de Charu Mazundar, hoy Partido Comunista de la India (Maoísta). Como también es cierto el aliento que llevó a las luchas de liberación nacional de los países agredidos y ocupados por el imperialismo y los movimientos progresistas por todo el mundo. Pero a pesar de todos estos grandes logros la mayoría de los partidos que se denominaban marxistas-leninistas siguió hundida en el revisionismo kruschovista y sumisos al bastón de mando de la URSS social-imperialista, directamente o a través de la forma subsidiaria del revisionismo armado, representado por el castrismo.

En Brasil, como ocurrió en numerosos países, una fracción de la dirección del Partido Comunista se levantó contra el revisionismo de la dirección, junto a Prestes y en defensa del marxismo-leninismo y del Camino Luminoso de Octubre reorganizando el Partido bajo la sigla PCdoB, concretando su pendiente constitución auténticamente como partido marxista-leninista. En el caso de la guerra popular, por la insuficiencia de asimilación de la avanzada ideología, la dirección del partido seguía imbuida de subjetivismo y debido a la errónea concepción de la guerra popular condujo a la derrota a la guerrilla del Araguaia, en la lucha contra el narcotráfico, el régimen militar fascista pro-imperialismo yanqui y la revolución democrática. Esto bastó para que los enemigos del maoísmo en la dirección del Partido sabotearan el balance crítico de aquella rica experiencia, hecha de la sangre vertida por decenas de heroicos comunistas y masas campesinas, para abandonar la línea revolucionaria y capitular.

En la década de 1970, la dirección de João Amazonas, hundiéndose en el revisionismo hoxhista, liquidó por completo al Partido Comunista de Brasil como partido revolucionario del proletariado, tan penosamente reorganizado en 1962, transformándolo en otra organización revisionista, continuidad de la sigla PCdoB.

Desde entonces, ese podrido PCdoB, se integró por completo al viejo Estado y por cuatro décadas ha actuado en su parlamento y gobiernos de estados, defendiendo la legitimidad de sus instituciones burocráticas corruptas. A partir de 2003 integró y dio apoyo a los gobiernos del “Frente Popular”, oportunista-electorero de Luiz Inácio y Dilma, que por trece años y medio, manejaron el viejo y genocida estado en Brasil al servicio de la gran burguesía, de los terratenientes y del imperialismo, principalmente yanqui. Además de estas posiciones revisionistas descaradas, pasó a difundir un “socialismo del siglo XXI” que sustituye a la dictadura del proletariado por el equivalente al parlamento burgués, precediendo en esto al revisionista y traidor Prachanda del Nepal.

El proletariado y las masas de nuestro continente han testimoniado procesos en que tras años de combates heroicos de las masas en la lucha armada, sus direcciones pasaron a predicar argumentos semejantes, deponiendo las armas e integrándose al Estado reaccionario. Defendiendo tales posiciones, a ejemplo de lo que hizo Kruschov, acusan de dogmáticos a quienes persiste en la defensa intransigente de los postulados esenciales del marxismo y del Camino Luminoso de Octubre, para justificar su capitulación ante el imperialismo y las clases dominantes cual lacayos, para embellecer el capitalismo y perpetuar su viejo Estado. El presidente Mao ya había alertado sobre tal truco, respondiendo a los ataques que Kruschov lanzaba contra el PCCh de ser dogmático, afirmando que todos los desvíos, entre ellos el dogmatismo, eran maléficos y tenían que ser combatidos inapelablemente.

En la ocasión de los 90 años de la Gran Revolución Socialista de Octubre, el revisionista PCdoB de Amazonas y Rabelo, corrieron a exaltarla como “el más destacado acontecimiento social y político de la humanidad”[8], para concluir que eso, sin embargo, es cosa del pasado. En su nota, criticó un supuesto “mando ultra centralizador” [9] del Estado Soviético, que habría “debilitado la democracia socialista” [10].

Esto, para atacar la Dictadura del Proletariado y sostener la dictadura burguesa-burocrática-semifeudal instalada en Brasil, clasificada por el PCdoB de “democracia”. Argumenta también la nota que las condiciones objetivas, que dieron paso a la Revolución de Octubre, ya no existen en la actualidad, ya que las “tendencias actuales del capitalismo han cambiado”[11], lo que lleva a la necesidad de luchar por el socialismo, hoy, según la misma en las nuevas condiciones del siglo XXI, lógicamente, a través de la “preservación de mecanismos de democracia representativa”[12], como insisten sus teóricos.

En este octubre, con ocasión del 19º congreso del partido chino, el PCdoB se presenta al mismo, a saludar a la canalla social-imperialista de Jinping por “queridos camaradas”, expelió su habitual y repugnante vómito negro afirmando, entre otras perlas del revisionismo de que se ha fortalecido su dirección, que “El PCdoB, partido hermanado con el PCCh por el elevado ideal del comunismo “…” y “Tenemos plena confianza de que el 19º Congreso, teniendo Xi Jinping como núcleo del Comité Central, seguirá levantando la bandera del socialismo con características chinas, guiado por él… en el sentido de Mao Tsetung, por la Teoría de Deng Xiaoping, por el importante pensamiento de las Tres Representatividades y el Concepto Científico de desarrollo socialista”.

Toda esta podrida adulación de la empatía revisionista hacia el social-imperialismo chino suena apenas como un ridículo cacareo.

Esta situación existente dentro del movimiento revolucionario y comunista en Brasil tiene raíces profundas en la influencia del browderismo y el predominio del revisionismo moderno de Kruschov en el movimiento comunista de América Latina que lo sumergió en las ilusiones constitucionales y causó graves enfermedades de pacifismo, del oportunismo electorero y cretinismo parlamentario.

Después de la derrota de los procesos revolucionarios en la región, en las décadas de 1960 y 1970, y en función de la existencia de una dirección proletaria débil o que fuera descabezada por la contrarrevolución y con el consiguiente reinado del revisionismo, se creó el ambiente para el surgimiento de cierta “Nueva izquierda”. En el caso de los ex-guerrilleros burgueses arrepentidos, intelectuales del CEBRAP (institución financiada por la Fundación FORD), nacionalistas, trotzkistas de las diversas sectas, sectores de la iglesia católica y sindicalistas formados por los institutos yanquis para el “sindicalismo libre”, ese verdadero cartel del oportunismo conformaría el PT, partido obrero burgués liderado por Luiz Inácio. Y fue a través de verborrea radical, reduciendo la realidad a una mera negociación entre “la clase obrera” y “la patronal”, publicitando su socialismo liberal, mal-educando a las masas en la vía de las ilusiones constitucionales y el cretinismo parlamentario. “No tardó para que el PT, como exponente del “Foro de Sao Pablo”, a semejanza de lo que se impulsaba en toda América Latina, el frentismo patrocinado por el revisionismo cubano y bendecido por la iglesia católica (clérigos y laicos de la teología de la liberación) y en el caso del “Frente Popular” electorero, aglomerado de revisionistas y calados reformistas de todas las siglas (PT, PCdoB, PCB,PSB, PSTU, etc.),

En el lado opuesto a todo este engaño, el Partido Comunista del Perú, elevó alto la bandera del marxismo-leninismo pensamiento Mao Tse Tung, defendiendo el Camino Luminoso de Octubre, denunciando y rechazando el golpe restauración de la camarilla de Teng (1976), desencadenó la lucha armada revolucionaria como guerra popular prolongada, el 17 de mayo de 1980.

A través de la lucha de dos líneas que priorizó desde sus inicios, la Fracción Roja dirigida por el Presidente Gonzalo que reconstituyó el PCP llevó la guerra popular con saltos, dando demoledores golpes contra la semifeudalidad, el capitalismo burocrático y el imperialismo. La guerra popular en Perú confirmó el planteado, fundamentado y plasmado por la jefatura del Presidente Gonzalo de que los aportes del Presidente Mao, hasta entonces pensamiento Mao Tse Tung, al abarcar las tres partes constitutivas del marxismo y como unidad respondiendo a las nuevas exigencias de la realidad concreta del hombre, en el mundo de modo general y de la lucha de clases en particular, correspondía ser una nueva, tercera y superior etapa de su desarrollo, por lo tanto maoísmo.

Como lo comprendió y lo sintetizó el Presidente Gonzalo, lo fundamental en el maoísmo es la cuestión del Poder. El Poder para el proletariado en los diferentes tipos de revolución en curso en el mundo, es decir, el Poder para el proletariado en la revolución de una nueva democracia ininterrumpida al socialismo que se da en los países oprimidos por el imperialismo y que constituyen la base de la revolución mundial; el poder para el proletariado en la revolución socialista que se da en los países de capitalismo desarrollado, imperialistas; el Poder para el proletariado en las sucesivas y necesarias revoluciones culturales proletarias que conjuran y derroten la restauración y que desarrolle, profundice y culmine la transición de la sociedad en todo el mundo al luminoso comunismo. El Poder para el proletariado conquistado y defendido mediante una fuerza armada dirigida de forma absoluta por el Partido Comunista[14].

El Presidente Gonzalo profundizó y desarrolló el marxismo-leninismo-maoísmo mediante su aplicación creadora a la realidad del Perú, poniendo de relieve la aplicación y manejo de la contradicción, desarrolló lo esencial del maoísmo definiendo que la construcción de los tres instrumentos debe darse de modo concéntrico, de que el partido dirige todo y es partido militarizado. Que toda revolución demanda que se desarrolle su pensamiento guía como aplicación creadora del marxismo-leninismo-maoísmo a la realidad concreta del país correspondiente, pensamiento guía que abarca todo el universo de esa realidad, la comprensión de las leyes que rigen su formación y desarrollo económico-social, el constante análisis de las clases, su proceso de formación y organización, el proceso político del Estado y de las clases, y todas las relaciones sociales de producción y las derivadas de ellas en la superestructura; especificando la ideología, programa y línea política general, así como estrategia, tácticas y métodos de trabajo y dirección.

Tal como la síntesis de la experiencia de la lucha de los oprimidos por su liberación a lo largo de los milenios, de que los oprimidos siempre eligieron a sus jefes y que en la época del capitalismo, como bien definió Lenin, el partido revolucionario es un partido de jefes revolucionarios precisando la relación entre jefes, partido, clases y masas, formuló la necesidad de la jefatura, un jefe de ascendencia sobre los demás por su conocimiento, dominio teórico y del movimiento práctico, autoridad adquirida y que se sostiene en el pensamiento guía. Con algunas revoluciones en curso al principio de los años 1980, la Revolución Peruana componía el inicio de una segunda y nueva ola de la revolución proletaria mundial. Los avances de la guerra popular en Perú bajo la guía del marxismo-leninismo-maoísmo, Pensamiento Gonzalo alcanzó la etapa de equilibrio estratégico y sostenía que la Revolución Proletaria Mundial entrara a su Tercera Etapa, la de su Ofensiva Estratégica.

En el mundo, cuando el imperialismo capitaneado por los yanquis preparaba su ofensiva con Reagan y Tatcher, bajo las banderas de “neoliberalismo” y “globalización”, amenazaba peligrosamente el poder reaccionario en el país, inspirando revoluciones en todo el mundo.

El social-imperialismo soviético con Gorbachov a la cabeza con su “Perestroika” y “Glasnost” también ensayaba una ofensiva para intentar detener la bancarrota de su capitalismo estatal, que sucumbía como parte que era de la crisis general del imperialismo.

Fue el Presidente Gonzalo quien analizó a principios de los años 1990 que una ofensiva contrarrevolucionaria de carácter general y convergente de imperialismo y revisionismo se desató en el mundo para conjurar el hundimiento que se presentaba para el imperialismo. Ofensiva contrarrevolucionaria que sólo podría concretarse apuntando contra el proletariado de modo general y en particular contra su ideología científica, el marxismo. Y fue en el auge de esta ofensiva, con el ya desmoronamiento del Pacto de Varsovia, en el que se anunció la “Muerte del Comunismo” y el “Fin de la Historia”, que en la guerra de invasión de Irak (1991), la cual la URSS social -imperialista no se opusiera capitulando en su pugna con el imperialismo de EUA, que Bush padre proclamó su “Nueva Orden” y de que el “capitalismo era el mejor mundo posible”.

Los vientos y las tempestades de la reacción soplaron furiosamente sobre la cara del Globo y la capitulación de la lucha por el socialismo y la renegación del marxismo penetró todo el movimiento obrero-popular y el Movimiento Comunista Internacional profundizó su dispersión.

De las fuerzas del revisionismo armado en América Latina que siguieron en guerra, con raras excepciones, todas capitularon y renegaron la revolución en los años siguientes de 1990 y en los diecisiete años del actual siglo, como recién asistimos a la deposición de las armas por las FARC de Colombia y como el mismo modo hace el ELN en este país.

Cabalgando las masas que abrieron el siglo XXI resistiendo desesperadamente a las políticas del imperialismo de saqueo y super explotación, y prometiendo el cielo a ellas el cartel del oportunismo triunfó electoralmente y de forma encadenada en la mayoría de los países de América Latina. Ya en la gestión del viejo Estado, traicionaron sus promesas esas fuerzas oportunistas y se dedicaron a aplicar las políticas que antes decían combatir, pasando a presidir la represión a las masas. Integrando el cartel oportunista también están destacadamente probados revisionistas y partidos que se escudan bajo la máscara de marxista-leninistas.

Juntos anunciaron el surgimiento y papel central de nuevos “actores sociales”, según ellos, revelados por la nueva realidad surgida en el mundo con la quiebra del “socialismo real” y el establecimiento del “Nuevo Orden” de la “Globalización”.

El surgimiento de estos gobiernos caracterizados por los analistas burgueses, como “viraje a la izquierda” en América Latina, representó nada más que, en última instancia, la reacción de la fracción burocrática de la gran burguesía de los países de la región. Estas fueron, después de décadas enteras de hegemonía, destronadas de la hegemonía en el Estado y hacen del proyecto electoral de los oportunistas reformistas burgueses, la esperanza de retomar la posición perdida, reestructurar el Estado e impulsar el capitalismo burocrático. Muy al contrario de lo alardeado por la reacción al unísono con la euforia de todo el cartel del oportunismo en el continente y principalmente en Brasil por los oportunistas y revisionistas de todo pelaje, el triunfo electoral de este campo fue la forma de cómo se expresó en nuestro país la ofensiva contrarrevolucionaria de carácter general y convergente de imperialismo y revisionismo. Así que el proyecto del oportunismo fue el medio para que la fracción burocrática de la gran burguesía retomara la hegemonía en el aparato del viejo Estado. Arrastrando detrás de sí la burguesía nacional (media burguesía) con la repetición de la vieja ilusión “desarrollista” de una forma aún más fantasiosa, pues concretamente, como quedó comprobado por la práctica y su rotundo fracaso después de 13 años y medio de gobierno de turno, a pesar del recetario imperialista, profundizando la desindustrialización del país, la desnacionalización de la economía y su priorización para exportación.

Políticamente sólo hicieron difundir su ideología burguesa infestando aún más el movimiento obrero y popular de la mentalidad de conciliación y colaboración de clase. En especial a la universidad se ha llevado a la diseminación del pensamiento anticientífico, haciendo coro con el relativismo “posmoderno”. “Proponen el fin o secundarización de las clases, apuntando como agentes transformadores la gama de manifestaciones denominadas “movimientos sociales, ONGs, ecologismo, cuestión de género y LGBT, indigenismo y neo-marxismo” respectivamente, eufemismos de variantes ideológicas burguesas y pequeñoburguesas para negar la principalidad de la contradicción de clases, negar la lucha de clases y el papel, dirección y método de organización y lucha del proletariado y de la lucha su ideología científica, el marxismo-leninismo-maoísmo.

Sirviendo a dividir las masas populares y con tales tergiversaciones mellar la verdadera lucha combativa y clasista contra la destrucción del medio geográfico, alardeando las teorías imperialistas de amedrentamiento y chantaje a la humanidad de un próximo colapso y fin del mundo, problema para el cual se presentan como salvadores, dividir y truncar la verdadera lucha de emancipación femenina, sabotear la lucha por la autodeterminación de los pueblos originarios (indígenas), reducir la lucha contra el racismo a la mera cuestión cultural, banalizar la lucha contra todas las formas odiosas de discriminación y violencias contra la persona en razón de su definición sexual, y reducir al reformismo burgués la lucha contra el imperialismo. En que pese al discurso de “transparencia” y “horizontalidad” anunciando con bombo y platillo, la práctica de sus organizaciones y de sus gobiernos fracasados, no va más allá de los más vulgares métodos burgueses del autoritarismo, del populismo, del tutelaje de las organizaciones populares de la corporativización de las masas y del más puro asistencialismo y clientelismo electorero.

Además de provocar toda esta capitulación y pudrición en el movimiento obrero y popular en todo el mundo, hizo profundizar la dispersión en el movimiento comunista internacional y llevó al reinado del revisionismo, abriendo camino para la manifestación de un neo-revisionismo, al lado de las novedosas “teorías” ya mencionadas arriba.

Como expresión del auge de la de la ofensiva general de la contrarrevolución, la Revolución Peruana sufrió duros golpes que alcanzaron la dirección del PCP con la captura de su jefatura, el Presidente Gonzalo. En cuanto a la ofensiva contrarrevolucionaria general su carácter de convergencia del imperialismo yanqui y el revisionismo, en la aparición, después de la prisión, de la línea oportunista de derecha (LOD) proponiendo un acuerdo de paz con el viejo Estado genocida. En estas difíciles condiciones los maoístas del Perú siguieron adelante con la guerra popular, combatiendo la capitulación, desafiando el viento y la marea por superar el percance en el camino, marchando para culminar la reorganización general del partido, sostenidos en el histórico I Congreso, en el Pensamiento Gonzalo y la defensa de la jefatura del Presidente Gonzalo.

Pero en toda América Latina, incluso dentro del ambiente de ofensiva de carácter general (ya en declive) de la contrarrevolución a nivel mundial, las masas se resisten y cada vez más crecen las luchas combativas. Aunque el oportunismo haya prevalecido temporalmente, desviando las masas del camino revolucionario para mantenerlas eternamente atadas al viejo Estado, las luchas y rebeliones son preanuncios de un nuevo momento de situación revolucionaria en desarrollo desigual. La base objetiva de esta situación fue generada por la crisis crónica de un sistema semicolonial-semifeudal, secularmente impuesto en el continente por el imperialismo, principalmente yanqui, que empuja al pueblo para el combate. En los últimos años esta crisis se agravó como consecuencia directa de la descomposición de la propia base material semicolonial y semifeudal de su capitalismo burocrático y del impacto sobre ella de la aguda crisis general del imperialismo que se desató en 2008 en el propio EUA.

Toda esta avalancha de la descomposición imperialista ha agudizado las contradicciones fundamentales del mundo actual. La crisis se agrava crecientemente y las contradicciones interimperialistas en las pugnas por nuevo reparto del mundo entre la superpotencia hegemónica única EUA y Rusia, que militarmente sigue siendo superpotencia atómica, principalmente, pero estas contradicciones se manifiestan también entre las potencias de la Unión Europea, hasta entonces aliadas de los Estados Unidos, como también se agravan estas contradicciones con China que amplía cada vez más su posición imperialista en el mundo. La agudización de estas contradicciones interimperialistas se opera principalmente a través de la mayor intervención y agresión con guerras de rapiña y por la partición de países enteros, especialmente en el llamado Oriente Medio Ampliado y de mayor saqueo sobre todos los demás países oprimidos.

La contradicción entre naciones oprimidas e imperialismo, es la contradicción principal de la época imperialista y se halla más agravada aún, potenciando las luchas de resistencias de los pueblos y sus guerras de liberación, así como las luchas de los campesinos por la tierra y de las masas proletarias, semiproletarias y de la pequeña burguesía urbanas en defensa de sus derechos pisoteados en el país y el resto de los países oprimidos por el imperialismo. Tal como la contradicción entre proletariado y burguesía agudizada por las sucesivas políticas de los gobiernos imperialistas en arrancar de los trabajadores los derechos duramente conquistados, las duras “reformas” de las leyes de protección y asistencia social, empuja a las masas proletarias a protestas y revueltas cada día más radicalizados. Las guerras de agresión de los imperialistas, cada vez más, se vuelven contra sus propios países, los conflictos se intensifican con ascenso del chovinismo. Especialmente en las potencias europeas crece la protesta popular, como las huelgas en Francia y los violentos enfrentamientos con las fuerzas policiales por la juventud y trabajadores contra la Cumbre del G20 en Hamburgo, en Alemania.

Así, en este marco, el gran desafío para los comunistas y las masas populares de Brasil, de América Latina, como de resto en todo el mundo, más que nunca es el de seguir el Camino Luminoso de Octubre como la vía general para la conquista del Poder. Es decir, la forja y educación del Partido Comunista, ahora como Partido Comunista militarizado, y de las masas en el combate al oportunismo y en la violencia revolucionaria. Concretamente esto corresponde, ante todo, la constitución donde no existen y reconstitución donde los partidos comunistas fueron hundidos por el revisionismo, de verdaderos partidos comunistas como partidos comunistas marxista-leninista-maoístas para conducir a las masas populares en la guerra revolucionaria como Guerra Popular, por la conquista del poder, tal como hace el PCP en Perú, el PCI (M) en la India y como en muchos países los comunistas maoístas están haciendo preparativos para el desencadenamiento de nuevas guerras populares, superando paso a paso la dispersión del Movimiento Comunista Internacional.

Tal progreso se alcanzará sólo a través del Partido Comunista en la lucha contra el imperialismo y toda la reacción, combatiendo de modo implacable e inseparable el revisionismo y todo el oportunismo para desenmascararlos y barrerlos parte por parte, liberando las inmensas energías revolucionarias de las masas populares unidas en el frente único de las clases revolucionarias, basadas en la alianza obrero-campesina y la creación del ejército revolucionario de nuevo tipo, para derrotar la reacción local, desencadenando la guerra popular unitaria: campo lo principal y ciudad el complemento necesario, para barrer la semifeudalidad, el capitalismo burocrático y la dominación imperialista, realizando la revolución de Nueva Democracia y pasar ininterrumpidamente a la revolución socialista.

Para los proletarios y los pueblos de los países imperialistas la tarea de realizar la revolución socialista, de la misma forma demanda la construcción de los mismos tres instrumentos de la revolución, cuya dirección es el Partido Comunista militarizado para llevar la guerra popular, aplicados a sus particularidades y situaciones concretas. Todo al servicio de la revolución mundial y, a través de sucesivas revoluciones culturales proletarias, marchar firme hacia la meta final del luminoso comunismo.

Al dar un golpe certero al enemigo común, la Revolución de Octubre dio a los pueblos de todos los países un ejemplo y mostró el camino  de la lucha de liberación de las masas explotadas y oprimidas. Demostró los medios para las masas de concretar el derecho de decidir sobre sus propios destinos los cuales fueron profundizados y desarrollados en el curso tormentoso que siguió a la revolución proletaria a lo largo del siglo XX hasta nuestros días.

En este sentido las enseñanzas de la Revolución de Octubre, el Camino Luminoso de Octubre siguen vigentes en esta época, a la que precisamente definió y preludio al Presidente Mao, época de la descomposición más avanzada del imperialismo en la cual él y toda la reacción serán barridos de la faz de la tierra por la Revolución Proletaria Mundial. Vigencia esta que se expresa cabal y plenamente en el llamamiento que el Presidente Gonzalo, hace 25 años, dirigió a los comunistas de todo el mundo con su desafiante discurso a constituir o reconstituir partidos comunistas militarizados para desencadenar más y más guerras populares, para levantar la Nueva Ola de la Revolución Proletaria Mundial a nuevas alturas, alzando el maoísmo al mando y guía de la revolución mundial.

 

¡Vivan los 100 años de la Gran Revolución Socialista de Octubre!

¡Honor y Gloria Eternas al Heroico Partido Bolchevique y a los Grandes Lenin y Stalin!

¡Viva la guerra popular en el Perú, India, Filipinas y Turquía!

¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente maoísmo y las aportaciones de validez universal del pensamiento Gonzalo!

¡Defender la vida y la salud del Presidente Gonzalo y su todopoderoso pensamiento!

 

Frente Revolucionario de Defensa de los Derechos del Pueblo – Brasil

 

[1] La revolución comienza en Ruisa. V.I. Lenin. Enero 1905

[2] La revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos. J.V. Stalin Diciembre de 1924

[3] Ibid

[4] Obras escogidas. Mao Tse Tung

[5] Obras escogidas. Mao Tse Tung

[6] Decisión del PCCh sobre el GPCR Agosto de 1966

[7] Obras escogidas. Mao Tse Tung

[8] Nota del PCdoB. Octubre de 2007

[9] Same

[10] Ibid

[11] Ibid

[12] Desafios del socialismo del siglo XXI. Luiz Fernandez PCdoB

[13] A partir de Earl Browder, presidente del PC EEUU 1940

[14] Presidente Gonzalo, entrevista al periódico El Diario, Perú.

 

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